La literatura brevísima es un animal elástico y anfibio que cambia de hábitat a la menor provocación: de ahí su capacidad de rozar otros géneros (cuento, poesía, ensayo, aforismo) de manera inverosímil (como la salamandra y sus metamorfosis) y construir una sinfonía en corto que no deja de sonar y asombrar a cada lectura.

Siguiendo esta descripción, y bajo la premisa de Baltasar Gracián, «lo bueno, si breve…", Rogelio Guedea antologa a escritores mexicanos de comienzos del siglo XX hasta las voces actuales que ejercitan el género con plena conciencia. El censo de autores abarca desde los canónicos nombres de Dufoo, Reyes, Arreola, Tario, Monterroso, o contemporáneos como Alberto Chimal, Cecilia Eudave, Édgar Omar Avilés, entre otros. Su método para decantar esa enorme producción de brevedades es la selección minuciosa de una decena de textos por autor.
134 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2017
Año de publicación
2017
Editorial
Arlequín
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Opiniones

    Her Santiagocompartió su opiniónhace 2 años

    ingenioso y minimalista los micro relatos o mini cuentos son un estupendo ejercicio de imaginación y concisión

    enrique paredescompartió su opiniónel año pasado
    👍Me gustó
    😄Divertido

    Salvador Enrique Lacroixcompartió su opiniónhace 2 años
    👍Me gustó

Citas

    María José Corral Macíascompartió una citahace 4 años
    QUIERO SER DE una pieza, sin transacciones, refugios, limitaciones ni engaños. Resistió por conseguirlo las tentaciones más sugestivas. Cerró los ojos a las mil ventajas de una vida congruente. Prefirió no ser totalmente a ser en partes. Perseguía el imposible de lograr, con voluntad de hombre, alma de mujer.
    Marco Moracompartió una citahace 5 meses
    Diez mujeres flacas hacen una gorda, pero una sola gorda hace salir el sol.
    Marco Moracompartió una citahace 5 meses
    Volver todo a su sitio fue relativamente fácil. Los tendones y los huesos conservaban cierta memoria de su sitio; las entrañas hallaron sin esfuerzo un equilibrio aceptable; la sangre encontró a ciegas caminos conocidos. ¡Pero la piel! Tú lo sabes. La piel esa de zafiros, de lirios, de luces que me pusiste, ésa no me la pude quitar.

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