El canto de la salamandra, Juan José Arreola, Max Aub, Augusto Monterroso, René Avilés Fabila, Alfonso Reyes, Carlos Díaz Dufoo, Francisco Tario, Genaro Estrada, Julio Torri, Mariano Silva y Aceves, Nelly Campobello, Otto-Raúl González, Rogelio Guedea, Salvador Elizondo, Fel
Libros
La literatura brevísima es un animal elástico y anfibio que cambia de hábitat a la menor provocación: de ahí su capacidad de rozar otros géneros (cuento, poesía, ensayo, aforismo) de manera inverosímil (como la salamandra y sus metamorfosis) y construir una sinfonía en corto que no deja de sonar y asombrar a cada lectura.

Siguiendo esta descripción, y bajo la premisa de Baltasar Gracián, «lo bueno, si breve…", Rogelio Guedea antologa a escritores mexicanos de comienzos del siglo XX hasta las voces actuales que ejercitan el género con plena conciencia. El censo de autores abarca desde los canónicos nombres de Dufoo, Reyes, Arreola, Tario, Monterroso, o contemporáneos como Alberto Chimal, Cecilia Eudave, Édgar Omar Avilés, entre otros. Su método para decantar esa enorme producción de brevedades es la selección minuciosa de una decena de textos por autor.
134 páginas impresas
Publicación original
2017
Editorial
Arlequín

Opiniones

Angélica Barrera
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b6961563611
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Verónica Cárdenas
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Citas

María José Corral Macías
María José Corral Macíascompartió una citahace 2 años
QUIERO SER DE una pieza, sin transacciones, refugios, limitaciones ni engaños. Resistió por conseguirlo las tentaciones más sugestivas. Cerró los ojos a las mil ventajas de una vida congruente. Prefirió no ser totalmente a ser en partes. Perseguía el imposible de lograr, con voluntad de hombre, alma de mujer.
rodrigo diaz
rodrigo diazcompartió una citahace 6 meses
Rancho de prisioneros

Cuando daban de comer a los prisioneros recién traídos, fatigados, torpes y hambrientos, aquellos soldados de cuarenta años, ya sensibles a las incomodidades del cuerpo, ya conscientes de las limitaciones del alma, se quedaban apoyados en el fusil, mudos, sin cambiar entre sí un guiño ni una mirada. Se entregaban al espectáculo: pensaban, pensaban…

Y veían comer, en silencio, al enemigo: fríos, absortos, como se mira comer a los animales del jardín zoológico: al mono y al elefante, al ciervo y al avestruz, al zorro, a la oca. Así, con una sensibilidad renovada, virgínea, miraban comer al Hombre —que nunca hasta entonces habían visto comer.

La
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Adalberto Cortezcompartió una citahace 8 meses
MURIERON TRISTES y austeros, dejando tras de sí hijos felices y frívolos

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