La Bestia Equilátera

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La editorial toma su nombre de una novela homónima que se empezó a escribir hace quince años. ¿Quién sabe cuánto tiempo más hará falta para que su autor ponga el punto final? En el otoño de 2006, cansado de esperar, un grupo de fanáticos amenazó al escritor con el célebre imperativo: "Primero publicar, después escribir". Así, decidieron aguardar el nacimiento de la misteriosa bestia editando libros con su mismo sello para mantener viva una vieja ilusión: siempre habrá alguna obra maravillosa que todavía no fue descubierta, no se tradujo o ni siquiera comenzó a escribirse.
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«Presten atención, por favor, pues en este libro, que es la historia de mi vida hasta ahora, los personajes no son solo las personas sino los años. Mil Novecientos Trece me dio el regalo de la vida. Mil Novecientos Veintinueve desbarató la economía estadounidense. Mil Novecientos Treinta y Uno me envió a Harvard. Mil Novecientos Treinta y Ocho me consiguió mi primer empleo en el gobierno federal. Mil Novecientos Cuarenta y Seis me dio una esposa. Mil Novecientos Cuarenta y Seis me dio un hijo ingrato. Mil Novecientos Cincuenta y Tres me echó del gobierno federal. Mil Novecientos Setenta me dio un empleo en la Casa Blanca de Nixon. Mil Novecientos Setenta y Cinco me envió a la cárcel por mis absurdos aportes a los escándalos políticos conocidos colectivamente como Watergate».

Así se presenta Walter F. Starbuck, el protagonista de esta novela, y así comienza a contar su vida, inextricablemente unida a la historia de los Estados Unidos. Desde las ejecuciones de Sacco y Vanzetti hasta la voracidad de las multinacionales –sin olvidarse, por supuesto, de la Segunda Guerra Mundial–, Kurt Vonnegut se pasea con total libertad por el lado oscuro del siglo XX norteamericano y construye una sátira magistral sobre el poder y el dinero con las herramientas que nadie dominaba mejor que él: el sarcasmo, el ingenio, la invención, pero también la compasión y la ternura.
Pájaro de celda es una novela cruel y cautivante, honesta y divertida, Vonnegut en estado puro.
Pájaro de celda, Kurt Vonnegut
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Refugiado en las ruinas del Empire State, Wilbur Rockefeller Swain, médico de profesión, monstruo de nacimiento y el último presidente de los Estados Unidos, repasa la historia de su vida y la de su país como si fueran una sola. Y en ese repaso no puede faltar Eliza, su hermana gemela: «No éramos idiotas… Éramos algo nuevo. Éramos neandertaloides». Un día, los gemelos descubren que, cuando sus cuerpos se tocan, sus mentes se funden en una única mente genial. Rechazados por sus padres, aislados de la sociedad, inventan una fórmula para terminar con la soledad en el mundo.

Kurt Vonnegut, uno de los más grandes escritores estadounidenses del siglo XX, despliega en esta novela su talento incomparable para reflexionar sobre el tema que lo obsesionó siempre: las catástrofes que causan los hombres en su afán por alcanzar el bienestar y la felicidad.
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«Esto es lo más parecido a una autobiografía que escribiré jamás. La he titulado Payasadas porque trata sobre la poesía grotesca de ciertas situaciones, como las viejas comedias cinematográficas del género slapstick, sobre todo las de Laurel y Hardy. Así es como yo siento la vida».
Kurt Vonnegut
Payasadas, Kurt Vonnegut
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Son tres. Azul, amarillo, rojo. El azul del misterio y la nobleza, de amplia y excesiva ambigüedad, el color más raro en el reino natural. El amarillo de las mejillas de los pingüinos emperador y de los celos en cualquier historia y geografía. Y el rojo del crepúsculo, de la sangre, de la capa en las corridas de toros y de los vestidos de novia chinos.
Este libro singularísimo, extraordinario, propone un recorrido cultural fascinante por la dimensión artística, literaria, lingüística, botánica, cinematográfica, estética, religiosa, científica, culinaria y hasta emocional de cada color primario.
La gran riqueza léxica y flexibilidad sintáctica, la perfección para armonizar la abstracción y el detalle y encontrar destellos, matices, leyendas, hallazgos de toda clase que se precipitan sobre nosotros en cascada, hacen de estos tres ensayos una imprevisible y gratificante teoría del conocimiento.

Después de leer Los colores primarios, en admirable versión de Ariel Dilon, a nadie le pasará inadvertido que Alexander Theroux es uno de los grandes maestros de la lengua inglesa actual.
Los colores primarios, Alexander Theroux
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Las historias no se inventan, son. A partir de esta convención tácita y esta convicción cardíaca, la primera novela de Edgardo Cozarinsky encuentra e inaugura los puntos cardinales de una intriga apasionante, apasionada. Las confluencias definen un sistema único al que asisten con puntual decisión un suburbio parisiense, una casa mala de Tres Arroyos o de Ingeniero White, noches escotadísimas donde una pareja dibuja las figuras inconfundibles del arquetipo en la taconeante y angosta travesía inicial del tango.

Como si convergieran las ficciones de escritores tan caros a la tradición novelesca centroeuropea como Joseph Roth y Leo Perutz y los barrios de los primeros poemas de Borges, El rufián moldavo celebra una ceremonia que los lectores argentinos reconocemos y agradecemos, que acrecienta en sedentarios y nómadas una especie de áspera nostalgia reconocible en la violenta intemperie del exilio o del exilio interior. Como bagaje de un oficio cuyo ejercicio de observación resulta incesante –cineasta, cronista, narrador–, esta novela nos premia con imágenes y escenas que incorporamos sin ambages a la memoria personal.

¿Llega el olor del mar a Tres Arroyos? Ninguna de las preguntas que El rufián moldavo plantea es meramente retórica ni decorativa; cada respuesta, diseminada y diversa, proporciona una razón esencial. La serena, sobria prosa narrativa de este libro inconmensurable nos arroja como propios y pertenecientes a la memoria de cada uno la certidumbre de Alberto Tabbia que es el epígrafe, el exergo proverbial de la novela: «Para hablar con los vivos necesito palabras que los muertos me enseñaron».
El rufián moldavo, Edgardo Cozarinsky
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Como la pipa del cuadro de Magritte que analizó Foucault, Esto no es una novela se proyecta en muchas direcciones y pone a la imaginación en situación de sospecha. ¿De qué se trata? Las pistas son múltiples: la muerte, el amor, la representación, el trabajo, la amistad, la vida “ejemplar” de artistas y científicos, lo singular y lo tautológico, lo indiferente y lo obvio, la lealtad fanática del humor, la hondura angustiosa de la enfermedad y la muerte, “el sufrimiento de ser y el aburrimiento de existir”, el arco delicioso de la risa imprevista y la inconstante dicha. El libro a nadie expulsa, y proporciona una sabiduría y un deleite ilimitados.
Esto no es una novela es y no es una novela. Y así la colección de datos, citas, hechos, anécdotas, escenas veladas, discretas tragedias, encuentra el cauce, el paso, el ritmo justo de lectura que le impone ese otro personaje admirable al que la novela parece, por fin, asignarle un papel central: el lector
Esto no es una novela, David Markson
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A Lowell Lake le va cada vez peor. Tiene un matrimonio mal avenido, un trabajo sin ninguna proyección, fracasó como novelista y hasta se mudó a Nueva York solo para arrepentirse de inmediato. Él ni siquiera intuye que su vida es una desopilante colección de malas decisiones, pero ninguna superará la de comprar, en la zona más pobre de Brooklyn, una mansión en ruinas con la intención de devolverle su antiguo esplendor. Lowell Lake quiere tener una vida plena y está dispuesto a todo (incluso a matar) para lograrlo.
Solo un escritor con el talento de L.J. Davis podía crear a uno de los personajes más pusilánimes de la literatura norteamericana y hacerlo brillar en una comedia negra que se lee como un thriller existencial.
Una vida plena, L.J. Davis
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Una joya de cristalería captura la atención de Johnnie Slade, fanático coleccionista. Se trata de una tazza del siglo XVI, obra del veneciano Giacomo Verzelini, especie de grial de valor incalculable. «El milagro de su supervivencia casi supera el milagro de su creación». Johnnie se entera de la existencia de esta pieza en una revista y el hallazgo pronto se transforma en una obsesión. No solo lo domina el deseo de poseer sino también el de asegurarse de que nadie más tendrá lo que él desea. Cuando en una casa de subastas conoce a Claudia, una contendiente irresistible, Slade encuentra una nueva pasión: la lujuria por el cristal competirá con su amor hacia esta femme fatale.
Un moldeado magistral comanda la ejecución de una trama de silenciosa eficacia donde hasta el acto más sencillo parece investido de un sentido siniestro. Los detalles que se registran no son los que constituyen una pista; se acumulan a menudo otros pormenores que tienen una relación directa o indirecta con la historia del arte. Ese tejido asombroso y perfecto tiene menos la función de confundir al lector que el de incentivar la percepción. Con sutil ingenio, P.M. Hubbard se va aproximando a esa invisible y expectante deidad que es el objeto mismo del deseo: la frágil colmena de cristal.
Bienvenidos a esta novela deslumbrante.
La colmena de cristal, P.M. Hubbard
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Virginia Woolf encontró la clave para que vida y literatura fluyan en la página con pareja intensidad. La materia puede ser una carta a un joven poeta, la memoria personal e histórica del imprevisible Henry James, las primeras mujeres profesionales o el relato desnudo, donde la autora ejecuta una nota de elegancia elegíaca por la muerte de una polilla. En cada caso, Virginia Woolf revela que es sin duda uno de los genios más admirables y amistosos de la literatura universal.

La percepción recupera el valor intrínseco de la anécdota; una irreverencia fecunda proporciona desde el vamos el método riguroso e intransferible de la argumentación o el análisis.
Recopilado poco después de la muerte de la escritora por el marido, Leonard Woolf, para darle continuidad a la variada sutileza de Un cuarto propio y El lector común, La muerte de la polilla y otros ensayos contiene el fuego indestructible de la autora de Orlando y Las olas, un elemento que cada uno reservará para sí mismo como un obsequio personal.
La muerte de la polilla, Virginia Woolf
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Publicado por primera vez en 1992, y atenuado hoy su componente informativo por el avance tecnológico, Siluetas es un conjunto de ejercicios interrumpidos apenas por el sentimiento dominante: la admiración. Cada relato comporta una epifanía, que ilumina a partir del albur biográfico la obra de novelistas y poetas célebres, no tan célebres o directamente ficticios.
Con la misma gracia de John Aubrey o Borges, Luis Chitarroni actúa como si las mayores aventuras en literatura se dieran en las incógnitas y escenarios que ella misma crea.
Siluetas, Luis Chitarroni
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Con gracia paradójica, la novela de Muriel Spark afina y condensa la diferencia entre géneros tan disímiles como el thriller y los manuales de autoayuda y se anticipa además a las previsiones en temas relacionados con el placer de la lectura.
Satisface todas las expectativas porque contiene las claves para vencer el insomnio, para adelgazar, para tener fuerza de voluntad, para concentrarse y escribir una novela y para tratar con maridos. El éxito queda garantizado.
Robinson, Muriel Spark
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En el pueblo de Cobb, un gran castillo llamado la Prominencia se eleva nebuloso y fantasmal sobre una de las colinas más altas. La tradición cuenta que dos familias, los Hill y los Vale, deben unirse en matrimonio para que sus puertas vuelvan a abrirse…
Con dos metros de altura, vestido de negro y montado en una bicicleta, el cocinero llega al pueblo. Se llama Conrad, va a emplearse en la mansión de los Hill. Lleva su extraordinaria colección de recetas, un cuchillo de trinchar y su talento persuasivo. La cocina es su centro de gravitación: maneja a la perfección los instrumentos de la gastronomía y, a partir de ellos, los sabores, que intervienen directamente en el gusto.
Muy pronto Conrad controlará la vida doméstica de los Hill y luego la del pueblo.
Su influencia lo abarca todo: un rival eliminado, una heredera que muere, sirvientes perfectamente entrenados que pasan a ocuparse de tareas menores, y hasta la aparición de un nuevo amo en la Prominencia, cuando por fin sus ventanas vuelven a resplandecer.
La simplicidad aparente de esta obra maestra subrepticia es su pasaporte a la actualidad. Su fluidez, velocidad constante, la indiferencia por cualquier virtuosismo, esconden un plan narrativo ejemplar. El cocinero se lee compulsivamente. Los sentidos juegan en la mente del lector mucho después de haber cerrado esta novela increíble, feroz y deliciosa.
El cocinero, Harry Kressing
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Rojo Floyd es un acontecimiento literario único. Una novela hermosa y original, un fervoroso viaje por la galaxia Pink Floyd.
Sirviéndose de los recursos del documental tanto como de los más puros artilugios de la ficción, Michele Mari recrea los testimonios de una galería de personajes relacionados con la banda –reales e imaginarios, vivos y muertos— para armar un rompecabezas que se lee con vértigo y emoción. La novela da voz no solo a los integrantes del grupo inglés o a figuras como David Bowie, Brian Jones, Stanley Kubrick o Alan Parsons, sino también a protagonistas de canciones, fans, familiares y amigos.
El corazón mítico y sentimental de esta historia es, por supuesto, el “Diamante Loco” Syd Barrett, el misterioso miembro fundador que acaso tuvo que quedar en el camino para que Pink Floyd llegara a ser la leyenda que hoy es. Rojo Floyd es un juego literario divertido, inteligente y audaz, y una de las mejores novelas sobre el rock jamás escritas.
Por esta obra Michele Mari, uno de los autores más prestigiosos de las letras italianas contemporáneas, recibió los premios Frignano 2010 y Procida-Elsa Morante 2010.
Rojo Floyd, Michele Mari
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Charles Christiani, joven historiador, decide ir por unos días a La Rochelle. Antes lo distrae una excursión a la isla de Aix en el Boyardville, donde conoce a una muchacha de quien se enamora a primera vista. Poco tarda también en descubrir que se trata de un amor prohibido: ella es Rita Ortofieri, pertenece a una familia corsa enemistada con los Christiani desde los tiempos de Napoleón: son como Montescos y Capuletos. Un pedido lo obliga a viajar a otra posesión familiar, el castillo de Silaz, donde los caseros han descubierto —por la noche, tal como debe ser— un fantasma y claman despavoridos por la presencia del señor. Armado de paciencia ante esas supersticiones de provincia, Charles enfrenta el enigma para descubrir un secreto preservado por los años, el secreto de los cristales del señor de la luz, que revelará la intriga entre Christiani y Ortofieri y cambiará para siempre su modo —y el nuestro— de mirar la historia.

Para contar esta narración extraordinaria, Maurice Renard apela a todos los procedimientos de la novela decimonónica y les aporta la velocidad luminosa de un estilo incomparable: la belleza de una pincelada marina, la dicha de una definición oportuna, un retrato de los personajes que nos remite a las profundidades admirables de la literatura alemana romántica tanto como a los perfiles perfectos que trazaba Julio Verne.
El señor de la luz, Maurice Renard
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Gran maestro de los espacios de peligro, de las cornisas y las grietas, William Sansom resume su experiencia vital y su imaginación incomparable en estos relatos únicos. Como en algunos cuentos de Kafka, su precursor admirado, Sansom se toma el trabajo de armar una situación terrible y transmitirla con palabras exactas. Ni más ni menos. Proyecto y ejecución comparten la misma energía, la misma fuerza centrípeta, y el desborde lo produce la inestabilidad del acontecimiento, la perfecta construcción de “un” accidente.

En una Roma fantasmagórica, una mujer nos conduce al cuarto oscuro del misterio. Un hombre en busca de una aventura en Niza casi no puede sobrevivir a la felicidad que lo embarga. Un bombero queda subyugado por el derrumbe de un edificio en llamas mientras los alemanes bombardean Londres.

La suma de las partes de No mires abajo provoca sorpresa y perturbación. El autor que deslumbró a escritores tan distintos como Ray Bradbury y Stephen King es un secreto a voces; su olvido en la literatura en castellano, un verdadero enigma.
No mires abajo, William Sansom
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Desde el tenue aviso con que Wilcock le advierte en dedicatoria privada a Silvina Ocampo («este libro en tan raro castellano») hasta el adverso milagro de su recepción en 1974, cuando se publica la primera vez, El caos es uno de los referentes más importantes y vivos de la narrativa argentina, como El juguete rabioso, La invención de Morel y Ficciones.
A eso contribuye su condición de libro de cuentos inestable. Todo en El caos permanece en estado de transformación: los personajes, las tramas, las escenas, las situaciones y, sobre todo, la lengua.
Esa vibración previa, esa inminencia, insinúa el escritor que Wilcock será, y abarca ya la obra futura: El estereoscopio de los solitarios, El ingeniero, La sinagoga de los iconoclastas.
Tanto si se trata de un magnicidio, de una fiesta depravada, de unos animales voraces y fantásticos que acechan en el parque Lezama o de un recuerdo de juventud, Wilcock sostiene con su estilo una diversidad de mundos y criaturas que perduran sin ambages en la memoria de los lectores.
Esta tercera edición aumentada, al cuidado de Ernesto Montequin, reproduce la segunda publicada en 1999 y añade dos narraciones nuevas.
El caos, Rodolfo Wilcock
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Relatos basados en fábulas budistas.
El origen de las fábulas Jataka se remonta a la India en el momento del surgimiento del budismo (siglo VI a. C.). Los protagonistas suelen ser animales que en ocasiones representan a Buda en una encarnación previa a la humana. Se cree fueron la fuente de todas las fábulas que recorren Occidente.

La Bestia Equilátera inicia su sello de literatura infantil y juvenil La Pequeña Bestia con un homenaje a esta tradición narrativa a través de la colección Jataka.
El ciervo goloso, La liebre temerosa, El elefante y el perro y El toro Amable son las cuatro fábulas que, reelaboradas por María Martoccia y Javiera Gutiérrez e ilustradas por Federico Porfiri, Ale Firszt, Ana Dulce Collados y Sole Martínez, se acercan a algunos de los principios básicos de la filosofía budista a través de historias de humor, amor, respeto y libertad.
Jataka, María Martoccia, Javiera Gutiérrez
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Desayuno de campeones es la novela más personal, satírica y disparatada del incomparable Kurt Vonnegut.
Una suerte de historia abreviada del siglo XX estadounidense en particular y de la humanidad en general, contada (e ilustrada) para niños o extraterrestres por un loco, que bien podría ser el Creador del Universo.
La publicó originalmente en 1973, cuando ya era un escritor consagrado, y narra en un juego de cajas chinas el encuentro entre un grupo de personajes tan estrafalarios como entrañables con el escritor que los inventó.
Novela de culto para los vonnegutianos, Desayuno de campeones es una prueba de hasta qué punto, con su irreverencia formal, el autor de Cuna de gato amplió el horizonte de posibilidades del género, y también una oportunidad para descubrir cómo son la política, el sexo, el arte, la vida y la muerte en el planeta Tierra según Kurt Vonnegut.
Escuchen: «Una vez que comprendí el motivo por el que Estados Unidos se estaba transformando en un país tan peligroso e infeliz de gente que no tenía nada que ver con la vida real, decidí evitar la narración de historias. Escribiría sobre la vida. Cada persona sería tan importante como las demás. Todos los hechos tendrían el mismo peso. Nada sería excluido.  Que los demás pusieran orden en el caos. Yo pondría caos en el orden, y creo que lo he logrado. Si todos los escritores hicieran eso, quizá los ciudadanos que no se dedican a la literatura comprenderían que no hay orden en el mundo que nos rodea, sino que en cambio debemos adaptarnos a los requerimientos del caos. Es difícil adaptarse al caos, pero es posible. Soy prueba viviente de ello: es posible»
Desayuno de campeones, Kurt Vonnegut
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Esta visita guiada a los chismes más deliciosos de la historia de la literatura, de las artes y de la historia a secas, tiene como cicerone y maestro de ceremonias a Edgardo Cozarinsky, que ha demostrado ya en muy distintos géneros y registros su inteligencia, su veracidad y su rigor. La tensión dramática o humorística de la anécdota impone su eficacia. Tras esa límpida definición (gracias a la síntesis genial de Cozarinsky), poco puede agregarse en términos de estilo y escritura.

Este Nuevo museo del chisme, que enriquece con veinticinco hallazgos la primera edición —hoy inhallable—, reúne un elenco de personajes que va de Dorothy Parker a James Joyce, de Victoria Ocampo a Ernesto Sabato, de Joseph Stalin al astronauta Tsibliyev. Abre el volumen un ensayo que cobra mayor importancia con el curso de los años, “El relato indefendible”, una indagación única y preciosa del chisme como núcleo indispensable de la novela –en Henry James y Proust, sí, pero también como indicio informativo de cualquier narración–.
El libro que hay que tener para que la literatura siga siendo la isla del tesoro del placer.
Nuevo museo del chisme, Edgardo Cozarinsky
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«Nada influyó tanto en mi vida como la única muerte que cometí". En Rusia, un hombre mata a un jinete desconocido. Años más tarde, ya en París, lee un cuento donde se describe con total precisión ese asesinato desde el punto de vista de la víctima. Es una historia que no debiera existir y cuyo autor solo puede ser el hombre que hasta entonces imaginaba muerto.
Así comienza la extraña búsqueda del huidizo escritor Alexander Wolf. Lo que sigue no es una coartada ni una justificación de este misterio sino un desarrollo novelesco digno de la mejor literatura rusa.
La soltura con que Gaito Gazdanov se desplaza tiene que ver con una concepción estética y una madurez técnica hoy en apariencia extinguidas.
En una buena ficción, la confianza en lo que se cuenta no es un alarde sino un arco de inspiración que alcanza al lector y no lo abandona. Gazdanov demuestra que una orfebrería inocente y genial puede disimularse el tiempo necesario, aun, o sobre todo, bajo una superficie brillante.
Obra maestra olvidada, El espectro de Alexander Wolf es un thriller psicológico, una indagación existencial de la culpa y la redención, la coincidencia del destino, el amor y la muerte.
El espectro de Alexander Wolf, Gaito Gazdanov
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Un hombre en fuga termina encontrando siempre su pasado.
Quien huye en Mi perdición es Asher, un guionista que abandona Hollywood después de descubrir a su esposa en brazos de un compañero de tenis. Viaja a Nueva York, ciudad de su infancia, donde conoce a una pareja de jóvenes irreverentes: Michael, un poeta rudo que escribe versos pornográficos, y Aurora, una atrevida italianita dispuesta a visitar su cuarto de hotel casi todas las noches. Michael no tiene problemas en “prestarle” a su novia a cambio de un sueldo como acompañante en sus exploraciones por una Nueva York ya perdida. Pronto, sin embargo, se revela que el trío amoroso no es más que una trampa en la que Asher terminará siempre mal parado, un juego cruel que le enseñará los límites morales de su propia generación.

Escrita a fines de los sesenta, una década que puso en situación de idolatría a la juventud, esta novela de Alfred Hayes deslumbra con la honestidad y el despojamiento estilístico de siempre. Genio incomparable de la captura del instante, del fuego de la intensidad y del veredicto de decadencia inmediata, Hayes se muestra en Mi perdición, al igual que lo había hecho en Los enamorados y Que el mundo me conozca, como un autor insustituible, sui generis, único en su especie.
Mi perdición, Alfred Hayes
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