Jesse Ball

Toque de queda

Una niña muda, inteligente y audaz. Un padre violinista que trabaja redactando epitafios. Una vida de pequeñas felicidades, amor y juegos. Una madre desaparecida. Un gobierno totalitario e invisible. Una pareja de ancianos titiriteros. Un misterioso teatro de marionetas, donde termina de cobrar forma la historia que el narrador de esta novela no quiere contar.

Estos pocos elementos le alcanzan a Jesse Ball –una de las promesas de la literatura estadounidense actual— para ofrecernos una novela profundamente conmovedora, escrita con la convicción de un escritor clásico y con la ambición experimental de la juventud. Ball tiene el don de causar la inquietud que provocan los relatos de Kafka, su maestro, la capacidad de asombrar de Murakami y la ternura que solo se encuentra en los personajes de las películas de Miyazaki.

Toque de queda es una fábula luminosa sobre los puntos de contacto entre la memoria individual y la historia colectiva, sobre las estrategias para ser feliz en tiempos adversos y sobre la ficción como el mejor y el más íntimo de los refugios.
97 páginas impresas
Publicación original
2020

Opiniones

    b5691202380compartió su opiniónhace 9 meses
    👍Me gustó

    Vivian Díazcompartió su opiniónhace 9 meses
    🔮Profundo
    💡He aprendido mucho
    🚀Adictivo
    💧Prepárate para llorar

    Santiago Battistincompartió su opiniónel año pasado
    👍Me gustó

Citas

    b5691202380compartió una citahace 9 meses
    Hay ciertos días que moldean la vida de una persona porque alteran la comprensión de lo que es posible en un día.
    b5691202380compartió una citahace 9 meses
    Los que no me conocen deben saber esto —dijo el caballo—: hay cosas que se deben decir, y así es como las decimos, sin preocuparnos por la seguridad, y sin guardar nada para el final. De lo contrario, el fuego no puede arder toda la noche.
    b5691202380compartió una citahace 9 meses
    —A veces la alegría de una vela es todo el atractivo de una habitación, y está reservada para la persona que la ve desde lejos. Los que están en la habitación no saben nada sobre ella, y a veces están ausentes, aunque estén sentados allí. Habitaciones frías. Uno no quiere estar allí, salvo cuando ha sido mal interpretado, como cuando te ven desde afuera. Nosotros no debemos ser así.

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