Libros
Mariana Sández

Una casa llena de gente

Antes de morir, Leila, apasionada de los libros y escritora frustrada, le deja a la hija sus diarios personales y una colección descomunal de fotos y videos familiares, junto con unas curiosas y detalladísimas instrucciones de qué hacer con todo eso. Al leerlos, Charo irá develando un costado de su madre que no conocía, buscando entender sobre todo ese periodo en que Leila pareció al mismo tiempo arrasada por un vendaval y el vendaval mismo, más ausente y más vital que nunca, ese tiempo en que sobrevino una serie de hechos perturbadores en el edificio donde vivían, cuando Charo aún era una niña, y que desató la culpa infinita de su madre.
Pero ¿cómo sucedieron las cosas realmente? ¿Como las escribe Leila? ¿Como las recuerda Charo? ¿Como asegura la abuela Granny en su mal castellano, con esos ojos vencidos por el cansancio de intervenir y controlar todo? ¿O como dice Gloria, la vecina estrepitosa e impulsiva que en algún momento se convirtió en amiga? Leila insta a Charo a construir su propia versión, de los hechos y de su madre. Y en esa pesquisa, todos tendrán algo para decir.
Una casa llena de gente se sumerge en los espacios privados y comunes de un pequeño edificio y sus habitantes para reconstruir una memoria. Con un humor sutil, un suspense inteligente y una escritura deliciosa, la novela va dejando al descubierto las debilidades humanas; los fracasos detrás de lo intenso; las heridas que provocan los choques generacionales; las derrotas de los padres frente a las elecciones de los hijos. Pero sobre todo, cómo nos construimos, cuánto somos lo que queremos o debemos ser, cuánto hacemos para compensar los modelos de los demás. Literatura en estado puro.
263 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2022
Año de publicación
2022
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Citas

    ESMEcompartió una citahace 7 meses
    Cuando estábamos calladas otra vez, dudaba si interrumpirla porque sabía que en ella los silencios estaban llenos de escritura. Digo, en esa época no hubiera sabido explicarlo de esta manera, pero a medida que crecía, sí fui consciente de que el silencio de mamá era totalmente distinto al de los demás. El de ella era una especie de bolsa de granero abultada de maíz: a través de la arpillera se sentía la densidad irregular de los granos que deformaban la tela. En ella se leían los argumentos que estaba resolviendo por cómo gesticulaba para sí misma o por lo distraída que andaba. Así empezaba a ser también mi mundo interior sin que me lo hubiera propuesto. Sus silencios y los míos significaban que en nuestros cuerpos se estaba produciendo un cataclismo de voces y acontecimientos, y que interrumpirlo era como hacer que se acabara una película muy buena de golpe, esa fea sensación.
    ESMEcompartió una citahace 7 meses
    Ahora, tené en cuenta lo siguiente. No somos más que personajes. Un invento colectivo de nosotros mismos y de otros; un estigma moldeado entre varios, a lo largo de los años. Una colección de taras y sambenitos, reales o imaginarios, propios y ajenos, indiscriminadamente mezclados. Una suposición, una fantasía, un entramado de deducciones incomprobables. Y más que ninguna otra cosa, somos compensaciones: cada uno intenta compensar, en sus limitaciones y roles, a sus seres más cercanos.
    ESMEcompartió una citahace 7 meses
    hay una madre cediéndole el espacio a una mujer, que de pronto decide ocupar el lugar a sus anchas.

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