Libros
Fernando Del Paso

Castillos en el aire

En tanto que algunos lectores recibirán esta obra como una especie de poemario ilustrado, otros lo harán como una serie de dibujos con un correlato poético: se trata de una obra en la que ambos lenguajes se abrazan, y revelan que la retórica y la geometría bien pueden corresponderse.
37 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2016
Año de publicación
2016
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Opiniones

  • Berenice Torrescompartió su opiniónhace 3 años
    👍Me gustó
    🎯Justo en el blanco
    🐼Adorable

  • Arely Escalonacompartió su opiniónhace 4 años
    👍Me gustó
    💞Romántico
    🌴Perfecto para la playa
    🚀Adictivo
    🐼Adorable

Citas

  • Alexis Hernández Núñezcompartió una citael año pasado
    XX
    Y ASÍ FUE: AUNQUE ESTUVE MUERTO POR UN TIEMPO Y LA MITAD DE UN TIEMPO, ME fue concedido el don de soñar y relatar mis sueños. Pero mis sueños fueron verdad, aunque nadie, nunca, jamás, lo supo. Yo los hice verdad cuando me levanté de mis sombras para ser testigo de la vida del castillo.
  • Alexis Hernández Núñezcompartió una citael año pasado
    Es así como un día, sin avisar, llega la muerte a los castillos y se derrama por el mundo: unta su tedio en los planisferios, sacia su sed en las pocilgas, oxida, con su saliva, los ojos de las doncellas, fertiliza con su orina las cicatrices del carbón de las que nacen inmundas uñas negras y, con su aliento, marchita las siemprevivas.
  • Alexis Hernández Núñezcompartió una citael año pasado
    ESTA SALIVA ES TUYA, Y CADA SÍLABA QUE ESCUPAS, LECTOR INCAUTO, ESTÁ DESTINADA a fecundar la intemperie y poblarla de palabras claras, a penetrar el mármol y transformarlo en talladas frases, a acariciar la luz y desbalagarla en luminosos himnos: no escaparás, ni de doradas mediocridades, ni de una ambigua, plebeya cursilería disfrazada de estruendo y majestad. A cambio de ello, recibirás como premio: días, quizás años de vida para ver cómo las garzas se prenden, con sus picos, de las esquinas de las nubes; cómo en los mataderos, degolladas, las banderas destilan sus colores patrios. Días, años, para ver cómo se consagra, no sólo la hogaza en los hornos: también el sol en su propia memoria, cuando, vestido con sus destellos más espurios, se hunde en el mar como un dorado lastre, para dejar que el tiempo navegue con nuevas y aterciopeladas alas.

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