Ediciones Godot

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Ediciones Godot es una editorial fundada en 2008 en Argentina por Hernán López Winne y Víctor Malumián.
Creemos en la cultura como una apuesta ideológica, y apuntamos al cuidado del libro no solo como producto cultural sino también como objeto estético.
Tenemos la intención de que los libros que publicamos movilicen a las y los lectores, que los impulsen a nuevas búsquedas.
    Ediciones Godotagregó un libro a la estanteríaEdiciones Godothace 4 meses
    Como en muchas de las historias de Zweig, conocemos a Jakob Mendel a través de un misterioso personaje que vuelve, después de más de veinte años, al Café Gluck, en Viena. En sus recuerdos caóticos aparece la figura de Mendel, “el mago y agente de los libros”, esa obsesiva figura capaz de estar sentado inmutable, hipnotizado por la lectura.
    Leía como otros rezan, como juegan los jugadores y como los borrachos se pierden con la mirada en el vacío; leía con un ensimismamiento tan conmovedor que desde entonces observar la lectura de otras personas siempre me pareció profano.
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    A través de un objeto, cuyo valor es inestimable, conocemos la historia de una persona llamada a soportar sobre sus espaldas una enorme responsabilidad. A través de esa persona, conocemos la historia de un pueblo y su forma de entender el mundo. Una vez más, Zweig despliega un relato que dosifica en partes iguales tensiones, tristezas, aprendizajes, miserias y virtudes. Una historia tan bien escrita como adictiva.

    A veces los perros aullaban porque los humanos, ahogados en su propio miedo, se olvidaban de alimentarlos; a veces retumbaba el sonido de una tuba por encima de las murallas, cuando había cambio de guardia. Pero la gente en sus casas contenía la respiración. Derrotada estaba la ciudad, la vencedora del mundo, y cuando de noche el viento atravesaba los callejones vacíos, sonaba como el lamento abatido de un herido que siente las últimas gotas de sangre escapando de sus venas.
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    Hemos leído sobre la importancia del agua y del oxígeno para nuestra vida, pero ¿qué sucede con la luz? En particular la iluminación artificial. También hemos leído sobre los cambios sociológicos que implicó dominar la oscuridad de la noche, pero ¿qué sucede con la forma en que iluminamos los espacios que habitamos? ¿Qué efectos tienen en nosotros los distintos tipos de iluminación artificial?

    Con un tono personal y fuertemente documentado, Anna Levin nos invita a conocer cómo nos afectan los distintos tipos de iluminación. Desde las ondas que generan las pantallas y afectan nuestro sueño hasta las diferencias entre las ondas que emite una lámpara incandescente contra un sistema de iluminación fluorescente. Si los distintos tipos de iluminación inciden en nuestro cuerpo, ¿qué sucede entonces con la iluminación de los espacios públicos?

    Como todo buen texto, Incandescente brinda mucha información, resuelve varios interrogantes pero su nodo central está en la cantidad de nuevas preguntas que nos genera.
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    La puntuación es un sistema de convenciones que otorga mayor precisión y profundidad a las letras y palabras, dotándolas de color y emoción, tono y ritmo. De hecho, tiene consecuencias aún más drásticas: los signos de puntuación no son únicamente una parte importante de nuestro código idiomático, sino que se transformaron nada menos que en una de las fuerzas impulsoras en el desarrollo de toda nuestra civilización occidental.
    Escribimos mejor, más rápido y con mayor eficacia si usamos los signos de puntuación de forma consciente, coherente y de manera más o menos acorde a las convenciones establecidas por nuestra sociedad. Escribir es comunicar y, como tantas otras, la palabra “comunicación” tiene su origen en el latín: comunicare. La etimología del término tiene que ver con comunidad, comprensión y conexiones.

    Acerca de Bård Borch Michalsen:
    Bård Borch Michalsen es un autor y académico noruego. Trabajo como professor asociado y vicerrector en la Universidad de Tromsø (UiT The Arctic University of Norway). Escribió varios libros sobre lenguaje y cultura. Signos de civilización. Cómo la puntuación cambió la historia es su primer libro traducido al castellano.
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    Este libro surge de la inversión de la pregunta que ordenaba un proyecto intelectual. En el lapso entre 1998 y 2004, Peter Sloterdijk (Karlsruhe, 1947) gesta, en el monumental proyecto Esferas, su apuesta más vasta para explicar la historia de la humanidad indagando en el carácter pneumático de toda comunidad. Guiaba su mano la siguiente hipótesis: los seres humanos, para estar en el mundo, no hacen sino crear e insuflar incesantemente un espacio para vivir juntos. La escena psicopolítica de constitución de una sociedad es una escena amorosa, afirmativa, que se basa en el armado de un mundo común: los textos épicos, después nacionales, los dioses a los que se venera, las geografías que se celan y cabalgan, la hermandad. Este libro surge entonces, casi paralelamente, de la pregunta inversa, es decir, no la que indaga sobre cómo los hombres construyen comunidad —o sociedad— sino sobre cómo evitar que la destruyan. Margarita Martínez

    Pregunto por la razón lo suficientemente fuerte para estar juntos; pregunto por el motivo y el medio de la conexión entre las personas en los grandes cuerpos políticos modernos, por el éter de la comunidad en el que los sueños, los resentimientos, los traumas y las esperanzas de millones vibran. Peter Sloterdijk
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    El beso es la sinécdoque de la vida, la parte por el todo, nos recuerda Edgardo Scott en este precioso y beckettiano libro sobre el contacto, cuyo recorrido empieza por el beso pero le siguen las manos, las caricias, las salivas que se mezclan, los abrazos, incluso la palabra, que solo existe realmente —como el beso— si se completa en el que escucha. Escrito en pleno aislamiento sanitario, Contacto nos guía por las diferentes figuras de esas experiencias-interfaz que se saltean el histrionismo de la mediumnidad, las que van directo a la presencia, y que —nos susurra el autor de manera un poco sombría— se están desvaneciendo irremediablemente. No por la pandemia, sino por nuestro profundo miedo a la exposición, a todo riesgo.

    Dispuesto a recuperar lo que parece perdido, como ya hizo Odiseo en la isla de Calipso (pero con Internet), Scott echa mano a lo que tienen todos los aislados: sus imágenes mentales, sus recuerdos, sus asociaciones. Emma Bovary y la serie Viajeros, Alfonsina Storni y la pareja que se besa con escafandra en la tapa del disco de Blur, un dibujo del graffitero Banksy, quien no dejó de debatirse, temor y temblor: ¿es correcto contribuir al capitalismo musical? Ante la Ley. Un tuit genial: “Todos somos pinturas de Hopper”, y también Pavese, y Carlos Correas y Winona Ryder.

    Todo lo que aparece en Contacto es lo opuesto a un archivo —útil pero lejano: todo aquí es atractivo, de todo quisiéramos acordarnos nosotros también. ¿No es esa, precisamente, la magia material, hormonal incluso, de ese misterioso contacto a distancia —en el espacio pero, sobre todo, en el tiempo— que llamamos literatura, poesía, pensamiento?
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    Veinticuatro horas alcanzan para que una vida monótona cambie para siempre. Abandonar una familia, perseguir la pasión, enamorarse como si fuera la primera vez. Como un prisma maravilloso, cada lector y lectora que se asoma a esta novela puede ver distintas formas y razones para hacer estallar una vida en mil pedazos, en mil miradas.

    El sistema judicial estatal seguramente decide sobre estas cosas con mayor rigor que yo; tiene la obligación de proteger sin piedad las costumbres y convenciones universales: eso lo obliga a condenar en lugar de perdonar. Personalmente, me genera más placer entender a las personas que juzgarlas.
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    Lo que estamos presenciando hoy es la mercantilización directa de nuestras experiencias: en el mercado compramos cada vez menos productos (objetos materiales) que queremos poseer, y adquirimos cada vez más experiencias de vida —experiencias de sexo, gastronomía, comunicación, consumo cultural, que forman parte de un estilo de vida—.
    No compramos productos por su utilidad ni tampoco como símbolos de estatus; los compramos para obtener la experiencia que nos brindan, los consumimos para hacer que nuestra vida sea más placentera y significativa.
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    La claridad argumentativa de Salecl es una muestra más, no solo de su lucidez, sino de su capacidad para comprender los principales síntomas de la sociedad moderna capitalista y sistematizarlos de forma clara y sencilla.
    Sin intención de proponer respuestas fáciles ni recetas previsibles, a medida que se delinean los problemas se plantean más interrogantes que nos invitan a reflexionar y cuestionar nuestras prácticas. Los textos que componen este libro nos hablan directamente sobre el consumo, la ignorancia, el apuro, la soledad, la pobreza, la paternidad, la medicina y la posverdad.
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    La teología es un terreno demoníaco. Lo que Thomas Mann señaló sobre la música en su gran discurso en Washington de 1945 sobre “Alemania y los alemanes” no deja de aplicarse para hablar de cuestiones divinas y de cosas de este y otro mundo. También su observación en el mismo discurso de que la música es “el arte más remoto de la realidad y al mismo tiempo el más apasionado” se puede trasladar sin cambios relevantes a la naturaleza de muchas enseñanzas teológicas. Los discursos suelen tratar sobre los factores más distantes y evasivos como Dios, omnipotencia, salvación y condena con una vehemencia que solo los motivos más íntimos de la pasión pueden avivar.
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    Las historias recogidas en este atlas son todas rigurosamente verdaderas, incluso cuando pueden parecer inventadas. Si hay invención, esta proviene por completo de protagonistas de estas epopeyas en miniaturas. Porque de epopeyas se trata, siempre y, no obstante, incluso si los motivos que llevan a fundar una nueva nación son los más disparatados.

    En cualquier caso, estamos frente a verdaderas anomalías estatales, o que quisieran ser tales. En otros casos se trata de ingeniosas demostraciones con fines políticos. Algunos de estos países fueron inventados de la nada como “proyectos artísticos”, otros nacen de controvertidas reconstrucciones de antiguas herencias dinásticas. Alguno trata de forzar el derecho internacional para afirmar su propia definitiva soberanía. Por espíritu de libertad, o bien para pagar menos impuestos. Lo que por cierto las une a todas es la búsqueda irreductible, a veces surrealista, de autonomía e independencia.
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    La relación entre Virginia Woolf y la excentricidad era peculiar. “Desde el primer momento se vio que ella era incalculable, excéntrica y propensa a los accidentes”, señala su sobrino, el historiador de arte Quentin Bell. Su aspecto, su ropa y, en suma, ella misma podían generar impresiones encontradas. “Tenía una presencia que la volvía notable de inmediato”, dice Madge Garland, legendaria editora de Vogue, al recordar la primera vez que la vio, en los años veinte. Pero lo que también le llamó la atención fue que esa mujer elegante y distinguida llevara puesto “lo que solo podría describirse como un cesto de basura dado vuelta en la cabeza”. Matías Battistón.
    Si al llegar más o menos a los cuarenta años les parece que otras distinciones se desdibujan en lugar de nimbarlos de gloria, tal vez valga la pena que investiguen, suponiendo que insistan en llevar algún título, qué se puede hacer en aras de la excentricidad. Aunque déjennos advertirles que el fracaso es probable. Virginia Woolf.
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    Probablemente lo que vuelva —lo que siga volviendo— a Joyce tan contemporáneo y tan actual, sea que mientras el mundo siga teniendo maneras burguesas, esas módicas sociedades y logias secretas y no tan secretas tendrán los visos ordinarios, prepotentes y mezquinos —provincianos, religiosos y algo nacionalistas— que Joyce supo escribir a inicios del siglo xx en Dublineses.
    Del prólogo de Edgardo Scott

    Para mí, Joyce es el máximo realista porque está tratando de comunicar cómo se siente realmente la experiencia. Y como encontró que eso era tan idiosincrático necesitó inventar un nuevo lenguaje.
    Zadie Smith

    James Joyce es un buen modelo de puntuación. La mantiene al mínimo absoluto. No hay razón para borronear la página con esas pequeñas marcas absurdas. Quiero decir, si se escribe correctamente, no hay necesidad de puntuar.
    Cormac McCarthy

    Tuve una gran admiración por él. Fue así: lo que logró fue épico, heroico.
    Samuel Beckett
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    En la maravillosa Mi Abandono, Peter Rock mostró su destreza para que conductas y situaciones extrañas parezcan completamente verosímiles, y para dotarlas de un profundo suspenso. Situada en los terrenos crepusculares entre la realidad y la fantasía, la locura y la cordura, donde muchos de nosotros vivimos durante la adolescencia, Klickitat cuenta una historia fascinante e inquietante sobre cómo escapar y esconderse a la vista de todos.
    Ursula K. Le Guin
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    “Una línea cruza el océano Ártico, el Atlántico y el mar del Norte hasta que choca con las instalaciones portuarias de Dunkerque: naves desmontadas, líneas férreas y depósitos de hidrocarburos. Dos hombres toman un petit noir en la terraza de Le Malouin, hablan en voz alta y sonríen, ignorando que acaban de convertirse en personajes de una larga ruta. Un fulgor, apenas un flash. Porque acto seguido el trayecto pasa por París —hay que hacer una pausa brevísima para echar un vistazo a los libros de la Fischbacher y darse un garbeo por los alrededores del Luxembourg—, continúa hacia el Macizo Central y la Auvernia, entre prados y bosques de hayas y robles y abetos, entra en Cataluña por la sierra de Escales y se adentra en el Mediterráneo a la altura del barrio de Ocata, en el Masnou. La N-II, el tren, bañistas, chiringuitos: todo en rden. A partir de aquí, el camino imaginario inicia otro trayecto: Argelia, Mali, Níger, Burkina Faso… y Benín: los árboles de caoba y los cocoteros, las canoas de los pescadores, las motos enloquecidas y el Atelier Nomade de Cotonú. Playas larguísimas, desiertas, con un oleaje traidor y enfurecido. Delante, inabarcable, el agua y el agua del océano. Una cuerda tendida entre continentes que, al llegar a la Antártida, se llena de hielo y se destensa, fatigada, en medio de la remota Tierra de la Reina Maud. Solo la isla noruega de Bouvet, situada a unos sesenta kilómetros al este del meridiano, se interpone en el periplo entre los trópicos y el continente glacial. Fin del viaje.” Lluís Calvo

    Una línea, una decisión geopolítica enebra vidas y paisajes para contar una historia más grande, con una prosa potente y precisa Calvo nos muestra una constelación de personajes fascinantes.
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    Walter Benjamin persiguió como pocos, o acaso como nadie, ese punto insondable donde las palabras y la experiencia pueden llegar a tocarse. Lo buscó con la persistencia de lo que impulsa el deseo, pero también con la zozobra de lo que se sospecha que puede ser en verdad inalcanzable. Que las palabras y la experiencia puedan llegar a tocarse, vale decir que la experiencia pueda, por fin, de alguna manera, ser dicha: Benjamin presintió esa promesa a veces en cierta zona más o menos mística de la cabalística judía, otras veces en el discurrir sin control consciente de la escritura surrealista, otras veces en la inmediatez palpable de la narración oral, otras veces en la excepcional plasmación literaria de un poeta como Baudelaire.
    Y si luego le resulta posible atribuir alguna positividad a los efectos del hachís, no será sino en la escritura (en el trazo material de su escritura) donde cree detectarlos: “¿Acaso una orientación ascendente en la escritura en este último tiempo (a pesar de la frecuente depresión), como nunca antes había visto en mí, se relaciona con el hachís?”.
    Todo está bien, entonces, todo parece estar bien otra vez: Walter Benjamin se ha puesto a escribir.
    Martín Kohan
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    Incluso en las escuelas ya no se sabe estimular de otra manera el pensamiento de los niños si no es invitándolos a tomar partido a favor o en contra de algo. Se cita la frase de un gran autor y se les dice: “¿Están de acuerdo o no? Desarrollen sus argumentos”. Los desgraciados, en el examen, deben terminar su exposición al cabo de tres horas, pero no pueden dedicar más de cinco minutos a preguntarse si están de acuerdo. Cuánto más fácil sería decirles: “Mediten sobre este texto y expresen las reflexiones que les lleguen al espíritu”.
    Casi por todas partes, e incluso a veces por problemas puramente técnicos, la operación de tomar partido, de tomar posición a favor o en contra, ha sustituido a la obligación de pensar. Es una lepra que ha tenido origen en los ambientes políticos y se ha extendido, a través de todo el país, casi a la totalidad del pensamiento.
    Es dudoso que se pueda remediar esta lepra que nos mata si no se comienza por suprimir los partidos políticos.
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    En Lem. Una vida fuera de este mundo, Wojciech Orliński recorre con lujo de detalles todos los pormenores de lo que fue indudablemente una vida intensa y emocionante: la vida de Stanisław Lem. Desde sus comienzos en la literatura hasta sus discusiones con Philip K. Dick, pasando por sus estratagemas para lograr que su familia escape del nazismo y sus inventos (muchos de ellos, alucinantes anticipaciones), Orliński también explora el costado emocional de Lem: su por momentos bajísima autoestima, e incluso los momentos en los que casi abandona la escritura, salvados por la aparición de Summa technologiae en Polonia y su influencia en el resto de su obra y en las obras de quienes en ese momento eran de su generación.
    Tomasz Lem, uno de sus hijos, reconoció que este libro le había permitido descubrir aspectos de la vida de su padre a los que nunca había tenido acceso. Ojalá a todas las fanáticas y los fanáticos de Lem les pase lo mismo.
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    El ermitaño solo puede aprender de sí mismo. No sé si es sabiduría lo que estoy haciendo, no sé si es felicidad lo que siento, no sé ni aconsejar ni enseñar nada. La sabiduría del ermitaño es diferente a la del mundo, la ley de la contemplación es diferente a la de la acción. El vagabundo tiene el mundo, el desapegado, la totalidad de la vida, y el inocente, la paz. Yo no tengo otro deseo más que permanecer libre de culpas en la Tierra.
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    Este libro trata de territorios que presentan alguna particularidad. Son tierras enclavadas dentro de otro país, ciudades prestadas, islas compartidas, tierras sin soberanía, archipiélagos en disputa, regiones con estatutos peculiares o incluso —hasta ahí me he aventurado— países de fantasía.
    Si sacáramos una moraleja de todas estas historias, probablemente sería que, más allá de las grandes ideas religiosas, políticas, nacionales, muchas veces es el pragmatismo y la conveniencia lo que determina el modo como los hombres se reparten el mundo. En este sentido, es ejemplar el caso de la suite 212 del hotel Claridge’s de Londres, declarada territorio yugoslavo durante un día por el gobierno británico. Pura acrobacia jurídica que puede llevar a pensar que todo reparto del mundo no es sino ilusión y artificio —en todos los casos algo muy provisional— y, desde luego, totalmente discutible.
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