quieres cambiar alguna forma de actuar, pregúntate: «¿Qué haré en su lugar?». Por ejemplo, si deseas poder controlar tu temperamento, podrías adoptar la siguiente estrategia: «Si empiezo a sentir ira, entonces respiraré hondo tres veces para calmarme». Empleando las respiraciones profundas como sustituto a tu ira, el impulso que trate de sabotear que lo consigas irá desgastándose poco a poco hasta que desaparezca del todo.