Libros
Juan Pablo Roncone

Hermano ciervo

«No se trata solamente de que las historias o las tramas estén bien trabajadas, los personajes armados de manera convincente, ciertos momentos estelares magníficamente construidos, o las transiciones temporales se nos antojen perfectas. Se trata de una cualidad particular que parece tener Roncone: un ojo clínico para determinar el mejor momento narrativo. (…) Hay cariño por los personajes en este libro, compasión por las vidas que les ha tocado vivir, a ratos incluso cierta esperanza velada de redención. La misma esperanza que, al terminar el libro, siente uno como lector por la literatura chilena.» Francisco Díaz Klaassen. «Extraordinario y entrañable (…) este libro, tal como sus personajes, no es parte de una carrera sino que es lo que es: un objeto delicado, triste, solo, pero no por eso menos poderoso o grande. No hace falta tiempo para que mejore o se potencie; solo le hace falta encontrar a los lectores correctos.» Alberto Fuguet
79 páginas impresas
Publicación original
2014
Editorial
Laurel

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Citas

    Erick Crespocompartió una citael año pasado
    Tomé el brazo de Antonio y lo doblé. Luego introduje la manga de la camisa. El auxiliar me ayudó para que el cuerpo no se ladeara. La piel era suave y fría. Y cuando detuve la mirada en su cuerpo desprotegido y a medio vestir, imaginé que mi hermano era un ciervo. Un ciervo recién herido al que yo intentaba devolverle la vida. Solo cuando terminé de ponerle los calcetines tuve verdadera conciencia de que Antonio estaba muerto. Como si todos los trámites anteriores hubiesen sido un simulacro, un ensayo que me preparó para ponerle los calcetines y sentir su piel por última vez.
    Rafael Ramoscompartió una citahace 19 horas
    Pero yo no la había traído, y esa posibilidad, la de haber salido a la playa junto a mi hija, era una alternativa que ya estaba cerrada
    Rafael Ramoscompartió una citahace 20 horas
    Me senté en uno de los últimos asientos. Pegué la cabeza al vidrio húmedo de la ventana. Observé las calles y el tráfico: aún había movimiento en la ciudad. El centro no dormía.
    Vi a las personas ir y venir, y en las caras de todos ellos me pareció ver algo de mi hermano: una mirada, una expresión, un gesto de alguien que no supe conocer

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