Glosa, Juan José Saer
Juan José Saer

Glosa

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¿Qué sucedió aquella noche en la fiesta de cumpleaños de Jorge Washington Noriega? Durante un paseo por el centro de la ciudad, dos amigos, Leto y el Matemático, reconstruyen esa fiesta a la que no acudió ninguno de los dos. Circulan distintas versiones, todas enigmáticas y un poco delirantes, que son revisadas, vueltas a contar y discutidas. En esa larga conversación cruzan anécdotas, recuerdos, viejas historias e historias futuras.

Tomando como modelo El banquete de Platón, el argumento estaría cercano al intento imposible de reconstruir un relato.

¿Cómo narrar? ¿Cómo y qué narrar en una historia pasada? ¿Cómo contar la violencia, la locura, el exilio, la muerte?
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295 páginas impresas
Publicación original
2015

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Citas

dunkelkmila
dunkelkmilacompartió una citahace 2 años
Es, como ya sabemos, la mañana: aunque no tenga sentido decirlo, ya que es siempre la misma vez, una vez más el sol, como la tierra, al parecer, gira, ha dado la ilusión de ir subiendo, desde esa dirección a la que se le dice el Este, en la extensión azul que llamamos cielo, y, poco a poco, después del alba, de la aurora, ha llegado a estar lo bastante alto, en la mitad de su ascenso pongamos, como para que, por la intensidad de eso que llamamos luz, llamemos, al estado que resulta, la mañana —una mañana de primavera en la que, otra vez, aunque, como decíamos, es siempre la misma vez, la temperatura ha ido subiendo, las nubes se han ido disipando, y los árboles que, por alguna razón, habían perdido poco a poco sus hojas, se han puesto a reverdecer, a dar flores otra vez, aunque, como decíamos, es siempre la misma, la única Vez y, como dicen, de equinoccio en solsticio, es la misma, ¿no?, como decía, la llamamos «una», porque nos parece que ha habido muchas, a causa de los cambios que nos parece, a los que damos nombres, percibir—, una mañana de primavera, luminosa, que ha venido formándose desde tres o cuatro días atrás, a partir de las últimas lluvias de septiembre y octubre que han limpiado, en un cielo cada vez más tibio y transparente, los últimos rastros del invierno. Leto no se siente ni mal ni bien: camina olvidado, en la mañana, en el centro de un horizonte material que le manda, en ondas constantes, ruidos, texturas, brillos, olores. Está sumergido en ese horizonte y es, al mismo tiempo, su centro; si, de golpe, desapareciese, el centro cambiaría de lugar.
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