Libros
Harry Leslie Smith

Mi última batalla

«No soy historiador, pero con 91 años soy historia, y temo que se repita».
Harry Leslie Smith sobrevivió a la hambruna y pobreza de la Gran Depresión, a la IIGM (combatiente de la RAF) y fue testigo de la creación del estado de bienestar posterior.
Experimentó cómo una gran civilización puede surgir de los escombros. Pero al final de su vida, temía la facilidad con la que estos logros se estaban erosionando.
En este libro, Harry aporta y amplía su perspectiva única sobre los recortes del sistema público de salud inglés, la política de subsidios, la corrupción política, la pobreza alimentaria, el costo de la educación y mucho más. 'Mi última batalla" es una invectiva moderna y lírica que muestra lo que el pasado nos puede enseñar y cómo el futuro es nuestro para que lo tomemos.
222 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2020
Año de publicación
2020
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Opiniones

  • J Alberto Villalvazocompartió su opiniónhace 4 años
    💡He aprendido mucho

    Excelente. Recomiendo su lectura para quienes quieran conocer de primera mano la historia de un superviviente desde la gran depresión hasta el neoliberalismo.

  • Giovanni Mendozacompartió su opiniónhace 4 años
    🔮Profundo

Citas

  • J Alberto Villalvazocompartió una citahace 4 años
    florecen los barrios marginales, se desatan las epidemias y prolifera el crimen. Se crea una sociedad de dos niveles cruelmente dividida en prosperidad y pobreza. Cuando nació el estado de bienestar, el Gobierno y muchos de los ciudadanos de este país convinieron en que el pago de impuestos era una responsabilidad cívica.

    La economía y la sociedad británicas avanzaron hacia el futuro con la celeridad de la locomotora Flying Scotsman. Este código fiscal nuevo e incorruptible proveyó a nuestra nación del combustible necesario para alcanzar el ritmo económico capaz de impulsar a Gran Bretaña al mundo moderno. El éxito económico nacional fue posible gracias a que se proporcionó a los ciudadanos viviendas asequibles, atención sanitaria y educación. Incluso políticos conservadores como Winston Churchill reconocieron los beneficios para el país; cuando en 1951 volvió a ser elegido primer ministro se negó a desmantelar el Servicio Nacional de Salud.
  • J Alberto Villalvazocompartió una citahace 4 años
    El estado de bienestar social se creó con prudencia y visión de futuro y fue financiado a través de una fiscalidad inteligente. El Gobierno gravó un impuesto sobre la renta justo y progresista, aplicable tanto a los individuos como a las grandes empresas. Era una tasa elevada: en algunos casos llegaba al 50 o al 60 por ciento. Sin embargo, no debemos olvidar que durante más de un siglo las familias más ricas del reino, junto con sus industrias, habían acaparado su riqueza pagando muy pocos o ningún impuesto que ayudaran a mantener la nave del Estado a flote. La historia nos enseña que cuando los impuestos no se recaudan adecuadamente, flore‍
  • J Alberto Villalvazocompartió una citahace 4 años
    Por desgracia, tanto en el Gobierno como en las empresas abundan los que creen que la riqueza de una nación solo puede ser juzgada en función del valor de sus mercados bursátiles y de las ganancias trimestrales de sus corporaciones. Esta actitud niega el valor del capital humano. Asimismo niega lo que dictaminan la historia y la lógica: que un país ha de mantener una economía equilibrada que incluya la industria manufacturera, la agricultura y los servicios financieros. Tiene que recompensar a los emprendedores con riqueza para que alcancen el éxito empresarial, pero también debe mantener un nivel de vida digno para todos sus ciudadanos. Ha de asegurar el acceso a la atención sanitaria, así como el derecho de todos a recibir una educación adecuada y libre de cargas económicas abusivas. Sin estos ingredientes, un país termina marchitándose porque se convierte en una nación habitada por dos tribus: los ricos y los pobres.

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