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Alexander Lowen

El lenguaje del cuerpo

El lenguaje del cuerpo es una guía del bienestar físico y psíquico. Es una obra maestra de la psicología que ha puesto al descubierto las deficiencias del psicoanálisis tradicional. Ha servido de detonante al movimiento que ha hecho del lenguaje corporal el eje y el remedio de muchos problemas psicológicos.
Millones de personas son víctimas de las tensiones producidas por el medio ambiente. En la lucha por la supervivencia, han perdido sensibilidad y sensualidad. Sus cuerpos los han traicionado y los siguen traicionando. El doctor Alexander Lowen demuestra brillantemente que el cuerpo es el espejo de la personalidad y la clave de los trastornos emocionales.
Pionero en el campo del análisis bioenergético, en el que se han cosechado tan espectaculares éxitos, el autor explica este método terapéutico y documenta su obra con historias muy detalladas de multitud de caracteres personalizados. El resultado es la revelación de las relaciones, claras y sorprendentes, que existen entre el funcionamiento de la personalidad y las pautas de los movimientos corporales y de las tensiones musculares. Así se configura un retrato de la persona perturbada bajo los múltiples ropajes físicos que reviste. El lenguaje del cuerpo es mensaje innovador de salud, felicidad y vigor para las personas, ancladas en la tensión y la ansiedad de la vida moderna.
558 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2014
Año de publicación
2014
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Citas

  • laoazulcompartió una citahace 25 días
    De la escisión de la personalidad surgen los cismas que caracterizan al hombre civilizado: bien y mal, dios y demonio, cultura y naturaleza
  • laoazulcompartió una citael mes pasado
    A pesar de la interacción en las profundidades, la personalidad es una entidad, un todo. Si se destruye su unidad, hablamos de una personalidad «escindida».
  • laoazulcompartió una citael mes pasado
    En este símbolo, sin embargo, nos llama la atención la interpenetración de los contrarios. Esto le confiere un carácter dinámico. Los seis vértices dan idea de proyección, de ruptura a través del recipiente. Toda la figura es angular y carece de la redonda suavidad de su oponente oriental. Este concepto de interacción de los contrarios subyace al principio de cambio y progreso. No hay que sorprenderse, por tanto, de que la historia del pensamiento occidental tenga sus orígenes en la tradición grecojudaica de conflicto.

    Todavía es posible representar de muchos otros modos la interacción dinámica de fuerzas contrarias. Cuanto más énfasis pongamos en el concepto de fuerza y menos en el de estructura, más abierto será el símbolo.

    En la figura 5 aparecen dos contrarios que también pueden ser interpretados como luz y oscuridad, cielo y tierra, principio masculino y principio femenino o mente y cuerpo. La superposición de dos fuerzas es una idea tomada de la obra de Reich y constituye una interpretación aún más dinámica que el símbolo judío ya que la interpenetración ha sido reemplazada por la interacción en movimiento. Sin embargo, a pesar de ser más dinámica, carece del sentido de límite o superficie que suele atribuirse al yo.

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