Sigmund Freud

El malestar en la cultura

El tema principal desarrollado en El malestar de la cultura es la contradicción permanente entre determinados impulsos y las restricciones que impone la cultura.

En este contexto, el despliegue y la satisfacción de las pulsiones sexuales y agresivas se convierten en sentimientos de culpa, bajo los parámetros de lo no permitido. De esta manera se genera en los individuos, insatisfacción y sufrimiento y por tanto, un “malestar” que no se termina.
108 páginas impresas
Publicación original
2018

Otras versiones

Opiniones

    Santiago Romerocompartió su opiniónhace 6 meses
    🔮Profundo
    💡He aprendido mucho

    Creo que es el escrito más tirado a la sociología, que escribió Freud. Antes recomiendo leer Tótem y Tabú.
    Se puede prescindir de él, pero hay cosas que se tejen de forma más sólidas cuando teniendo en cuenta ese libro previo.

    Michellecompartió su opiniónhace 3 años
    💡He aprendido mucho

Citas

    Jośe Carrasco Amadorcompartió una citahace 5 meses
    jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos;
    Santiago Romerocompartió una citahace 6 meses
    la cultura implica necesariamente relaciones entre mayor número de personas. En la culminación máxima de una relación amorosa no subsiste interés alguno por el mundo exterior; ambos amantes se bastan a sí mismos y tampoco necesitan el hijo en común para ser felices.
    Santiago Romerocompartió una citahace 6 meses
    La elección de objeto queda restringida en el individuo sexualmente maduro al sexo contrario, y la mayor parte de las satisfacciones extragenitales son prohibidas como perversiones. La imposición de una vida sexual idéntica para todos, implícita en estas prohibiciones, pasa por alto las discrepancias que presenta la constitución sexual innata o adquirida de los hombres, privando a muchos de ellos de todo goce sexual y convirtiéndose así en fuente de una grave injusticia. El efecto de estas medidas restrictivas podría consistir en que los individuos normales, es decir, constitucionalmente aptos para ello, volcasen todo su interés sexual, sin merma alguna, en los canales que se le han dejado abiertos. Pero aun el amor genital heterosexual, único que ha escapado a la proscripción, todavía es menoscabado por las restricciones de la legitimidad y de la monogamia. La cultura actual nos da claramente a entender que sólo está dispuesta a tolerar las relaciones sexuales basadas en la unión única e indisoluble entre un hombre y una mujer, sin admitir la sexualidad como fuente de placer en sí, aceptándola tan sólo como instrumento de reproducción humana que hasta ahora no ha podido ser sustituido.

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