Roald Dahl

La cata

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“La cata” es uno de los más brillantes relatos de Roald Dahl. Se publicó por primera vez en la edición de marzo de 1945 del Ladies Home Journal y posteriormente fue publicado, en 1951, en The New Yorker.

Seis personas se sientan a la mesa en la casa de Mike Schofield, un corredor de bolsa londinense: Mike, su esposa e hija, un narrador sin nombre y su esposa, y un famoso gastrónomo, Richard Pratt. Pratt suele hacer pequeñas apuestas con Schofield con el fin de adivinar el vino que se está sirviendo en la mesa, pero esta noche la apuesta será mayor… Cuando Schofield sirve el segundo vino de la cena comenta que será imposible adivinar cuál es, lo que Pratt toma como un reto.

Iban Barrenetxea ha realizado un magnífico trabajo gráfico para invitarnos a esta misteriosa velada. El vino está servido. Empieza la cata.
Este libro no está disponible por el momento.
37 páginas impresas
Publicación original
2016

Opiniones

    b2137328212compartió su opiniónhace 2 años
    👍Me gustó

    Cuento perspicaz. Realmente la cereza en el pastel la asistente de servicio.

    Adaliz Guerrero Ospinacompartió su opiniónhace 2 años
    👍Me gustó
    🎯Justo en el blanco
    🚀Adictivo

    Relato hermosamente ilustrado, con intriga y tensión hasta el final

    Luis Sanchezcompartió su opiniónhace 2 años
    👍Me gustó
    🌴Perfecto para la playa

    Un excelente cuento corto.

Citas

    karlamena6compartió una citael año pasado
    enos un minuto. Luego, sin abrir los ojos ni mover la cabeza, Pratt se llevó la copa a la boca y vertió en ella la mitad de su contenido. Hizo una pausa, con la boca llena de vino, para recibir la primera impresión; a continuación dejó que un poco se deslizara por su garganta y vi su nuez de Adán moviéndose al tragar. Pero retuvo casi todo el vino en la boca y entonces, esta vez sin tragar, aspiró por los labios un poco de aire que, mezclándose con los aromas del vino en su boca, pasó luego a los pulmones. Contuvo la respiración, echó el aire por la nariz y, por último, se pasó el vino bajo la lengua y lo masticó con los dientes como si fuera pan.
    Yatzel Roldáncompartió una citahace 2 años
    Hizo otra pausa, cogió la copa y mantuvo el borde contra su labio inferior, ese labio suyo fláccido y colgante. Entonces vi su lengua, rosada y estrecha, salir disparada, sumergir la punta en el vino y retirarse de nuevo rápidamente... una visión repulsiva. Cuando dejó la copa, seguía con los ojos cerrados y el rostro concentrado, moviendo únicamente los labios, frotándolos como dos trozos de húmeda y esponjosa goma.
    Yatzel Roldáncompartió una citahace 2 años
    »Y ahora, ¿de qué municipio de Médoc procede? Esto, por eliminación, tampoco debería ser muy difícil decirlo. ¿Margaux? No. No puede ser Margaux. No tiene el violento buqué de un Margaux. ¿Pauillac? Tampoco puede ser un Pauillac. Es demasiado suave, demasiado delicado y melancólico para ser un Pauillac. El vino de Pauillac tiene un carácter casi imperioso en su gusto. Además, en mi opinión, contiene un poco de médula, un curioso sabor a polvo y médula que la uva toma del suelo del distrito. No, no. Este es un vino muy suave, tímido y recatado en la primera impresión, que emerge tímida pero delicadamente en la segunda. Algo pícaro, quizá, en la segunda impresión, y también un poco travieso, incitando la lengua con un deje, solo un deje, de tanino. Luego, en el postgusto, delicioso, reconfortante y femenino, con una cualidad alegremente generosa que se asocia solo a los vinos del municipio de St. Julien. No hay duda, es un St. Julien.

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