Almadía

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Lleve sus ricos y deliciosos libros oaxaqueños
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíaanteayer
En una habitación de la ciudad de Oaxaca, una joven arquitecta escribe y lee los diarios que ha acumulado a lo largo de diez años. Hace seiscientos días que su madre murió. Lo único que Ka sabe de ella es que padecía una enfermedad de los nervios y amaba los caballos. Leonora, su madre, siempre ha sido un fantasma.
Mientras se adapta a su regreso a la ciudad, su nuevo trabajo, las calles, el amor y las bibliotecas, Ka busca su propoa historia e indaga en la vida de su madre y su apasionada afición equina. Leonora es un espacio en blanco, un misterio que Ka intentará resolver con una escritura que oscila entre recuerdos, citas y referencias literarias. A lo largo de una prosa paciente y cristalina, esta novela reflexiona sobre la ausencia, las mentiras, la soledad, los relatos familiares y la capacidad de los seres humanos de contarse las historias que les den identidad y definan su lugar en el mundo.
«Sigilosa y ajena a los aspavientos, Karina Sosa ha escrito un libro excepcional. Caballo fantasma es consecuencia del poder real de la imaginación literaria. Su escritura provoca sentimientos y nos hace sospechar que el único mundo real es el imaginario. Desde la intimidad, la lectura y la soledad es posible crear belleza e imágenes inauditas. Esta novela, no es de extrañarse, ha sido concebida en Oaxaca, ese otro país».
Guillermo Fadanelli
Caballo fantasma, Karina Sosa Castañeda
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíahace 14 días
¿Puede hablarse de la existencia de un sentir nacional? ¿Es posible pensar en un estado de ánimo que caracterice al mexicano en sus diferentes versiones? Es probable que con Llegamos tarde a todo Fernando Rivera Calderón haya logrado obtener la más precisa radiografía de la condición anímica nacional. Esa sensación que se resume en frases como “ya casi”, “hoy no era” y, por supuesto, “ahi pa' la otra”, ese sabor de boca que dejan en este país sucesos como el mundial, la entrega de los Óscares o las elecciones.
En su escritura Rivera Calderón traza nuestro perfil poético; uno en el que tras cada derrota hay siempre una carcajada. Así, el poeta nos invita a encontrar la mística de lo doméstico y lo cotidiano, la profundidad filosófica del chascarrillo y, principalmente, nos recuerda que la demora no es el final de una búsqueda, pues lo importante no es llegar primero, sino saber llegar.
«Fernando Rivera Calderón define y redefine al mundo con sarcasmo y desparpajo, pero también con la iluminación invaluable de su inteligencia, esa chispa con la que le brillan los ojos cuando sonríe.» Jorge F. Hernández
«Páginas llenas de dobles sentidos, ironías, humor, juegos de palabras e incluso homenajes a escritores y filósofos desde Monterroso a Giordano Bruno. […]El resultado de seis meses de trabajo y varias noches sin dormir es un libro objeto en el que las palabras están acompañadas por las magníficas ilustraciones de Alejandro Magallanes.» Mari Luz Peinado, El País
Llegamos tarde a todo, Fernando Rivera Calderón
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíahace 14 días
La voz lírica se mueve en un territorio conformado por los sueños, los mitos, las leyendas y la tradición cultural del pueblo zapoteco. Cada poema rescata lo entrañable que hay en su memoria, al tiempo que la confronta; así, reconoce que su identidad es una mixtura entre la tradición y la mirada nueva que la poeta derrama sobre todas las cosas.
La angustia mística, la lamentación por el humano padecer, pero también la reflexión, la oración y la celebración del instante. La exploración de la infancia y la memoria colectiva, formas inseparables de conocimiento. El papel de las mujeres en las culturas indígenas, las costumbres del cortejo y los rituales de unión, la preparación de las niñas para la vida adulta.
Natalia Toledo construye su escritura con arrojo. Sus poemas buscan comprender, establecer diálogos y, al final del día, refundar un destino.
Elena Poniatowska: «En Juchitán, Oaxaca, los poetas venden fruta e iguanas en el mercado, giran en torno al quiosco del sexo en la eterna ronda del dámelo porque yo te quiero y se esconden tras el tronco de los árboles como Natalia Toledo.»
Rocío González: «Los poemas de Natalia surgen de intuiciones poderosas que se resuelven en cuadros breves, en imágenes nítidas y precisas y, al mismo tiempo, llenas de ventanas, en versos decantados por lo absoluto del instante.»
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíahace 15 días
¿De qué hablamos cuando decimos persona? ¿Con qué sentidos podemos percibir su esencia? ¿Es posible intentar su definición con las armas de la poesía? ¿Una persona vive en el papel, es un estado de la materia, sobrevive dentro de la ficción, puede ser un orangután?
Derechos universales, autodeterminación, documentos, pero también lo marginal, lo anecdótico, la biología. La identidad se construye desde frentes disímiles; todos abonan a la multitud, la sociedad, esas esfinges tramitológicas a las que interrogamos, paradójicamente, para recuperar la individualidad.
Estas páginas proponen una búsqueda singular y necesaria: la de la persona que hay en los otros, pero que también ―en la experiencia siempre confrontadora y fundacional de la poesía― podemos redescubrir en nosotros mismos.
per/so/na, Yolanda Segura
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
Un lobo marsupial extinto es un fantasma. Una tortuga es un espíritu antiguo que se pasea por una isla en el fin del mundo. Un oso polar disecado es la modesta prueba de una inmensa derrota.
Ya sean las aguas microscópicas en las que habita el resistente tardígrado, la ardiente imaginación de la que proviene el imposible lebrílope o la reserva de Woodside, California, donde la gorila Koko aprendió lenguaje de señas, cada ecosistema se presenta como un lugar de descubrimiento, de comunión.
Estos animales nos inventan, nos llevan dentro de la selva que somos. Sus cantos, sus gruñidos, sus silencios, nos hablan en una lengua que pensamos perdida, pero que se nos revela en poemas límpidos y cuadrúpedos, entrañables, y nos invitan a recuperar el vínculo con las hermanas formas de vida con las que compartimos el mundo.
«Este libro es un cofre, y cada breve ensayo una carta encontrada donde la autora -minuciosa, concisa— nos dejó una serie de pistas: sus lecturas, sobre todo, pero también la claridad con la que piensa y los espejos donde se mira.»Laia Jufresa
«Isabel Zapata escribe con una naturalidad que sólo puede provenir de la sabiduría. Por momentos parece que en lugar de leerla la escucháramos y hasta pudiéramos contestarle. Alberca vacía es una colección de ensayos personalísimos, certeros y hermosos.» Alejandro Zambra
Una ballena es un país, Isabel Zapata
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
Alguna vez tuve una empresa (yo era el jefe y tenía un solo empleado) dedicada únicamente a publicar una revista literaria. Una de las cosas que hacía con frecuencia era llenar cartas poder. En ese entonces salía a comparlas a la papelería, hasta que un día se me ocurrió capturarla en mi computadora y, cuando fuera necesario, imprimirla. Hacia fines del 2007, en un momento de ocio, releí ese documento que casi todos firmamos sin entender cabalmente los términos legales que contiene («excepciones dilatorias y perentorias», “almonedas”, “asuntos interlocutorios y definitivos”, etc.) y decidí componer un “poema” de “amor” con esas palabras como un juego solitario sin fines de publicación.
En junio de 2008 me invitaron a un encuentro de escritores en San Luis Potosí. Para concluirlo nos pidieron a los participantes leer algo de nuestra obra. Cada quien contaría máximo con tres minutos. Por supuesto los poetas tenían de dónde elegir. Un escritor de minificción podría haber leído su obra completa, pero a los narradores nos dejaban indefensos. Entonces me acordé que el “poema” titulado “Carta poder” lo tenía en mi camputadora. Lo transcribí en una hoja membretada del hotel y lo leí. A algunos colegas les gustó el juego e incluso hubo quien me pidió que le regalara el manuscrito. Ya de regreso en la Ciudad de México, me pregunté: "¿y quién ella, la destinataria?” De esa pregunta nació Poesía eras tú.
–Franciso Hinojosa.
Poesía eras tú, Francisco Hinojosa
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
Palmeras de la brisa rápida es una de las crónicas más célebres de Juan Villoro y un clásico de la literatura de viajes latinoamericana. Con una búsqueda personal como motor y una encomienda editorial como chasis, este ágil relato concentra una innumerable cantidad de prodigios que sólo la «hermana república» de Yucatán ha sido capaz de engendrar gracias a su historia, geografía y gusto por el sincretismo: pirámides demasiado arduas, platillos de un barroquismo insuperable, ubicuos vendedores de souvenirs, dentaduras exportadas al extranjero, un singularísimo español: las infinitas maravillas de la cultura yucateca.
Con una avidez producto de la búsqueda de las propias raíces, Villoro —hijo y nieto de yucatecas— reúne en el interior del mítico Volkswagen en el que recorrió la península a una variopinta serie de personajes: el ajedrecista que desafió a Capablanca, trovadores que renuevan el eterno arte de morir de amor, el más cortés de los grupos de rock duro, una liga socialista de beisbol. A fin de cuentas, y como el propio autor lo define, este es un viaje a un estilo narrativo pero, sobre todo, a un destino emocional.
"Si Villoro fue desde joven proclive a la meditación epigramática y el vuelo metafórico, en sus últimos relatos el lenguaje está trabajado hasta volverse consistente con la misteriosa psique de sus criaturas, que se salvan —se transforman— casi por casualidad y tal vez sin merecerlo, como si a punta de purgar un pecado hubieran acumulado los méritos necesarios para dejar de ser culpables, para poder ser, otra vez, lo que son y dejar de traer al diablo." Álvaro Enrigue
Palmeras de la brisa rápida, Juan Villoro
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
Lo primero que podría decir acerca de Orlando Malacara — el personaje que da orden y caos a esta novela— es que su pasatiempo favorito es ocultarse. Ni siquiera podría afirmar que es un pasatiempo, sino algo más importante o trascendente: una necesidad. En el hecho de esconderse y espiar encuentra placer, y cuando aparece a la luz pública lo hace con el único fin de simular ser una persona normal y no despertar sospechas. Lleva su pudor a grados enfermizos y su afición principal es merodear desde la ventana de su casa, ubicada en los linderos del barrio de Tacubaya: curiosa forma de observar el movimiento del mundo.
«Cuando escribí Malacara temí que el personaje central fuera solo un espejo de mis obsesiones y de mi caótica historia individual. Si bien mis novelas han sido el reflejo deformado y simbólico de mis sentimientos, pasiones o experiencias, ello no significa que estas obras me sean totalmente ajenas y que, en ocasiones, parezcan haber sido escritas por una mano impulsiva que desconozco y que no me corresponde. Entre un escritor y su obra no hay unidad; más bien reina el caos, el azar y una multitud de voces desconocidas y sorprendentes que nos empujan a adentrarnos en un espacio de locura y delirio compartidos. Malacara es muestra o ejemplo vivo de esta aventura literaria.» Guillermo Fadanelli
"Durante muchos años, la abyección ha sido su tema más socorrido, la provocación su principal motor y el underground su ambiente privilegiado. No me refiero únicamente a sus relatos y novelas, sino también a esa personalidad que lo ha convertido en una  figura emblemática de la Ciudad de México contemporánea." Guadalupe Nettel

“Una endiablada habilidad para cincelar un universo corrosivo y lacerante.” Ricardo Baixeras
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
La primera parte de este ensayo registra el devenir de dos casos clínicos: al participar en sendos accidentes, Diana y Amanda sufrieron daños cerebrales, y sus cotidianidades quedaron alteradas por completo. Distintos en sus particularidades, ambos casos comparten el trasfondo del lenguaje, la problemática de la comunicación de ideas básicas y complejas desde y hacia quienes han perdido sus palabras.
La segunda sección la forman una serie de notas que comentan y amplían diversos temas tanto literarios como médicos planteados en las narraciones clínicas. Estos textos, plenos de erudición y reflexiones, quizá podrían entenderse como notas a pie de página que buscan redondear en otro ritmo las urgencias del tratamiento médico, pero son también una serie de ensayos que profundizan y potencian los alcances del libro.
Cuando el órgano de las ideas y las palabras sufre un daño profundo, la vida ya no puede volver a ser la misma. ¿Hasta dónde llega la tarea del médico? ¿Qué papel juega a los ojos del paciente y sus familiares? ¿Debe basar su trabajo en la esperanza? Este ensayo afronta los conflictos éticos de la práctica médica, donde ninguna postura es cómoda, y en cuyo tránsito la ciencia debe ir siempre de la mano con el humanismo.
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
En agosto de 2003 tomé una de las decisiones más importantes de mi vida: mudarme de Guadalajara a la Ciudad de México. Huía de una ruptura matrimonial. Pensé que el cambio de aires me daría distancia y perspectiva con mi situación, pero terminó otorgándome algo más vital: un entorno estimulante para la creación, para un tipo de narrativa que ya venía explorando, ligada a lo sobrenatural y lo policiaco, pero que en la Ciudad de México encontró un escenario ideal.
Amigas y amigos editores comenzaron a pedirme cuentos para revistas o suplementos; sin proponérmelo, tenía en marcha un volumen de relatos. Al revisarlos, me di cuenta de otro factor no planeado: los protagonistas de mis historias eran hombres viudos o separados. Estaba claro que buscaba exorcizar mi divorcio mediante la literatura de terror. La ecuación me pareció válida, así que decidí completar el libro con ese enfoque. El resultado fue Los niños de paja, proyecto que marcó el inicio de mi entrañable relación con editorial Almadía.
El entomólogo forense de “La vida secreta de los insectos” niega a la ciencia e intenta resolver el crimen de su esposa con un médium; el escritor de “El dios de la piscina” viaja al paraíso para descubrir la máxima atrocidad que puede cometer un grupo de matrimonios, y el despechado de “El amor no tiene cura” se pone en manos de una pitonisa en busca de un milagro que salve su relación. Todos ellos, junto al resto de los seres que habitan los nueve cuentos incluidos en estas páginas, tienen un objetivo: nunca darle la espalda a la oscuridad, sino abrazarla; arrojarse al abismo y explorarlo, porque la realidad resulta tan banal como insoportable.
El tiempo pasa y sigo de acuerdo con esa premisa.
Los niños de paja, Bernardo Esquinca
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
Alberto Chimal, uno de los escritores mexicanos más excéntricos y refinados, publica una deslumbrante primera novela que narra todo tipo de transgresiones con admirable serenidad. Los esclavos cuenta las vidas de dos parejas de amantes que viven situaciones extremas de sumisión y dominio: por una parte, cierta directora de cine pornográfico y la bella adolescente a la que obliga a satisfacer sus deseos y a interpretar los papeles más degradantes en los films que dirige y produce. En segundo lugar un joven millonario que gusta de someter a otras personas, aniquilar sus voluntades y ordenarles que vivan bajo sus caprichos. Su última adquisición es un burócrata de edad madura, al cual obliga a vivir bajo muy calculadas torturas, con un collar humillante y una cadena clavada a sus talones. A fin de cumplir las fantasías eróticas de sus amos, estos esclavos aceptan cumplir exigencias cada vez más radicales, como si esto inmunizara a las relaciones contra el paso del tiempo y las presiones del mundo exterior. Pero el tedio y la policía están tras sus huellas. Con una prosa sólida y luminosa como un diamante, Alberto Chimal, que ha ganado un inmenso reconocimiento como cuentista, y cuya obra ya ha sido objeto de estudio académico, se pregunta hasta dónde es posible llegar en la lucha de poder que irremediablemente se libra con un ser amado, y qué tienen en común.
Los esclavos, Alberto Chimal
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
Sujetos cuyos conocimientos enciclopédicos los conducen a la cúspide y en seguida al abismo de sus biografías, hombres obsesionados con la idea de su muerte, profesores empeñados en enseñar de modos sumamente complicados materias sencillísimas, presidentes que quieren vender al mejor postor el país que gobiernan, personajes literarios que se salen de su papel y cometen locuras a diestra y siniestra. La imaginación de Francisco Hinojosa factura tramas tan impredecibles que en cada página sus cuentos dan giros inusitados, se complican de formas insospechadas y mutan siempre hacia la versión más enloquecida de sí mismos. Los personajes tienen vidas absurdas generalmente modestas, incluso pueden estar abrumados por la comodidad y el hastío, hasta que un buen día el destino se tuerce y sus días se convierten en una escalada hacia lo inesperado. El lector tiene entre sus manos la reunión más abarcadora de la narrativa breve del autor, un mapa que señala sus fondos ocultos, los deseos más descabellados y las historias más sorprendentes que lo constituyen. Este volumen representa un acontecimiento para los lectores de Francisco Hinojosa y un auténtico honor para nuestra casa editorial: se trata de la celebración de una obra literaria que, durante varias décadas, se ha ganado la admiración y el cariño de todos.
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
Cuando la razón se va de vacaciones entonces la vida desnuda y agria se presenta sin invitación alguna, y los hechos adquieren un peso demasiado real. Algo así me sucedió durante mi estancia en la escuela hasta mis recién rebasados 17 años. Una vez entregado y sometido a la institución militar debí sufrir la espada, el escarnio, el fuete, la expulsión del paraíso adolescente. Educar a los topos es una novela que se transformó en mito de mi propia vida, en expiación tardía.
Hablamos como humanos, pero nos entendemos como animales. Un pesimista daría por cierta esta última sentencia. No lo creo así, pues el escritor y los lectores llegan a comprenderse y a conocerse en algún extraño lugar que no está precisamente en el mapa, sino en la imaginación y en la coincidencia. Los personajes que viven en esta novela no han muerto del todo, ya que nadie podría acabar con semejante plaga; ellos son la vida que se retrae sobre sí misma, se sorprende y muerde; o de menos te ensarta un apodo en la frente, un símbolo indeleble y quizás, también, un destino.
«Durante muchos años, la abyección ha sido su tema más socorrido, la provocación su principal motor y el underground su ambiente privilegiado. No me refiero únicamente a sus relatos y novelas, sino también a esa personalidad que lo ha convertido en una  figura emblemática de la Ciudad de México contemporánea.» Guadalupe Nettel
“Una endiablada habilidad para cincelar un universo corrosivo y lacerante.” Ricardo Baixeras
Educar a los topos, Guillermo Fadanelli
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
Una herencia desata los celos y antiguos rencores que existen entre tres hermanas, y que pueden terminar en una venganza impensada. Una mujer desaparece por completo del mundo; sin embargo, en los sueños de su amiga subsiste un misterioso mensaje suyo que quizá proviene del Más Allá. En una ciudad postapocalíptica, un mortal sistema de vigilancia disfrazado de videojuego permite a los privilegiados mantener fuera de su mundo perfecto a los indeseables. Un diminuto elefante es el perfecto compañero de habitación, hasta que la mujer que lo alimenta empieza a percibirse asilada de todo.

La naturaleza terrible de las grandes ciudades se revela en la soledad que tiene lugar puertas adentro, en edificios narrativos habitados por personajes que no pueden escapar de sus propias sombras. Ya sea en asfixiantes relaciones sentimentales, en empleos mal pagados, o en familias disfuncionales, los protagonistas viven bajo cielos nublados, sin esperanza, a ciegas. Dentro de trampas que ellos mismos han creado.
Bibiana Camacho concentra su capacidad de observación en estas vidas extraviadas en el trazo urbano. Apunta al momento exacto en el que revelan la rotundidad de su naturaleza pesimista para desplegarlos ante el lector con la elocuente precisión de su escritura.
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
Hay imágenes que llegan para quedarse. La silueta de Juan Jesús, protagonista de Llamadas de Ámsterdam, enfundado en su pesado gabán y caminando bajo la lluvia por una de las más emblemáticas calles de la Ciudad de México es una de ellas. Esto lo confirma la vitalidad que esta breve novela mantiene en el gusto del público a diez años de su publicación. El vértigo de todo ímpetu amoroso, la precisión de los silencios, un humor sutil y carismático, una atmósfera que captura la elegancia del desasosiego, Juan Villorocondensa en estas páginas los elementos de una escritura que ha sabido producir más de un clásico contemporáneo.
Llamadas de Ámsterdam es sin duda uno de los libros más entrañables de nuestro catálogo, un título gracias al cual un gran número de lectores se han acercado a nuestro sello y se han hecho parte de la familia Almadía. Por ello, y con el mismo entusiasmo que nos ha caracterizado a lo largo de quince años, hemos decidido publicar esta nueva edición: para que gracias a ella sean más personas las que compartan esta excelente experiencia literaria.
«Si Villoro fue desde joven proclive a la meditación epigramática y el vuelo metafórico, en sus últimos relatos el lenguaje está trabajado hasta volverse consistente con la misteriosa psique de sus criaturas, que se salvan —se transforman— casi por casualidad y tal vez sin merecerlo, como si a punta de purgar un pecado hubieran acumulado los méritos necesarios para dejar de ser culpables, para poder ser, otra vez, lo que son y dejar de traer al diablo.» Álvaro Enrigue
«Varios de los cuentos [de Los culpables] tienen chistes memorables, como para llamar a alguien por teléfono y contárselos. Los siete están escritos en primera persona y, aunque se trata de personajes tan disímiles como un limpiavidrios de rascacielos, un futbolista en las últimas y un guionista drogadicto, el narrador mantiene un tono similar, lúcido y más o menos resignado. […] El mexicano ostenta un sentido agudo de la observación y un manejo de la escritura —de la relación con el lector— que explica su fama y su prestigio en la literatura iberoamericana.» Agustín Valle
Llamadas de Ámsterdam, Juan Villoro
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
Durante un tiempo fui vecino de las pirámides del Templo Mayor. Caminaba todos los días por las calles del Centro Histórico, atento a las señales. Tengo la convicción de que la Ciudad de México quiere contarme historias, y ese destino es palpable en los cuentos de Mar Negro: el edificio más emblemático del Eje Central convocó a sus distintos avatares en Torre Latino, el eterno letrero de SE RENTA en un viejo inmueble me hizo imaginar la historia secreta de la urbe en “Como dos gotas de agua que caen en el mar”; un vecino desvalido y su sospechosa actitud me llevaron a inventarle una doble vida en “El ciego”; la Plaza de las Tres Culturas y su pasado sangriento me sugirieron una justa venganza, en clave de zombies, en “La otra noche de Tlatelolco”. Aparte de mi obsesión por el lugar que alguna vez albergó a la Gran Tenochtitlán, hay mucho más en estas páginas. Criaturas mutantes que prosperan al cobijo de la laguna de Bacalar; unos gemelos conectados con Neil Armstrong y con el lado oscuro de la Luna; una mujer empeñada en revivir -a cualquier costo— a su amante muerto; un coleccionista de muñecas embrujadas que recibe un misterioso regalo, y un vampiro que escapa de su tumba en la ciudad búlgara de Sozopol. Esta última referencia al Mar Negro representa para mí el espíritu del libro: un estado del alma donde lo sobrenatural es posible. Una extensión que, sobre todo, se localiza en el interior de la mente; en las supersticiones y los abismos creados por la imaginación. Para comprenderlo, es necesario nadar en las profundidades de estas aguas.
Bernardo Esquinca.
Mar negro, Bernardo Esquinca
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
La muerte de Ausencio, padre borracho y desobligado, desata los demonios que habitan dentro de Arturo, su hijo mayor, quien a raíz de esta pérdida caerá por una espiral de tristeza, remordimientos y desesperación, que lo llevará a enfrentar el mismo vicio que opacó las posibilidades de felicidad en su niñez y juventud.
El luto se convierte en una sombra que se cierne sobre todas sus acciones y sus pensamientos, y su presente se vuelve un continuo deambular a través de los malos recuerdos y los negros augurios. El abandono y la degradación al que lo conduce el alcohol lo malquistan con el pueblo y sus seres queridos.
Ausencio es la historia de un descenso al infierno, el del hijo que teme repetir los errores del padre, el de un joven al que parecen seguir tres fantasmales mujeres para anunciarle un destino aciago, el de un hombre que huye y se expone a la intemperie de sí mismo, al rostro de su muerte.
Ausencio, Antonio Vásquez
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
Un linaje que apenas luce en una placa se va reconstruyendo en el relato de su último miembro. Algunas veces, como consecuencia de un discurso diáfano; otras, como vestigio de una memoria empastillada.
Julio Cameron es un hombre que disfruta de la morosidad de la vejez en un paisaje monótono y familiar. Solo debe respetar ciertos límites, fronteras que no puede cruzar. Sin embargo, cuando es obligado a hacerlo, se desencadenarán una serie de hechos que lo harán enfrentarse a las zonas más oscuras de su pasado.
Como en sus obras anteriores, Hernán Ronsino escarba en los recovecos más profundos de la historia para construir una novela de una tensión agobiante que se permite explorar los límites de la justicia y la venganza.
Cameron, Hernán Ronsino
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Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
Un hombre está convencido de que las moscas forman una legión infernal que busca exterminarlo. La fantasmagórica sombra que espía el sueño de una joven pareja es el heraldo de una antigua maldición caribeña. Un asesino secuestra niños para torturarlos, copiando el estilo de un famoso criminal del siglo XV. Extraños seres cuyas apariciones están supuestamente relacionadas con las desgracias que ocurren en el mundo. Un grupo de amigos se enfrenta al recuerdo de la posesión satánica que desequilibró sus vidas veinte años atrás.
“Demonia” ofrece nueve relatos que recorren el amplio espectro de nuestras pesadillas y temores más arraigados. Conforme se adentre en el libro, el lector encontrará obsesiones y enigmas recurrentes con los que este autor infecta cada historia. Las formas subterráneas de los relatos nacen de las zonas oscuras de la experiencia, para volverse una forma ambigua del conocimiento. Y el mal —el abstracto, sobrenatural, mítico— se presenta como un contagio del espíritu: virus perverso que potencia las pulsiones de nuestro lado oscuro. En “Demonia” Bernardo Esquinca evidencia el domino del oficio y se confirma como un autor de primera fila en el género de terror.
"[Una imaginación] mucho más ardiente que la de J.G. Ballard". Rodrigo Fresán
«Un interesante esfuerzo por reunir y contar de nuevo algunos de los temores del hombre contemporáneo». Revista La Tempestad
Demonia, Bernardo Esquinca
Almadía
Almadíaagregó un libro a la estanteríaAlmadíael mes pasado
Cuando comencé a colaborar con Almadía, hace casi tres lustros, ya concebían sus colecciones como un regalo para los lectores. Los Culpables fue el primer libro que les diseñé, es 2007. Pensé en una propuesta gráfica que sorprendiera: el reto consistió en traer al papel la atmósfera colorida, táctil y artesanal de Oaxaca. Supe que tenía la oportunidad de hacer algo distinto en términos de diseño gráfico. Leí el libro y me divertí muchísimo; los cuentos son cortos y con un sentido del humor excepcional. Platicando con el equipo, acordamos que la imagen emblemática de la portada debía desprenderse de la frase La culpa es de la iguana, que abre el quinto relato del libro, El crepúsculo maya. La doble portada de Los culpables inició un doble juego que pervive hasta hoy.
En ese entonces, Juan Villoro comentó que así como la iguana cambia de cuero, los libros de Almadía son despellejables y la camisa es una segunda piel que deja entrever la imagen secreta en la portada. Arriesgué en el diseño porque Almadía se abrió al cambio. Quizá el suaje de la camisa es más atrevido que hemos llevado a la imprenta: el reptil era demasiado grande y en la primera edición la segunda piel fue muy frágil. Desde entonces, esta obra ha sido reimpresa y reeditada muchas veces, convirtiéndose en la que más lectores tiene en la historia de la editorial. A partir de la primera reimpresión, modifiqué el diseño y agregué una rama que atraviesa el cuerpo del saurópsido para darle mayor resistencia y fuerza a la cartulina. Para celebrar su sétimo aniversario, Almadía publicó una edición conmemorativa de esta misma obra en formato grande. Pasta dura e ilustrada por mí. Esos dibujos son miradas tangenciales a los divertidos relatos de Juan. Me parecía un gesto cacofónico traer a lo gráfico imágenes que están descritas en el relato, así que preferí representar escenas que quizás pudieran haber sucedido, convirtiendo las imágenes en satélites del universo narrativo del autor. En esta tercera edición y octava reimpresión, el emblemático saurio vive de manera más discreta en la carátula, y el hecho de que yo haya escrito el pequeño texto que estás leyendo en este instante también es, sin duda alguna, culpa de la iguana.
Los culpables, Juan Villoro
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