Jane Smiley

La edad del desconsuelo

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«Nunca más volveré a ser feliz», musita Dana en el asiento trasero del coche familiar, sin reparar en que piensa en voz alta. Al oírlo, Dave, su marido, siente que ambos están a punto de perder todo aquello que una vez desearon: sus años de apacible matrimonio, tres hijas, la próspera clínica dental que comparten. Ahora Dave está convencido de que Dana se ha enamorado de otro hombre y, de manera inesperada, decide que la mejor manera de salvar su relación es evitar que su esposa descubra que él lo sabe. En La edad del desconsuelo, Jane Smiley narra con asombrosa autenticidad los ritmos de lo cotidiano y cómo de pronto se ven sacudidos por una emoción inesperada, dando lugar a situaciones tragicómicas y a una demoledora meditación sobre la vida en pareja, la pérdida y la infelicidad.
Este libro no está disponible por el momento.
112 páginas impresas
Publicación original
2019

Opiniones

    Ulises Márquez Minocompartió su opiniónhace 6 meses

    Esta novela me deja confuso. Situaciones cotidianas, la rutina familiar de una pareja de exitosos dentistas. Una relación que flaquea. Y la vida sigue. Tal vez es un poco como la vida misma.

    andreae183compartió su opiniónel año pasado
    👍Me gustó

    Muy desconsolador.

    Roberto Castellanoscompartió su opiniónhace 2 años
    👍Me gustó

    Genial, simplemente genial.

Citas

    Ana Osoriocompartió una citahace 7 meses
    Tengo treinta y cinco años y creo que he alcanzado la edad del desconsuelo
    Luis Carlos Isazacompartió una citael año pasado
    Tengo treinta y cinco años y creo que he alcanzado la edad del desconsuelo. Otros llegan antes. Casi nadie llega mucho después. No creo que sea por los años en sí, ni por la desintegración del cuerpo. La mayoría de nuestros cuerpos están mejor cuidados y más atractivos que nunca. Es por lo que sabemos, ahora que –a nuestro pesarhemos dejado de pensar en ello. No es sólo que sepamos que el amor se acaba, que nos roban a los hijos, que nuestros padres mueren sintiendo que sus vidas no han valido la pena.
    Luis Carlos Isazacompartió una citael año pasado
    Su recuerdo me acompañó el resto de la tarde. Lo imaginé saliendo de la clínica al mismo tiempo que yo. Imaginé su forma de andar, de meterse en el coche, de conducir por la calle: impaciente y agresivo, pisando fuerte los pedales, sin separar la mano del claxon. Observé que el desconsuelo le había aflojado las articulaciones, las vértebras. Se había convertido en un hombre capaz de hacer o de decir cualquier cosa, de echar la cabeza hacia atrás o de extender los brazos de una forma que antes habría sido imposible. No se despegaba de mí. Sentí una amarga pena por él toda la tarde. Me pareció que su destino estaba marcado por la fatalidad, al igual que el mío. Al igual que el de todos.

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