José Emilio Pacheco

De algún tiempo a esta parte

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Al releer los relatos reunidos de José Emilio Pacheco, resulta inevitable referirse a ellos como clásicos. Nunca son más verdad que en estas ficciones las calles, los parques y las ferias modestas que todos conocemos, el metro, el zoológico y el museo que hemos compartido; en sus páginas se vuelven definitivos los rincones de la Ciudad de México y del puerto de Veracruz irremediablemente perdidos o que, por cotidianos, parecían banales. Relatos sobre la inocencia y la pérdida de la inocencia, el paso del tiempo, las desilusiones, la crueldad; narraciones donde abundan los niños y los muchachos y su envés que son los fantasmas: aquí está el eterno retorno del primer amor que es siempre una pérdida. En De algún tiempo a esta parte la tensión de inteligencia y ternura logra muchas de las páginas inolvidables de la literatura en español de la segunda mitad del siglo XX. Juntos, estos libros imprescindibles revelan un nuevo libro que ahora podemos descubrir de uno de los mayores escritores mexicanos.
Este libro no está disponible por el momento.
352 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Ediciones Era

Opiniones

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Citas

    Dulce María De Gabrielcompartió una citael año pasado
    Tienes sólo treinta años y sientes que ya son demasiados
    kikamaureencompartió una citahace 2 años
    La tristeza cedió lugar al júbilo. Corriste y libraste de un salto los matorrales y los setos mientras Pedro besaba a Julia y la tomaba del talle. Bajaron hasta un lugar en que el bosque parecía nacer junto a un arroyo de aguas heladas y un letrero prohibía cortar flores y molestar a los animales. Entonces Julia descubrió una ardilla en la punta de un pino y dijo: Me gustaría llevármela a la casa. Las ardillas no se dejan atrapar, contestó Pedro, y si alguien lo intentara hay muchos guardabosques para castigarlo. Se te ocurrió decir: yo la agarro. Y te subiste al árbol antes de que Julia pudiera decir no.

    Tus dedos lastimados por la corteza se deslizaban en la resina. Entonces la ardilla ascendió aún más alto. La seguiste hasta poner los pies en una rama. Miraste hacia abajo y viste acercarse al guardabosques y a Pedro que, en vez de ahuyentarlo en alguna forma, trababa conversación con él y a Julia tratando de no mirarte y sin embargo viéndote. Pedro no te delató y el guardabosques no alzó los ojos, entretenido por la charla. Pedro alargaba el diálogo por todos los medios a su alcance. Quería torturarte sin moverse del suelo. Después presentaría todo como una broma pesada y él y Julia iban a reírse de ti. Era un medio infalible para destruir tu victoria y prolongar tu humillación
    adalcortezcompartió una citahace 2 años
    El sultán hace su espejo de toda Megaria: dondequiera contempla su efigie ampliada y embellecida

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