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José Emilio Pacheco

De algún tiempo a esta parte

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    Juan Pablo Licona Porcayocompartió una citael año pasado
    Jamás alcanzo las alturas desde las que me mira Lupita ni llego a su lado. El cuervo gira sobre nuestras cabezas y repite eternamente “nunca más, nunca más”
    Juan Pablo Licona Porcayocompartió una citael año pasado
    Mixcoac. Cuando lo hago el pueblo que conocí ha desaparecido. Ya es parte no de la Ciudad muerta de México sino del D. F. que ocupa su lugar. Las calles de tierra ahora son avenidas horribles. Talaron los grandes árboles. El río fluye putrefacto y entubado. Entre los condominios, las escuelas, las cadenas de tiendas, las refaccionarias, los lotes que venden automóviles, no puedo hallar ni siquiera vestigios del asilo psiquiátrico ni de la casa de las Dunne. En México todo se va como si nunca hubiera exis
    Juan Pablo Licona Porcayocompartió una citael año pasado
    Se le permite acumular fortunas y hacer su voluntad sin que nadie pueda oponérsele. Se le aísla de toda crítica y diariamente es drogado con adulaciones que harían perder la cabeza al más humilde de los santos.
    Juan Pablo Licona Porcayocompartió una citael año pasado
    Tal vez lo peor esté por sucedernos todavía.
    Juan Pablo Licona Porcayocompartió una citael año pasado
    En tus treinta años de vida sólo dos personas se han portado bien contigo: Enrique Altamirano y Ernesto Domínguez Puga.
    Don Ernesto, el gran policía, el hombre que se ufana de haber asesinado a Álvaro Obregón, te levantó del arroyo cuando eras una piltrafa después de tu fracaso en el box, te recomendó para el trabajo que desempeñas y te hace sentirte otra vez fuerte e importante, como en los primeros tiempos sobre el ring… Don Ernesto… ¿Qué hubiera hecho don Ernesto en tu lugar? Lo mismo que tú. Uno acepta responsabilidades y tiene deberes. Lo demás no cuenta
    Juan Pablo Licona Porcayocompartió una citael año pasado
    Ernesto Domínguez Puga en el café de la farmacia para después dormir hasta las cuatro o cinco de la tarde
    Dulce María De Gabrielcompartió una citahace 2 años
    Tienes sólo treinta años y sientes que ya son demasiados
    kikamaureencompartió una citahace 3 años
    La tristeza cedió lugar al júbilo. Corriste y libraste de un salto los matorrales y los setos mientras Pedro besaba a Julia y la tomaba del talle. Bajaron hasta un lugar en que el bosque parecía nacer junto a un arroyo de aguas heladas y un letrero prohibía cortar flores y molestar a los animales. Entonces Julia descubrió una ardilla en la punta de un pino y dijo: Me gustaría llevármela a la casa. Las ardillas no se dejan atrapar, contestó Pedro, y si alguien lo intentara hay muchos guardabosques para castigarlo. Se te ocurrió decir: yo la agarro. Y te subiste al árbol antes de que Julia pudiera decir no.

    Tus dedos lastimados por la corteza se deslizaban en la resina. Entonces la ardilla ascendió aún más alto. La seguiste hasta poner los pies en una rama. Miraste hacia abajo y viste acercarse al guardabosques y a Pedro que, en vez de ahuyentarlo en alguna forma, trababa conversación con él y a Julia tratando de no mirarte y sin embargo viéndote. Pedro no te delató y el guardabosques no alzó los ojos, entretenido por la charla. Pedro alargaba el diálogo por todos los medios a su alcance. Quería torturarte sin moverse del suelo. Después presentaría todo como una broma pesada y él y Julia iban a reírse de ti. Era un medio infalible para destruir tu victoria y prolongar tu humillación
    Adal Cortezcompartió una citahace 3 años
    El sultán hace su espejo de toda Megaria: dondequiera contempla su efigie ampliada y embellecida
    Adal Cortezcompartió una citahace 3 años
    El método de gobierno que observan los sultanes megáridos asombraría a los europeos. Tienen prohibido sentarse y reflexionar. Nunca están quietos, van de un lado a otro profiriendo gansadas que los trompeteros del reino divulgan como si fueran perlas de sabiduría
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