Stella Gibbons

La hija de Robert Poste

Ganadora del Prix Femina-Vie Hereuse en 1933, y mítico long-seller, La hija de Robert Poste está considerada la novela cómica más perfecta de la literatura inglesa del XX.
Brutalmente divertida, dotada de un ingenio irreverente, narra la historia de Flora Poste, una joven que, tras haber recibido una educación “cara, deportiva y larga”, se queda huérfana y acaba siendo acogida por sus parientes, los rústicos y asilvestrados Starkadder, en la bucólica granja de Cold Comfort Farm, en plena Inglaterra profunda. Una vez allí, Flora tendrá ocasión de intimar con toda una galería de extraños y taciturnos personajes: Amos, llamado por Dios; Seth, dominado por el despertar de su prominente sexualidad; Meriam, la chica que se queda preñada cada año “cuando florece la parravirgen”; o la tía Ada Doom, la solitaria matriarca, ya entrada en años, que en una ocasión «vio algo sucio en la leñera”. Flora, entonces, decide poner orden en la vida de Cold Comfort Farm, y allí empezará su desgracia.
345 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2018
Año de publicación
2018
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Opiniones

    sofiamendozavcompartió su opiniónhace 6 meses
    👍Me gustó

    Dianela Villicaña Denacompartió su opiniónel año pasado
    💤Aburrrriiiido

Citas

    Dianela Villicaña Denacompartió una citael año pasado
    Qué fue eso tan malo que Amos le hizo a mi padre, Robert Poste? ¿Y cuáles son esos «derechos» míos, de los que Judith me solía hablar? Me pareció que no debía dejarla marchar de viaje sin preguntárselo
    Dianela Villicaña Denacompartió una citael año pasado
    Pero entonces levantó la vista y se fijó en el anodino reflejo de aquella ventana cerrada que se encontraba inmediatamente por encima de la puerta de la cocina, y el rostro de Flora volvió a torcerse en un gesto meditabundo. Era la habitación de la tía Ada. La vieja aún estaba allí, luchando hasta el final en aquella batalla que sabía perdida. La tía Ada, el espíritu de Cold Comfort, estaba siendo acosada con violencia, pero aún no se había rendido. ¿Y acaso podía ella, Flora, realmente, congratularse por el trabajo realizado en la granja, y presumir de que el final de dicha tarea ya estaba cercano, mientras la tía Ada Doom aún se encastillaba allí arriba, en su torre
    Dianela Villicaña Denacompartió una citael año pasado
    como psicoanalista del Estado procurar eliminar las fijaciones de sus pacientes en objetos dolorosos en los que éstos se hallaban reconcentrados, y enfocar la obsesión de los enfermos sobre la propia figura del terapeuta

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