Meruane Lina,Olympe de Gouges

Olympe de Gouges

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Rosana Avellanacompartió una citahace 3 meses
Mi objetivo, señora, es hablarle con franqueza». Sin demora, le sugiere que en ese momento tan adverso para la realeza le convendría asociarse con sus súbditas, pactar con ellas, patrocinar su causa; por ser reina, ella «es la única apropiada para respaldar el fomento de los derechos de la mujer y así acelerar su éxito». Y agrega, parcialmente parafraseando una célebre frase de su admirado contemporáneo, el conde de Mirabeau: «Esta Revolución solo podrá realizarse cuando todas las mujeres estén conscientes de su deplorable suerte, y de los derechos que perdieron en la sociedad. Apoye, señora, una causa tan bella; defienda a este sexo afligido, y pronto ganará los favores de la mitad del reino, y al menos el tercio de la otra»
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le dedique ese escrito a la —por entonces todavía— reina María Antonieta,
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a voluntad de esta autora fue incidir en el cambio social que prometía con tanta palabra altisonante la revolución. De Gouges exige que esas palabras se concreten en hechos, pero esas palabras se hacen humo y ella usa las propias para interpelar a una infinidad de interlocutores. Así, en la ya mentada carta de derechos femeninos no solo las emprende contra sus pares revolucionarios. Va a arremeter de igual modo hacia sus contemporáneas, reclamando su complicid
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Esos hombres más ocupados de mantener sus privilegios que de compartirlos.
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De Gouges, la ciudadana feminista, exige igualdad y anuncia que sin la emancipación de las mujeres (emancipación es aquí mi vocablo), no podrá haber verdadera transformación social.
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feminismo avant la lettre, y defiendo este punto, este concepto, porque aunque el feminismo no existiera aún como palabra ni se hubiera constituido como ideología
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la escritora angloirlandesa Mary Wollstonecraft lanzaba argumentos del mismo talante (y otros sobre el ardor sexual de las mujeres, en igualdad con el del hombre): en 1792 aparecería su Vindicación de los derechos de la mujer.
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Judith Sargent Murray, había propuesto que se expandieran los principios ilustrados de igualdad y de fraternidad en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, dictada trece años antes que la Declaración de los revolucionarios franceses. Sargent —primera mujer en publicar un libro en su país— demoró tres años en escribir y catorce en publicar su ensayo Sobre la igualdad de los sexos, en el que exponía sus ideas y apelaba que los congresistas le explicaran dónde residía la supuesta deficiencia mental de las mujeres, de dónde obtenían pruebas para declarar que ellas no eran sus iguales.
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acceso igualitario a la ley y al trabajo, y la obligación de pagar impuestos por la obtención de un salario. Añadirá la eliminación de las restricciones sobre la propiedad y la herencia. Por último, creará cláusulas sobre cuestiones que les tocaba —y todavía nos toca— a las mujeres en el espacio privado: el reconocimiento nominal y económico de los hijos fuera del matrimonio.5
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Declaración de derechos de la mujer y la ciudadana, y proseguirá con los pronombres, los artículos, los sustantivos e incluso la terminación de los verbos que indicaban siempre hombre —toda una lección de lenguaje inclusivo
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la soberanía como un poder que emana «de un cuerpo social heterogéneo» y no de la imaginada homogeneidad de la nación
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Sus derechos debían ser tan «naturales, inalienables y sagrados» como los de ellos. Debían ser iguales en todo. Ellas y todos los demás, y en particular los esclavos
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Esos derechos supuestamente universales no se otorgarían de la misma manera a todos los hombres, no a los sin fortuna, propiedades, educación. No a esclavos, mulatos y negros libres en el continente ni en las colonias. No a ninguna mujer.
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a voluntad excluyente de la Declaración de 1789 se confirmó en la Constitución de 1791.
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El lema de esos tiempos, hecho de las palabras igualdad, fraternidad, libertad (trinidad que todavía hoy, con auténtica ligereza, se piensa como puntal de las democracias occidentales), se estaba revelando como un conjunto de sustantivos sin contenido. Una farsa auténtica: el emprendimiento revolucionario no sería ni liberador ni fraterno ni menos igualitario porque «hombre» no incluía —como nos contarían a nosotras después— a toda la humanidad.
Rosana Avellanacompartió una citahace 3 meses
agitador, filósofo, matemático, politólogo, científico y revolucionario marqués, estaba en minoría. Sus pares en la insurrección desestimaron incluir al otro sexo cuando debatieron y redactaron su Declaración de los Derechos del Hombre y Ciudadano.

No era olvido sino decidida exclusión.
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, Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat
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Y se olvidaba de la opresión histórica de las mujeres que ellos estaban ejerciendo al negarles derechos por los que revolucionarias como de Gouges también habían luchado.

Olvidar es, por supuesto, una manera engañosa de decir.
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todos aquellos que luchaban contra la opresión de la monarquía absoluta borbona y los cómplices de la Corona: la nobleza, la clerecía.
Rosana Avellanacompartió una citahace 3 meses
«¿Quién te dio el dominio soberano para oprimir a mi sexo? ¿Tu fuerza? ¿Tus talentos?».
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