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Libros
Alan Sillitoe

La soledad del corredor de fondo

Colin Smith es un joven de clase obrera que vive en un barrio de Nottingham con su madre viuda, el amante de esta y sus tres hermanos pequeños. Su vida no es ejemplar, pero lo será aún menos cuando robe una panadería y acabe en un reformatorio. Una vez allí, se aficiona a correr y, gracias a sus cualidades como atleta, obtiene unos privilegios que no desea para sí. Hasta que finalmente tendrá que elegir entre el éxito como héroe deportivo y la soledad del corredor de fondo. En este volumen, con nueva traducción de Mercedes Cebrián, se reúne una descarnada colección de relatos centrados en el sombrío aislamiento de la clase obrera, en los pequeños delitos que se cometen para salir adelante y en la profunda ira que domina a los habitantes de las ciudades industriales, abocadas a la desesperación. Una realidad que sigue hoy tan vigente como lo fuera hace más de medio siglo.

Un libro de ruptura generacional, cumbre de la literatura británica del XX, que ejemplifica a la perfección el carácter del rebelde sin causa.
227 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2013
Año de publicación
2013
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Opiniones

  • Tess Pedrocompartió su opiniónhace 5 meses
    👍Me gustó
    🔮Profundo
    💡He aprendido mucho
    🎯Justo en el blanco
    🚀Adictivo

    Descubrimiento

Citas

  • Julio César Contreras Pérezcompartió una citahace 16 días
    s un lujo ser un corredor de fondo, ahí fuera, solo en el mundo, sin un alma que te ponga de mal humor o te diga qué tienes que hacer
  • Tess Pedrocompartió una citahace 5 meses
    Todo esto me hizo pensar muy en serio lo negro que a veces se ven las cosas. El saco negro de carbón que uno lleva metido en su interior
  • Tess Pedrocompartió una citahace 5 meses
    Se había arrojado contra el cristal y había caído como una piedra en la calle. Por un lado yo sentí que lo hubiera hecho, pero por otro estaba contento porque le había demostrado a los polis y a todo el mundo que al final su vida le pertenecía a él, como tiene que ser. Era inexplicable, en cualquier caso, que esos lerdos hijos de puta le hubieran puesto en una habitación de un sexto piso; todavía mejor que si le hubieran plantado un árbol delante con la soga ya colgada

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