María García Esperón

Copo de Algodón

Copo de Algodón, hija de la princesa de Tacuba y del señor de Tenochtitlan, y esposa del señor de Iztapalapa, nació en la era del Quinto Sol, en una ciudad que un pueblo fiero y guerrero levantó en una laguna de reflejos color turquesa. Creía en Tláloc y Huitzilopochtli, y amaba las flores y los cantos. Un día su mundo se agitó, como las aguas al lanzar una piedra… Conoce, a través de su voz, los acontecimientos de su época: las guerras floridas, la matanza de Cholula, la llegada de Hernán Cortés, la muerte de Moctezuma, el sitio de Tenochtitlan… y sumérgete en la historia antigua de México, en la existencia de sus personajes y en la fascinante cosmovisión de este pueblo.
136 páginas impresas
Publicación original
2013

Opiniones

    Irlanda Sánchez Juárezcompartió su opiniónel año pasado
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    💡He aprendido mucho
    🐼Adorable

    me ha dejado con muchas ganas de leer mas sobre esos días, en rl que el mundo se acabó para los mexicas.

    alejandro carmonacompartió su opiniónhace 9 meses
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    💡He aprendido mucho

    Tesacompartió su opiniónhace 9 meses
    👍Me gustó
    💡He aprendido mucho
    💧Prepárate para llorar

Citas

    Violeta Vaal Rodríguezcompartió una citahace 4 meses
    Nunca dejaré que me tiendan una trampa. Abrazaré mi corazón, para que no se me vaya en vano por lados malos. No dejaré que nadie me eche piedras, me eche lodo, me esparza polvo
    Violeta Vaal Rodríguezcompartió una citahace 4 meses
    Pero ya no soy una esclava. Soy la que los salva, porque les describo el mundo como los tlacuilos describen los libros de pinturas. ¿Y sabes por qué? Porque sé abrirme paso en la oscuridad de las palabras. Las convierto en luz. No sé cómo lo hago. Así nací…”
    Violeta Vaal Rodríguezcompartió una citahace 4 meses
    Los tenochcas estaban convencidos de que el ser humano había sido creado por los dioses para la guerra, de que con los corazones de los sacrificados debían dar de comer al Sol. La guerra era para ellos como una floración, una cosecha de flores rojas para alimentar la luz, la vida, el Sol… Los mexicas no le tenían miedo a nada ni a nadie, pero los huexotzingas, los tlaxcaltecas y los de Cholula le temían a los mexicas. De cualquier manera, todos combatían valerosamente y no había modo de negarse a participar en las Guerras Floridas

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