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Libros
Sara Gallardo

Los galgos, los galgos

Hay comienzos en la literatura que contienen en pocas palabras todo el conflicto de una obra y su grandeza. Así empieza Los galgos, los galgos: «De mi padre heredé una casa, la mitad de un campo y algo de dinero. Lloré mucho esa muerte, pero no puedo decir que la herencia me tomara de sorpresa. Sentados en la luz del amanecer, hacia el fin del velorio, se me ocurrió decir a mi hermano que le cambiaba mi casa por su parte de campo y, como aceptó en seguida y tuve que firmar una cantidad de papeles, comprendí que había hecho mal negocio».
Son las palabras de Julián, protagonista y narrador de esta novela que bien puede leerse como una historia de amor y desamor, pero que es tantas otras cosas: un ensayo sobre el desgaste al que somete el tiempo nuestras convicciones, un comentario sutil sobre los usos y costumbres de una clase, sobre el peso de esos usos y costumbres sobre ciertas fantasías e insatisfacciones, una representación del campo y del mundo animal y vegetal como no hay otra en la literatura argentina. Publicada por primera vez en 1968, Los galgos, los galgos ganó el Premio Municipal de Literatura y es considerada una obra mayor dentro de la extraordinaria producción de Sara Gallardo. Escrita en estado de gracia, atravesada por un melancólico sentido de la fatalidad, pero embebida de un humor inteligente y fino, esta es una novela que deja una huella indeleble, profunda admiración y eterna pena.
444 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2024
Año de publicación
2024
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Opiniones

  • salvatierralady6compartió su opiniónhace 2 años
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    🌹😊

  • Ana Saenzcompartió su opiniónhace 2 años
    👍Me gustó
    🔮Profundo
    💧Prepárate para llorar

  • Nancy Castrocompartió su opiniónhace 2 años
    🔮Profundo
    🚀Adictivo
    💧Prepárate para llorar

Citas

  • Samira Sazocompartió una citahace 2 años
    El país del humo
  • Samira Sazocompartió una citahace 2 años
    Le siguieron Pantalones azules
  • Lina Vargas Fonsecacompartió una citahace 21 días
    Los trenes del ferrocarril Roca, que antaño se llamó del Sur, se caracterizan en ciertos ramales no diré secundarios sino terciarios y hasta cuaternarios (por más de una razón, incluyendo la geología), por las extraordinarias cantidades de polvo que pueden acumular en su interior. Tienen otros récords más notables aún. Es posible descubrir en ellos por ejemplo que el caño inclinado que sirve como desagüe al inodoro está colocado al revés, apuntando en la dirección de la marcha, con lo cual cercena toda la vegetación con que tropieza, y el inodoro se transforma en un volcán en continua y violenta erupción de cardos y cicutas. Puede ocurrir también que uno de estos trenes empiece a pitar y a acortar la marcha y por fin se detenga. Los pasajeros asoman todos sus cabezas por las ventanillas, menos uno, que lee malhumorado en un rincón. Los más ágiles bajan. Las noticias llegan pronto. Hay una vaca echada en la vía y tiene poca gana de levantarse.

    Cuando la vaca se aleja, siguen.

    En una parada así, Julián, para evitar el saludo del jefe de su estación, la curiosidad de los patriarcas, o los ofrecimientos de trasporte del vecindario, dejó el tren y se largó a campo traviesa.

    Un hombre a pie por la llanura tiene algo de escandaloso. Algo de paria, algo de asesino que huye, algo de ridículo, algo de despreciable, algo de sospechoso.

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