Olía a él y eso me tranquilizó un poco, me dio esperanzas. Cenamos en silencio, sentadas en el sofá, con la tele puesta de fondo. Apenas tenía hambre, pero me obligué a comerme todo lo que había en el plato. Después de eso me metí en la habitación de Nick abrazada a su almohada y a su fragancia y cerré los ojos procurando descansar.
Horas más tarde Jenna vino a despertarme con una sonrisa en el rostro.
—¡Está despierto, Noah!
Casi me caigo de la cama de lo rápido que me incorporé.
«¡Dios mío, Dios mío! ¡Nick está despierto!»