Libros
Elisa Díaz Castelo,Adalber Salas Hernández

Las fuerzas débiles

Exploración y juego, laboratorio de formas, Las fuerzas débiles condensa en su interior dos voces engarzadas que ensayan distintas versiones de un mismo tema. La mecánica es en apariencia simple: hay una idea que, arrojada al aire enrarecido de la página, se fisiona dividiéndose en dos poemas independientes, uno a cargo de Elisa Díaz Castelo y, otro, de Adalber Salas Hernández. Si bien Las fuerzas débiles toca varios asuntos relacionados con la ciencia, en especial con la astronomía y la física, los poemas que lo conforman no se limitan a estos ámbitos del conocimiento. Este libro bifronte parte de una convicción compartida por sus autores: la poesía es una forma de conocer el mundo, tan legítima e indispensable como las llamadas ciencias duras. Como éstas, tiene sus métodos, sus teorías y sus pruebas. Armados con la certeza del asombro, Díaz Castelo y Salas Hernández se arrojan a esta exploración.
47 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2025
Año de publicación
2025
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Opiniones

  • Ana Saenzcompartió su opiniónhace 9 meses
    🌴Perfecto para la playa

Citas

  • Rafael Ramoscompartió una citahace 2 meses
    El año queda. Del otro lado
    del sistema solar persiste: Plutón
    todavía lo atraviesa, como un ojo
    suelto en la oscuridad, blanqueado
    y sin pupila, coronado con cinco
    piedras inquietas: ojo solo
    tragado por el cielo hambriento.
    Desde aquí no lo veo, pero sé
    que allá insiste, animal de otra especie,
    sonámbulo y remoto, girando sobre
    su propio eje con pereza cruel,
    con molicie. Nos acecha y tiene
    el sigilo de lo que apenas existe
    en el borde frío de las cosas.
  • Rafael Ramoscompartió una citahace 2 meses
    Quizá el universo está hecho de un solo electrón que se mueve muy rápido y es todas las cosas a la vez hablé de esto con un hombre en una fiesta infantil orbitados por niños su brazo sobre mi hombro su cuerpo colindaba con el mío todavía era verano a pesar del viento a pesar de su voz el electrón de la primera gota de esa lluvia es el mismo que el de la canica que encontré al fondo de una alberca a los siete años es el mismo que el del viento solar que el de la cigarra que espera bajo tierra que el del cadáver del perro atropellado que el del primer hombre que el de la última mujer que el de la nave espacial que el del espejo roto que el de la mano derecha del zurdo que el de la hebilla de tu cinturón que el de tu dedo corazón que el de la piedra blanca sobre la piedra negra que el de tu primer diente de leche que el de tu primera cana que el del vaso que rompí aquella noche que el del foco que parpadea que el de la piel detrás de mis rodillas que el del camello que el de la aguja que el del pajar que el del pez abisal y el del atún en lata que el de tu mano y la mía y la suya y la de ella y tal vez no importa si estamos lejos o nunca o no podemos porque a fin de cuentas es válido preguntar si dos cuerpos que son el mismo pueden de hecho tocarse es válido preguntar si pueden de hecho dejarse de tocar
  • Rafael Ramoscompartió una citahace 2 meses
    Algo así es el cansancio: una carne hipotética, redundante, donde nos descubrimos extraños a nosotros mismos.
    Por qué no. Todos los planetas han sido hipotéticos alguna vez. Incluso este que habitamos.

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