Lucía Lijtmaer

Quiero los secretos del Pentágono y los quiero ahora

«Pedófilos crean un crowdfunding en la Deep Web para financiar la pornografía infantil», «Deep Web: drogas, armas, asesinos y aviones privados a la venta en la brutal red anónima», «Así compré drogas en la Darknet»…
Casi todos los titulares que leemos sobre la Deep Web nos invitan a permanecer lejos de ella: a su lado Mordor parece un cumpleaños. Ahora bien, ¿es realmente la Deep Web ese pozo de inmundicia del que tanto hemos oído hablar? Para averiguarlo, la periodista Lucía Lijtmaer bajó allí y resulta que lo primero que encontró fue… ¡sombra de ojos! A partir de ese instante empiezan las sospechas. A fin de cuentas, la Deep Web se parece bastante a aquel internet que conocimos en los noventa. Es decir una red no regulada por el todopoderoso Google.
Desde una enunciación gonzo y poco amiga del thriller (no esperen aquí a aquella Sandra Bullock de La Red, ni tampoco al FBI tumbando nuestros ordenadores), plantea un recorrido por la cara menos conocida de la Deep Web (aquella en la que NO hay drogas, ni armas, ni pedófilos) al tiempo que revisa algunos episodios emblemáticos del artivismo actual. Todo ello nos conducirá hacia una pregunta inevitable: ¿por qué tememos tanto a un internet no dominado por las grandes corporaciones?
50 páginas impresas
Publicación original
2015

Opiniones

    amico01qcompartió su opiniónhace 4 años
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    Breve pero informático

    Liliana M.compartió su opiniónhace 7 meses
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    Angie Mcompartió su opiniónel año pasado
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Citas

    Irwing Martinezcompartió una citahace 5 meses
    La persona que me va a conectar a la Deep Web me ha dejado sola justo cuando íbamos a acceder al Otro Lado. Tengo miedo. Me siento como en la frontera entre Francia y Alemania en 1943, con el salvoconducto en la mano. Como la niña de Poltergeist delante de la tele. Como Joaquín Almunia durante toda la campaña electoral de 2004.
    Angie Mcompartió una citael año pasado
    Solamente obedezco, con la misma premura de cordera con la que la gente como yo acepta las políticas empresariales de las redes sociales, entregando si hace falta mis riñones y el nombre de mi primer vástago a cambio de poder colgar fotos de gatitos en la red.
    Lili Ferrantecompartió una citael año pasado
    plantea un recorrido por la cara menos conocida de la Deep Web (aquella en la que NO hay drogas, ni armas, ni pedófilos) al tiempo que revisa algunos episodios emblemáticos del artivismo actual. Todo ello nos conducirá hacia una pregunta inevitable: ¿por qué tememos tanto a un internet no dominado por las grandes corporaciones?

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