no solamente obras dotadas de la ambigüedad relativa que siempre tiene el arte, sino de una ambigüedad calculada, de segundo grado, que se desprende de la germinación continua de relaciones entre signos que debemos descubrir, y entre los cuales debemos elegir uno o más a sabiendas de que se trata de una opción, ya que el texto verbal, visual o musical al que hemos estado expuestos se encuentra en movimiento y nos invita a recomponerlo, tal como si fuéramos su coautor