Samanta Schweblin

Siete casas vacías

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    Irlanda Sánchez Juárezcompartió una citael año pasado
    Quería morirse, pero todas las mañanas, inevitablemente, volvía a despertarse.
    Parásitoscompartió una citael año pasado
    La gente que esperaba cargaba siempre con algo.
    fercompartió una citahace 3 años
    La lista era parte de un plan: Lola sospechaba que su vida había sido demasiado larga, tan simple y liviana que ahora carecía del peso suficiente para desaparecer.
    Andrea Poulaincompartió una citahace 4 años
    Solo lo miraba y se recordaba a sí misma datos concretos que nunca analizaba: «hace cincuenta y siete años que estoy casada con este hombre», «esto es mi vida ahora».
    Franzcompartió una citael año pasado
    Cuando le pido algo a Dios pido así: Dios, vos hacé lo mejor que puedas —y dio un largo suspiro—. De verdad, no pido nada puntual. De tanto escuchar a la gente aprendí que no siempre piden lo que es mejor para ellos
    Violeta Vaal Rodríguezcompartió una citael año pasado
    me pregunto si habrá alguna otra manera de abrazar cosas tan descomunalmente grandes como una casa, si será eso lo que mi madre intenta hacer
    Victoria Victoriacompartió una citahace 10 días
    Por qué, si sus intenciones eran tan claras, su cuerpo volvía a despertarse cada día.
    Victoria Victoriacompartió una citahace 11 días
    Si ella miraba fijamente alguna zona particular del mantel, él la dejaba estar, porque sabía que algo más estaba pasando, algo en lo que él no podía meterse
    b5447446810compartió una citahace 13 días
    Detiene el coche frente a un kiosco, apaga el motor y se baja. Qué genial va todo hasta acá, me digo. Qué bien me siento ahora mismo. Parece haber algo especial en todo esto que se me está escapando, ¿algo como qué?, me pregunto, tengo que saber qué es lo que está funcionando para retenerlo y replicarlo, para poder volver a este estado cuando lo necesite.
    b5447446810compartió una citahace 14 días
    Mi suegra dice que lo recuerda todo, tanto lo recuerda que puede describir cada una de esas cosas que cargaba la gente. Pero ella tenía las manos vacías. Y no iba hacia ningún lugar. Dijo que estaba sentada en cuarenta centímetros cuadrados, eso dijo. Tardé en entender. Es difícil pensar en mi suegra diciendo algo así, aunque eso es lo que dijo: que estaba sentada en cuarenta centímetros cuadrados, y que eso era todo lo que ocupaba su cuerpo en el mundo
    b5447446810compartió una citahace 14 días
    No quería ni podía pensar en nada, ni sacar ninguna conclusión. Solo podía mirar y respirar, porque su cuerpo lo hacía automáticamente. Un tiempo indefinido se cumplía de un modo cíclico, el colectivo llegaba y se iba, la parada quedaba vacía, y se volvía a llenar. La gente que esperaba cargaba siempre con algo. Llevaban sus cosas en bolsos, en carteras, bajo el brazo, colgando de las manos, apoyadas en el piso entre los pies. Ellos estaban ahí para cuidar de sus cosas, y a cambio sus cosas los sostenían
    b5447446810compartió una citahace 14 días
    Entendió que algunas cosas cambiarían, y que no sabría qué decisiones tomar, pero que, injustamente, su respiración seguiría ahí llenándole los pulmones. Intentó enderezar el cuerpo, comprobar que todavía respondiera
    b5447446810compartió una citahace 15 días
    Le hablaban como si fuera estúpida porque ninguno de los dos era lo suficientemente hombre para decirle que se estaba muriendo. Sabía que eso no era cierto –eso de que se estaba muriendo–, pero a veces le gustaba fantasear con esa idea. Era algo que él merecía: con su muerte él vislumbraría lo importante que ella había sido para él, los años que ella había estado a su servicio. Quería tanto morirse, desde hacía tantos años, y sin embargo nada parecía deteriorarse más que su cuerpo. Un deterioro que no la llevaba a ninguna parte. ¿Por qué no se lo decían? Quería que se lo dijeran. Quería tanto que fuera verdad.
    b5447446810compartió una citahace 15 días
    Pero escuchaba otra vez los huesos contra el suelo, a sus espaldas, y un dolor fuerte en el pecho la despabilaba, la obligaba a respirar. Entendió, con una lucidez rencorosa, que esto la mantendría viva para siempre. Que él se había muerto en sus narices, sin ningún esfuerzo, y la había dejado sola con la casa y las cajas. La había dejado para siempre, después de todo lo que ella había hecho por él. Le había dicho lo del chico y se había ido a la tumba con todo dentro. Ahora ella no tenía ni para quién morirse
    b5447446810compartió una citahace 15 días
    Pero dijo:
    –¿No hay nada tuyo que quieras poner en una caja?
    Él se volvió hacia las cajas y después otra vez hacia ella.
    –¿Como qué?
    –Cuando mi tía murió mi madre estuvo un año embalando sus cosas. No se puede dejar todo en manos de los demás.
    Él miró hacia la huerta y ella pensó que él podría no tener mucho más que eso y tuvo miedo de haberlo lastimado. Era posible que un hombre como él no tuviera suficientes cosas para llenar una caja
    b5447446810compartió una citahace 16 días
    escuchó en silencio, acostumbrada a esperarlo. Cada tres o cuatro oraciones de él, ella lo reescribía todo mentalmente, en una sola línea clara y concisa, remendando en silencio su morosidad exasperante
    b5447446810compartió una citahace 16 días
    Pero algo no funcionaba: todo seguía adelante. Por qué, si sus intenciones eran tan claras, su cuerpo volvía a despertarse cada día. Era algo insólito y cruel, y Lola empezaba a temer lo peor: que la muerte requiriera un esfuerzo para el que ella ya no estaba preparada.
    b5447446810compartió una citahace 16 días
    la cabeza, pero Lola no se animó a contestar, se quedó de pie mirándolos pasar, cargados con sus abrigos y sus mochilas. Necesitaba evaluar esta nueva situación, el problema que supondría ahora salir a revisar las plantas en ese horario, la posibilidad constante de intromisión
    b5447446810compartió una citahace 16 días
    Esa mañana la mujer y el chico pasaron por la vereda. La mujer la saludó con un gesto de
    b5447446810compartió una citahace 17 días
    Qué hago ahora con este viejo. Pero hay algo en él que me anima a seguir adelante. Algo parecido a tener las manos bajo el agua de la canilla, una calma que me permite pensar las palabras, ordenar los hechos, las cosas que suceden siempre en un mismo orden. La expectativa de Weimer parece crecer, casi se diría que espera una instrucción. Es un poder y una responsabilidad con la que no resuelvo qué hacer
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