Yuri Herrera

La transmigración de los cuerpos

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Una epidemia paraliza el país pero propicia, a su vez, el encuentro entre una mujer deseada, La Tres Veces Rubia, y un hombre que desea, El Alfaqueque. Las palabras de éste parecen conseguir, calmar o sanarlo todo: producen fascinación. Y hay algo en él de mensajero y, también, de ángel sin espada. Su particular ética organiza el mundo, un mundo tan lleno de muerte como de contradicciones, donde por debajo de la muerte late, sin embargo, una pura vida que nada ni nadie podría enfangar de tan intensa.
«Si la palabra es la esencia de la literatura, Yuri Herrera hace de ella la protagonista de su novela. Su estilo es de una oralidad elaboradísima que se nutre del habla mexicana, pero construido a base de recursos tan personales que dotan a su prosa de un sello inconfundible. Diálogos lacónicos de poderoso nervio cargados de sobrentendidos se tejen con un sabroso vocabulario lleno de giros mexicanos y de términos inventados por el propio autor para desplegar ese cosmos tejido por su imaginación bajo una perspectiva de humor agrio, de risa dolorosa o de llanto cómico.»
Arturo García Ramos, ABC
Este libro no está disponible por el momento.
87 páginas impresas
Publicación original
2020

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Opiniones

    juliasegura97compartió su opiniónel año pasado
    👍Me gustó
    🌴Perfecto para la playa
    😄Divertido

    Interesante y entretenido, aunque pensé que la historia iba a tomar otro giro. Muy ad hoc con la pandemia que estamos viviendo.

    salvador emmanuel cabrera rodriguezcompartió su opiniónhace 9 meses
    🎯Justo en el blanco
    🌴Perfecto para la playa
    😄Divertido

Citas

    Jesus Koyoccompartió una citahace 24 días
    Una cosa a la vez, se dijo, luego vemos qué chingaos, ahora agua. Agua. Levantó la nariz, volvió a observar con atención su casa y dijo en voz alta Claro. Se levantó, fue al baño con un vaso de vidrio, alzó la tapa del tanque y vio que apenas si quedaba un fondito de tres dedos; se había levantado a mear durante la noche, y el tanque no se había vuelto a llenar después de jalarle. Raspó el fondo del tanque pero nomás le alcanzó para medio vaso. Le quedaba una sola gota de agua en el cuerpo y ésta había elegido un lugar preciso en la sien para taladrar su salida.
    A la chingada, se dijo, ¿de cuándo acá les creo tanto a esos cabrones?
    Mariana Nomáscompartió una citahace 5 meses
    Que la enfermedad era cosa de un bicho y el bicho se mantenía nomás en barrios insalubres. El problema podía arreglarse a periodicazos en la pared. Quien no tuviera para periódico podía usar las suelas; no había que estar arreglándoles todo, como si ser jodido fuera un mérito. ¡Te caes de hambre! se popularizó decirle al que estornudara o tosiera, se mareara o dijera ay.
    Nat Morenocompartió una citahace 9 meses
    Lo despertó una sed lépera, se levantó y fue a servirse agua pero el garrafón estaba seco y del grifo escurría nomás un hilo de aire mojado. Miró con rencor el tercio de mezcal sobre la mesa y sospechó que ése iba a ser un día horrible. No podía saber que ya era, desde hacía horas, verdaderamente horrible, mucho más que el infiernito íntimo que se había procurado a tragos.

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