Cuando Enkidu ya ha tenido bastante, comprueba que los animales entre los que ha vivido huyen de él. Lo que ha aprendido, su contacto con la cultura, ha «ensuciado» su cuerpo, hasta entonces libre de pecado, pero sus noches con Shamhat han conseguido que surja en él el entendimiento y se queda con ella: «Había madurado. / ¡Se había vuelto inteligente!». Gracias a Shamhat se convierte en un habitante más de la ciudad y deja la selva