Noah Gordon

El Médico

Un joven aprendiz de médico con un don para sanar nunca visto recorrerá la Europa sombría y oscura del siglo XI hasta la fascinante Persia, para encontrarse con el mejor maestro imaginable: el mítico Avicena.
Rob J. Cole, un joven londinense del siglo XI que pertenece a una familia de carpinteros, queda huérfano a los nueve años y con la responsabilidad de cuidar de sus cuatro hermanos menores, a quienes va encontrando hogar. Una vez solo coincide con Henry Croft, un cirujano barbero que deambula por Inglaterra montando espectáculos y dedicándose a ejercer de curandero para vender un ungüento milagroso y del que se convierte en aprendiz. Con Henry Croft comparte viaje, cartel y beneficios hasta que el maestro muere. Y es entonces cuando conoce a Benjamin Merlin, un médico judío que le alenta a superarse y hacer realidad su sueño, y que le habla del más eminente médico de la remota Persia: Ibn Sina o Avicena. Rob, llevado por su pasión por sanar y aliviar el dolor, llega a Oriente donde se hará pasar por judío y adoptará el nombre de Jesse ben Benjamin, para no destacar como europeo y poder hacer realidad su sueño: estudiar medicina en la madraza de Ispahán.
864 páginas impresas
Publicación original
2011

Opiniones

    Pedro Pablocompartió su opiniónhace 4 años
    👍Me gustó
    🚀Adictivo
    🐼Adorable

    Excelente lectura, altamente recomendable

    b3922976750compartió su opiniónhace 5 años
    👍Me gustó
    🚀Adictivo

    Excelente. El estilo narrativo y los datos históricos

    Elsacompartió su opiniónel año pasado
    👍Me gustó

    Me costaba dejarlo, libro atragante.

Citas

    b5928888225compartió una citahace 3 años
    debes trabajar más arduamente y a mayor velocidad que los demás
    berthaandino47compartió una citahace 3 años
    Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre.

    Eclesiastés 12:13

    Te alabaré porque formidables, maravillosas son tus obras.

    Salmos 139:14

    En cuanto a los muertos, Dios los despertará.

    Corán, S. 6:36

    Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.

    Mateo 9:12
    Mily Sietecompartió una citahace 5 meses
    Aunque en su ignorancia Rob J. consideraba un inconveniente verse obligado a permanecer junto a la casa paterna en compañía de sus hermanos y su hermana, ésos serían sus últimos instantes seguros de bienaventurada inocencia. Recién entrada la primavera, el sol estaba lo bastante bajo para colar tibios lengüetazos por los aleros del techo de paja, y Rob J. se tumbó en el pórtico de piedra basta de la puerta principal para gozar de su calor. Una mujer se abría paso sobre la superficie irregular de la calle de los Carpinteros. La vía pública necesitaba reparaciones, al igual que la mayoría de las pequeñas casas de los obreros, descuidadamente levantadas por artesanos especializados que ganaban su sustento erigiendo sólidas moradas para los más ricos y afortunados.

    Estaba desgranando una cesta de frescos guisantes, e intentaba no perder de vista a los más pequeños, que quedaban a su cargo cuando mamá salía. William Steward, de seis, y Anne Mary, de cuatro, cavaban en el barro a un lado de la casa y jugaban juegos secretos y risueños. Jonathan Carter, de dieciocho meses, acostado sobre una piel de cordero, ya había comido sus papillas, eructado, y gorjeaba satisfecho. Samuel Edward, de siete años, había dado el esquinazo a Rob J. El astuto Samuel siempre se las ingeniaba para esfumarse en lugar de compartir el trabajo, y Rob, colérico, estaba pendiente de su regreso. Abría las legumbres de una en una, y con el pulgar arrancaba los guisantes de la cerosa vaina tal como hacía mamá, sin detenerse al ver que una mujer se acercaba a él en línea recta.

    Las ballenas de su corpiño manchado le alzaban el busto de modo que a veces, cuando se movía, se entreveía un pezón pintado, y su rostro carnoso llamaba la atención por la cantidad de potingues que llevaba. Aunque Rob J. sólo tenía nueve años, como niño londinense sabía distinguir a una ramera.

    —Ya hemos llegado. ¿Es ésta la casa de Nathanael Cole?

    Rob J. la observó con rencor porque no era la primera vez que las furcias llamaban a la puerta en busca de su padre.

    —¿Quién quiere saberlo? —preguntó bruscamente, contento de que su padre hubiera salido a buscar trabajo y la fulana no lo encontrara; contento de que su madre hubiera salido a entregar bordados y se evitara esa vergüenza.

    —Lo necesita su esposa, que me ha enviado.

    —¿Qué quiere decir con que lo necesita?

En las estanterías

    Roca Editorial
    Roca Libros
    • 714
    • 202
    Bookmate
    Novela histórica
    • 35
    • 120
    Carlos Vasquez
    Libros por leer
    • 907
    • 13
    b1698246403
    Psicología
    • 12
    • 7
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)