Delphine de Vigan

Nada se opone a la noche

Avisarme cuando se agregue el libro
Para leer este libro carga un archivo EPUB o FB2 en Bookmate. ¿Cómo puedo cargar un libro?
    Katya Velázquezcompartió una citahace 3 años
    Escribo este libro porque hoy tengo fuerzas para detenerme sobre lo que me atraviesa y a veces me invade, porque quiero saber lo que transmito, porque quiero dejar de tener miedo de que nos pase algo como si viviésemos bajo una maldición, poder aprovechar mi suerte, mi energía, mi alegría, sin pensar que algo terrible nos va a destrozar y que el dolor, siempre, nos esperará entre las sombras.
    Viridiana Caballero Garcíacompartió una citahace 2 meses
    esos momentos de delirio en los que la vida se había vuelto tan pesada para ella que había necesitado escapar, en los que su dolor sólo había podido expresarse mediante la fábula.
    Elizabeth Lovecompartió una citael año pasado
    que llevaron su infancia, su historia, sus padres, su familia, como marcada a fuego?
    Elizabeth Lovecompartió una citael año pasado
    Me habían ofrecido sus recuerdos, sus relatos, la idea que tienen hoy de su historia
    Sandra Sánchezcompartió una citael año pasado
    Desde entonces la muerte de Antonin no sería más que una onda subterránea, sísmica, que continuaría actuando sin ruido alguno.
    Sandra Sánchezcompartió una citael año pasado
    esa mezcla de belleza y ausenci
    Sandra Sánchezcompartió una citael año pasado
    esos momentos de delirio en los que la vida se había vuelto tan pesada para ella que había necesitado escapar
    Sandra Sánchezcompartió una citael año pasado
    entonces el vértigo se transformó en terror, y el terror en niebla.
    Margaritacompartió una citael año pasado
    Pedí a mi hermana que volviese a sacar de su trastero las cartas, los escritos, los dibujos, busqué, rebusqué, rasqué, desenterré, exhumé. Pasé horas leyendo y releyendo, viendo películas, fotos, volví a hacer las mismas preguntas, y otras nuevas.

    Y después, como decenas de autores antes que yo, intenté escribir sobre mi madre.
    Margaritacompartió una citael año pasado
    Ya no sé en qué momento capitulé, quizá el día que comprendí cómo la escritura, mi escritura, estaba ligada a ella, a sus ficciones, a esos momentos de delirio en los que la vida se había vuelto tan pesada para ella que había necesitado escapar, en los que su dolor sólo había podido expresarse mediante la fábula.
    Margaritacompartió una citael año pasado
    Ya no recuerdo cuándo surgió la idea de escribir sobre mi madre, en torno a ella, o a partir de ella, sé cuánto rechacé esa idea, la mantuve a distancia, el mayor tiempo posible, esgrimiendo la lista de los innombrables autores que habían escrito sobre la suya, desde los más antiguos hasta los más recientes, para demostrarme de qué manera ese terreno había sido pisoteado y el tema degradado
    Margaritacompartió una citael año pasado
    Recuerdo la dimensión física, incluso atlética, que revestía ese esfuerzo, aguantar, sí, aunque no engañara a nadie. Me parecía que era mejor contener la pena, amarrarla, sofocarla, hacerla callar hasta el momento en el que por fin me encontrara sola, que dejarme llevar por lo que no habría podido ser sino un largo alarido o, peor aún, un estertor que me hubiese dejado sin duda alguna tirada en el suelo.
    Margaritacompartió una citael año pasado
    Recuerdo la dimensión física, incluso atlética, que revestía ese esfuerzo, aguantar, sí, aunque no engañara a nadie. Me parecía que era mejor contener la pena, amarrarla, sofocarla, hacerla callar hasta el momento en el que por fin me encontrara sola, que dejarme llevar por lo que no habría podido ser sino un largo alarido o, peor aún, un estertor que me hubiese dejado sin duda alguna tirada en el suelo.
    Marisol García Wallscompartió una citael año pasado
    me llamó por teléfono. No lo había encontrado. Pensándolo bien, seguramente lo había tirado.
    Hace unos años, Lisbeth decidió tirar todos los malos recuerdos. Ésa es la postura que adoptó, es decir, depurada de lo peor, cuando pasó varias horas contándome la historia de nuestra familia. La llamé varias veces en las semanas que siguieron para obtener precisiones que es la única en conocer. Ésa es la que adoptó cuando me confesó detalles y anécdotas, tan valiosos para mí, en una versión panorámica y tecnicolor en la que faltan caídas y contraplanos, donde el sufrimiento aflora en cada frase sin llegar a pronunciarse. Lisbeth no es la única. Cada uno hace lo que puede y hoy respeto su línea de defensa o de supervivencia, que es, con pocas variaciones, parecida a la de Barthélémy. Quizá porque son los mayores. Quizá porque fueron los más expuestos. Hoy, Lisbeth y Barthélémy han elegido conservar lo mejor, lo más caprichoso, lo más luminoso. El resto lo han tirado. Quizá tengan razón. Como los demás, acogieron mi proyecto con entusiasmo, y como los demás, se preguntan en este momento qué voy a hacer con todo esto. Se inquietan, como decimos en nuestra familia. Cuando escribo, pienso a menudo en ellos –Lisbeth, Barthélémy, Justine y Violette– con la ternura infinita que siento por ellos, pero también con la certidumbre que tengo ahora de herirlos, de decepcionarlos.
    Marisol García Wallscompartió una citael año pasado
    Me enteré mucho más tarde por Violette de que Jean-Marc había muerto de hipoxifilia, llamada igualmente asfixia autoerótica, es decir, durante una sesión de masturbación en la que intentaba amplificar su orgasmo mediante el ahogo. Jean-Marc, parece ser, se entregaba a prácticas masoquistas y fetichistas. Durante las entrevistas que llevé a cabo para escribir este libro, Lisbeth me contó que, semanas antes de su muerte, había entrado sin avisar en su habitación para recuperar unas bragas que le había robado y le había sorprendido, con un fular enrollado alrededor de su sexo, clavando alfileres en él.
    Intento ahora reconstruir la forma en que se encadenaron los acontecimientos, la amplitud del impacto. Me parece que la muerte de Jean-Marc, y la versión oficial que se ofreció (es fácil imaginar lo difícil que resulta explicar la verdad a unos niños), introduce por vez primera entre los hermanos la cuestión del suicidio. Lucile consideró durante mucho tiempo la muerte de su hermano de esa forma. Sin explicación complementaria, la versión oficial, aparentemente menos violenta, genera una parte de duda, y probablemente de culpabilidad, en particular entre los mayores, cuyos sentimientos hacia Jean-Marc fueron siempre ambivalentes.
    Los relatos de la muerte de Jean-Marc divergen en algunos puntos sin importancia, fundamentalmente en quién se encuentra en ese momento en Pierremont junto a Georges por las obras (a priori Lisbeth y Barthélémy) y quién, por el contrario, permanece en Versalles junto a Liane (Lucile y los pequeños).
    En lo referente al acoso de la prensa, se cuenta que Georges acudió a su cuñado, entonces redactor jefe de Ici Paris, para que usase su influencia y aquello cesara. En otra versión, es Claude, el cuñado de Liane, el que utiliza el suceso para su periódico, lo que le valdrá el rencor eterno por parte de Georges. Pero esa versión me ha sido desmentida varias veces.
    Todo el mundo coincide en decir que es Liane la que descubre el cuerpo y telefonea a Georges para que vuelva urgentemente. Liane llama también a Marie-Noëlle, la amiga de siempre, que llega inmediatamente para solucionar lo más urgente. Milo, que tiene trece años, llora ruidosamente durante varias horas a su hermano más cercano en edad, a su hermano desaparecido. Milo, inconsolable, llora, como Barthélémy lloró años antes la muerte de Antonin. Ahora, esas penas son evocadas de la misma forma, con las mismas palabras; están ligadas por un hilo invisible y mortífero.
    No sé nada de Lucile, salvo que estaba allí, en una habitación no muy lejana, y que tenía diecisiete años. Ignoro lo que hizo, si gritó, si lloró, cómo se grabó en ella ese acontecimiento.
    Lisbeth, que ahora vive en el sur, me dijo que había conservado la primera página de un periódico publicado en el momento de la muerte de Jean-Marc, cuyo título («El niño mártir no sobrevivió a su pasado») había sacado a Georges de sus casillas. Le pedí que me enseñara el artículo. Después de varios días de búsqueda, Lisbeth
    ursuscompartió una citael año pasado
    La limpié diez veces, veinte veces, pero la mancha parda volvía una y otra vez, como si en aquella zona hubiese algo invisible a simple vista, que enmohecía o se oxidaba
    ursuscompartió una citael año pasado
    Me imaginaba los largos minutos que habían precedido a la inconsciencia, sin que nadie acariciase su pelo, sostuviese su mano
    ursuscompartió una citael año pasado
    Sé muy bien que os voy a causar tristeza, pero resulta inevitable antes o después y prefiero morir viva
    ursuscompartió una citael año pasado
    En mucho mayor grado que la mía, la escritura de Lucile (su desorden, sus escollos) muestra la complejidad de su persona, su ambivalencia, el gozo secreto que sintió durante toda su vida rozando los límites, estropeando su cuerpo y su belleza
    ursuscompartió una citael año pasado
    Cuando me encuentro con los lectores, en las bibliotecas, las librerías o los colegios, a menudo me preguntan por qué escribo.

    Escribo por el 31 de enero de 1980
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)