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Lisa Bradford

De la nieve, los pájaros: poesía de mujeres norteamericanas

La intención principal de esta antología, que reúne a destacadas poetas norteamericanas de la segunda mitad del siglo XX, es la de explorar la voz lírica de la mujer en un contexto en el que, pese a su relativa abundancia, se percibe una tradición escasa. Como figuras universales de los siglos anteriores, aparecen Safo, Santa Teresa, Sor Juana, Elizabeth Barret Browning y Emily Dickinson, como las únicas trascendentes. Para entender la poesía escrita por mujeres en Estados Unidos, es necesario tener primero una noción de las formas y figuras creadas en el siglo XIX, ya que son los peldaños de una tradición conocida por su impulso cosmopolita pero provinciano a la vez. En este sentido, la presencia de Dickinson es necesaria para establecer un nexo que contextualice esa producción, ya que es la única mujer reconocida por los poetas y la academia como precursora de las formas líricas del siglo XX. Por eso, esta antología se cifra en un verso suyo.
86 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
RIL Editores
Publicación original
2010
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Opiniones

    Mariela Rafaelacompartió su opiniónhace 4 meses
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    Santiago Battistincompartió su opiniónhace 2 años
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Citas

    Hugo Cervantescompartió una citahace 17 días
    estas caderas son grandes caderas
    necesitan espacio
    para moverse.
    no entran en pequeños
    lugares bonitos. estas caderas
    son caderas libres.
    no les gusta que las detengan.
    estas caderas nunca fueron esclavizadas,
    van adonde quieran ir
    hacen lo que quieran hacer
    Hugo Cervantescompartió una citahace 4 meses
    con huesos nuevos estaríamos espléndidos.
    otra gente cree que sabe
    cuán larga es la vida
    cuán fuerte es la vida.
    nosotros sabemos
    Hugo Cervantescompartió una citahace 4 meses
    Extraña hermana
    las brujas negras saben que
    el terror no está en la luna
    coreografiando danzas de lobizonas
    y que el terror no está en la escoba
    balanceándose al murmullo de música gatuna
    ni en la cara salvaje del reloj que sonríe desde la pared,
    el terror está en el rosado ordinario
    en la ventana
    y en los cercos, morales como el fuego
    y en la cara ordinaria de la mujer blanca que nos mira
    mientras amasa a golpes el pan de cada día.

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