Lisa Kleypas

Casarse con él

Avisarme cuando se agregue el libro
Para leer este libro carga un archivo EPUB o FB2 en Bookmate. ¿Cómo puedo cargar un libro?
  • Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 9 meses
    Menudo par de elementos estamos hechos. Tú intentaste estafarlo y yo hice proposiciones deshonestas a la mujer que ama.

    Se sentía realmente incómodo. Devon no era ningún santo, pero siempre había sido un buen amigo, y se merecía que lo trataran mejor.
  • Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 9 meses
    —Quería respetar tus pertenencias —dijo Rhys, apesadumbrado.

    —Estabas distraído en otra cosa —musitó Helen.

    —Trastornado, sería la palabra
  • Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 9 meses
    —Recuerdo que ardía de fiebre. Y que la pierna me dolía horrores. Entonces oí tu voz y sentí tu mano fresca en la frente. Y me diste a beber algo dulce.

    —Una infusión de orquídeas. —Había aprendido mucho sobre las propiedades medicinales de las plantas al estudiar las libretas botánicas de su madre.

    —Y entonces permitiste que descansara la cabeza aquí. —Desplazó la mano libre y la situó en la parte superior del tórax de ella.

    —No creía que lo recordarías. Estabas muy mal —comentó Helen, inspirando con dificultad.

    —Lo recordaré hasta el último momento de mi vida.
  • Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 10 meses
    —Empezaría enseñándote una palabra galesa: hiraeth —respondió tras pensar un momento—. No tiene equivalente en inglés.

    —Hiraeth —repitió Helen, tratando de pronunciar la r como había hecho él.

    —Sí. Es la añoranza por algo que se ha perdido o que jamás existió. Lo sientes por una persona, por un lugar o por una época de tu vida… es una tristeza del alma. Hiraeth embarga a un galés incluso cuando está más cerca de la felicidad, y le recuerda que está incompleto.

    —¿Te sientes así? —preguntó Helen con gesto de preocupación.

    —Desde el día que nací. —Bajó los ojos hacia el rostro menudo y encantador de ella y añadió—: Pero no cuando estoy a tu lado. Por eso quiero casarme contigo.
  • Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 10 meses
    —¿Por qué has hablado en pasado? —preguntó parpadeando—. Todavía… me quieres, ¿verdad?

    —Da igual lo que yo quiera. Ahora Trenear ya nunca dará su consentimiento a nuestro enlace.

    —Fue él quien lo sugirió inicialmente. Si dejo claro que estoy más que dispuesta a casarme contigo, estoy segura de que lo aceptará.

    Hubo una pausa.

    —Nadie te lo ha contado, entonces.

    Helen le dirigió una mirada inquisitiva.

    —El día que Kathleen vino a verme me porté mal —dijo, metiéndose las manos en los bolsillos—. Después de que me dijera que ya no querías volver a verme, yo… —Esbozó una sonrisa torcida.

    —¿Qué hiciste? —lo animó Helen, ceñuda.

    —No importa. Trenear me interrumpió cuando vino a buscarla. Y casi llegamos a las manos.

    —¿Qué interrumpió? ¿Qué estabas haciendo?

    —La insulté. Con una proposición —respondió, desviando la mirada con una mueca.

    —¿Se la hiciste en serio? —inquirió Helen con los ojos desorbitados.

    —Claro que no —contestó con brusquedad—. No le puse ni un puñetero dedo encima. Te quería a ti. No tengo el menor interés en esa pequeña arpía, solo estaba enojado con ella por haberse entrometido.

    —Le debes una disculpa —indicó Helen con una mirada de reproche.

    —Ella me la debe a mí por haberme privado de una esposa.
  • Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 10 meses
    A ella le escocían los ojos. ¿Cómo se había malogrado todo tan deprisa? ¿Cómo podía haberlo perdido tan fácilmente?

    —Kathleen no tendría que haberte hablado en mi nombre —dijo, presa de tristeza y pesar—. Creía que me estaba protegiendo, pero…

    —Y era así.

    —Yo no quería que me protegieran de ti. —Intentar mantener la compostura era como tratar de correr por la arena: los cambios que experimentaban sus emociones le impedían avanzar. Para su vergüenza, se le humedecieron los ojos y se le escapó un sollozo—. Estuve postrada en cama un día con migraña —prosiguió—, y cuando desperté la mañana siguiente, nuestro compromiso estaba roto, te había perdido y ni siquiera…

    —Helen, no.

    —Creía que solo era un malentendido. Pensaba que si hablaba directamente contigo, todo se so-solucionaría y… —Se atragantó con otro sollozo. La consumía tanto la emoción que apenas fue consciente de que Rhys se le acercaba, tendía las manos hacia ella y volvía a retirarlas.

    —No, no llores. Por el amor de Dios, Helen…

    —No fue mi intención apartarte. No sabía qué hacer. ¿Cómo puedo hacer que vuelvas a quererme?

    Esperaba una respuesta sarcástica, o puede que incluso desdeñosa, pero no un sentido susurro.

    —Sí te quiero, cariad. Te quiero demasiado.

    Lo miró a través de las lágrimas, pestañeando, emitiendo unos vergonzosos sollozos, como una niña pequeña. Antes de darse cuenta, la había estrechado contra su cuerpo.

    —Chisss… —Su voz, que bajó una octava, le acarició los oídos como si fuera terciopelo—. Chisss, bychan, pequeña, paloma mía. No hay nada que se merezca tu llanto.

    —Tú sí.
  • Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 10 meses
    —No puedo ser un caballero —soltó con voz ronca—. Ni siquiera para usted.

    —No tiene que ser un caballero. Solo un hombre amable y delicado.

    Nadie le había pedido nunca algo así. Sujetó con tanta fuerza el borde de la mesa que la madera amenazó con romperse.

    —Cariad… la forma en que te quiero no tiene nada de delicado. —Le sobresaltó la palabra cariñosa que se le había escapado y que jamás había utilizado con nadie.

    Helen le tocó la mandíbula y él sintió el contacto de sus dedos como dos llamas frías en la piel.

    Se puso tenso de la cabeza a los pies.

    —Inténtalo —susurró Helen—. Por mí.
  • Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 10 meses
    Empezó a incorporarse, pero Helen se acercó más a él, hasta quedar situada entre sus pies separados. La vacilante presión de su mano en el pecho lo llenó de deseo. Rhys hizo acopio de todas sus fuerzas para conservar el poco autodominio que le quedaba. Estaba a un aterrador centímetro de abalanzarse sobre ella. De devorarla.

    —¿Volvería… volvería a besarme? —dijo Helen.

    En términos de ayudar, Helen no ayuda nada xD

  • Ivanna Peñaloza Acevedocompartió una citahace 10 meses
    Aunque el velo le ocultaba el rostro, reconoció la postura perfecta y la fina esbeltez de Helen.

    Se obligó a recorrer la distancia que los separaba. Incapaz de decir nada, se detuvo delante de ella, ofuscado por el resentimiento y, aun así, embriagado por la dulce fragancia que irradiaba, que inhaló con avidez incontenible.
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)