Al recordar su viaje a Japón en una entrevista concedida a France Culture en 1984, el pintor Pierre Soulages describía el espacio de un templo y el sonido que producía su presencia en él:
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Lo que me interesa de los sonidos es, por supuesto, el timbre, todo lo que es sonido, pero también el espacio imaginario que éste crea, la forma en que se desarrolla. Lo bonito de aquella campana de bronce perdida en el campo húmedo y en la noche era la manera que tenía de marcharse en el espacio, la manera que tenía el sonido de dejarnos.