Humphrey Slater

Los herejes

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Aquella tarde del 17 de julio de 1936 en un café de Málaga, el coronel Córdova no pudo evitar echar un vistazo a los tres jóvenes antropólogos ingleses que, sentados en un rincón del local, charlaban animadamente sobre una novela acerca de la trágica suerte de tres niños —Elizabeth, Paul y Simon, como se llaman también los tres jóvenes— cuyos padres habían sido condenados a morir en la hoguera víctimas de la cruzada que la Iglesia había emprendido contra la herejía cátara. «No te sientas tan segura de que los días de la persecución de la heterodoxia hayan quedado atrás», le previene Simon a Elizabeth bajo la atenta mirada del militar. Al día siguiente, España entera revienta en una guerra fratricida y sin cuartel, convirtiéndose en un lugar inhóspito para la libertad de pensamiento y en un terreno abonado al odio y la intolerancia donde nada ni nadie estará a salvo de cruzadas, purgas, ejecuciones y traiciones, llámense brigadistas, anarquistas, republicanos, comunistas o militares.Escrita en 1946 y traducida ahora por vez primera en España, Los herejes son dos novelas en una, un sorprendente ejercicio literario sobre la intransigencia de los fanatismos que trasciende los límites del género tanto en la forma como en el fondo. A través de su peculiar estructura narrativa, Humphrey Slater, un comunista británico que luchó en las Brigadas Internacionales y cuyo paso por la Guerra Civil española fue la causa de su desengaño del comunismo, retrata y vehicula dos momentos históricos clave en el auge del totalitarismo —religioso y político— y las consecuencias del fanatismo.
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275 páginas impresas
Publicación original
2012
Año de publicación
2012
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Citas

    furtazacompartió una citael año pasado
    La devota crueldad de Simon respecto a su acción política, que consideraba algo místico, superior a los individuos reales y a la que éstos debían estar completamente subordinados, en opinión de Elizabeth apenas se diferenciaba del fanatismo de la antigua Inquisición eclesiástica y se basaba en la misma sutil falacia semántica.
    furtazacompartió una citael año pasado
    Simon juzgó que la fracción había cometido un error. Tenían que haber concentrado la atención de la reunión en las cuestiones del día a día que debían afrontar los maestros franceses allí presentes. Aquellas discusiones, en las que salían a relucir falacias sobre Rusia, eran un viejo truco utilizado para distraer a la gente de los asuntos realmente importantes del momento.
    furtazacompartió una citael año pasado
    André les contó las dificultades de la fracción del partido en la conferencia. Comentó con alegre ironía la difícil e incómoda posición en la que se habían encontrado los miembros del partido. El día anterior, uno de los maestros socialdemócratas había lanzado un furibundo ataque contra los comunistas por un supuesto nuevo decreto soviético que instauraba la pena de muerte para los niños mayores de doce años, condenados por ciertos delitos políticos y de otro tipo. Como era natural, los miembros de la fracción habían intervenido para negar la existencia del presunto decreto y para condenar aquel discurso falto de escrúpulos y basado en unos rumores a todas luces falsos. Sin embargo, aquella misma tarde, dijo André, el decreto había aparecido publicado en el periódico de su partido y se habían visto en un buen apuro.
    Elizabeth se interesó por cómo habían reaccionado y André explicó que habían decidido plantar cara al enemigo. Habían argüido que, bajo un régimen socialista, la educación era infinitamente mejor que en los países capitalistas y que, a los doce años, los chicos ya eran completamente adultos, políticamente hablando, y que, por lo tanto, aquel decreto reconocía legalmente una nueva manifestación concreta del triunfo del socialismo en la URSS.
    Elizabeth le preguntó a André si se creía realmente lo que estaba diciendo y él respondió que, en un sentido histórico general, era del

En las estanterías

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