Sarah Orne Jewett

La tierra de los abetos puntiagudos

Definida por Henry James como «una pequeña y hermosa obra maestra» y considerada como un clásico incontestable de las letras anglosajonas del siglo XIX, La tierra de los abetos puntiagudos es la gran novela de Sarah Orne Jewett, una de las voces más respetadas de la literatura regionalista estadounidense.
El verano acaba de empezar y a la localidad costera de Dunnet Landing llega una escritora en busca de un lugar tranquilo donde refugiarse del ajetreo de la ciudad y poner punto final a su libro. Allí alquila una habitación en casa de la señora Todd, una experta botánica que vende remedios caseros preparados con las plantas de su jardín y con la que entablará una profunda amistad. Ella será la encargada de introducirla en la vida social de una comunidad que parece discurrir aislada bajo la imponente presencia de los abetos a los que alude el título.
Sarah Orne Jewett construye una magnífica novela que retrata con sensibilidad y nostalgia un mundo en vías de desaparición, y nos presenta una memorable galería de personajes femeninos: mujeres independientes y de gran entereza que defienden su derecho a la soledad y que tejen una firme red de cuidados y afectos.
158 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2016
Año de publicación
2016
Editorial
Dos Bigotes
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Opiniones

    Dianela Villicaña Denacompartió su opiniónhace 2 años
    👍Me gustó

    Liliana M.compartió su opiniónhace 4 años
    👍Me gustó
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    🐼Adorable

Citas

    Daiyacompartió una citahace 2 años
    Nada tiene que envidiar al placer de la búsqueda del oro la satisfacción que uno experimenta al encontrar la riqueza escondida bajo un buen sembrado de patatas.
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 2 años
    nos dirigimos mar adentro para doblar el alargado promontorio del cabo que nos había dado cobijo, y cuando miré atrás de nuevo, las islas y el mismo cabo ya eran uno y Dunnet Landing y todas sus costas habían quedado fuera de mi vista
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 2 años
    pequeño pueblo, con los altos mástiles de sus goletas varadas en la bahía interior, destacó sobre la línea del mar durante algunos minutos y después se volvió a fundir en la uniformidad de la costa y ya no se podía distinguir del resto de aldeas que parecían desgranarse sobre el verde confuso de la pedregosa playa

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