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Padre José Luis Correa Lira

Mi Corazón esta Firme. Afectividad y sexualidad sacerdotal

El celibato, antes que una norma eclesiástica, es un don de Dios para el sacerdote y para la iglesia, que esta vinculado a la entrega total al Señor en una relación exclusiva, también en la dimensión afectiva. Esto supone una profunda intimidad con Cristo, que sin duda es capaz de saciar y trasformar el corazón de sus ministros.
Ante todo, el celibato es signo y estimulo de la caridad pastoral; brota de la experiencia personal del amor incondicional de Dios que suscita la entrega total a Él y al servicio de los hermanos.
Como dice el concilio Vaticano II: “Por la virginidad o el celibato a causa del reino de los cielos, los presbíteros se consagran a Cristo de una manera nueva y excelente y se unen más fácilmente a él con un corazón no dividido.
248 páginas impresas
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Patagonia
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Citas

    Mariano Servín Rojascompartió una citahace 4 años
    Me permito aconsejarles que no sólo confeccionen una letanía de la misericordia, sino que se reserven por principio un lugarcito en el examen de conciencia vespertino para preguntarse: ¿por qué debo agradecer hoy? ¿Y cómo puedo recuperar lo que he descuidado el día de hoy?”235
    Mariano Servín Rojascompartió una citahace 4 años
    La primera torre es el elevado, ardiente amor a Dios;

    l la segunda, la profunda humildad;

    l la tercera, una mortificación esclarecida, eficaz;

    l la cuarta, el trabajo creador;

    l y la quinta es la alegría distendida y noble.”
    Mariano Servín Rojascompartió una citahace 4 años
    “Supongamos que en mi campo pastoral me he apegado apasio­nadamente a una mujer. Y advierto que en mí se despiertan ins­tintos que arrastran hacia abajo. Si me esfuerzo entonces por en­tre­gar todo mi amor a Dios, ¿no es de esperar que con el tiempo se genere una cierta reserva para con esa mujer? Cuando en las tentaciones se produce alguna alteración física, entonces se hace especialmente necesario aplicar el método positivo. Con el tiempo todas esas tentaciones deben ser expulsadas del alma con la mayor rapidez posible. Vale decir, con la mayor celeridad posible el alma ha de apartar su atención de esas cosas, de lo contrario la concentración durante la lucha se enfocará más en lo físico y lo físico adquirirá mayor fuerza. Toda ocupación prolongada con esas cosas genera una predisposición para similares tentaciones posteriores que calen aún más en lo profundo. Pero si en cambio me empeño por concentrar todo mi ser en una gran meta, en un gran valor, ciertamente padeceré tentaciones, pero tendré una actitud positiva. Y ése es el único método correcto.
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