Tetas jóvenes. Aunque yo ni de joven las tuve. Mi mamá tampoco, por eso ella odiaba esa creencia popular que dice que las tetas perfectas tienen que entrar justas en una copa de champán. De las copas redondas, no las alargaditas, por supuesto. ¿O ésas son de sidra? Yo de chica tenía esa fantasía. Me las medía. De lejos. Nunca me atreví a hacer la prueba concreta. Me daba miedo que la copa me hiciera un efecto sopapa y mis tetas quedaran atrapadas para siempre. Esas pavadas que una piensa cuando todavía es inocente.