Pero he de añadir que, si bien es cierto que la humanidad deja su huella en el mundo natural y lo transforma, también la naturaleza deja su impronta en el mundo humano y lo transforma. O, por emplear el lenguaje de la jerarquía contra sí mismo: no solo somos nosotros los que «domesticamos» la naturaleza, sino que también es la naturaleza la que nos «domestica» a nosotros.