UN PEÓN SE AVENTURA MÁS ALLÁ
DE LO SEÑALADO EN EL LIBRETO
Henos aquí, nel mezzo del cammin di nostra vita,
enteramente insomnes, a solas, sin Virgilio
que nos guíe en esta noche, ni perspectiva alguna
de viajes a través de oscuras sendas. Solos así,
nada alegóricos. Concretos. Casi en exceso humanos,
puntuales como un vuelo en avión, verdaderos
como un trozo de bistec y una camisa bien planchada.
¿Pero qué comedia es ésta en que un final sin aspavientos
ya se intuye? ¡Mira que en la función de estreno escamotear
el clímax! Esos murmullos en primera fila,
y aquellos espectadores que muy poco discretos se levantan
y se van. Aplausos no esperemos ni una crítica a favor
en los periódicos: “Monótona y sobreactuada, nada hay
aquí, ni nada memorable. Lo peor: el protagónico.
Esa sin fin mudanza de rostros y de actores para representarlo.
Esa primera niñez en que es narrado por sus padres, sus hermanos.
Esos años primeros convertido en animal, en conejo,
en superhéroe. Los intentos de suicidio, cada año,
de la infancia a la adultez. Tras cada intento el rostro nuevo
de un actor, de una actriz o de una marioneta. Bromas forzadas
del segundo acto, parodia del primero. Tercer acto: línea por línea
idéntico al segundo. Telón. La intención, si la tuvo, se me escapa”.
Torpe libreto en que pusimos corazón y manos.
Teatro de mala fama, de arrabal, sin puertas en los baños.
Y goteras en los palcos. Y goteras también (no están
en el libreto) en mitad del escenario.
Ah, el despertar, sobre las ruinas
de aquel maltrecho reino. El único camino, seis de Dama,
es hacia el frente. No hay audacia.
Sólo la calculada intuición de algún futuro.
Una posible senda. Algo posible. Algo.