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E.M.Delafield

Citas

Brenda Britocompartió una citahace 3 meses
El barco se alejó a ritmo lento del lateral del muelle. Varios de los pasajeros dijeron entonces: «Bueno, bueno, ¡al fin, zarpamos!» a otros tantos que hasta entonces solo habían pensado en decirlo.

Owen Quentillian recordó otra travesía por mar, más larga, que él mismo había hecho cuando era muy pequeño. Y, con mucha más claridad todavía, recordó su llegada a St. Gwenllian.

Era precisamente lo que deseaba evocar, consciente como estaba de la necesidad de reanudar aquel vínculo que se había visto interrumpido durante años casi sin advertencia.

Dejó que su pensamiento viajara al pasado y se vio así: un niño diminuto, desconsolado y tembloroso, a quien apartaban de papá y mamá en la mismísima estación y sentaban en un carro abierto de
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asientos, junto a la señorita Lucilla Morchard.

La conversación entre ambos, según alcanzaba a rememorar, había discurrido por derroteros extrañamente categóricos.

—¿Y tú quién eres?

—Soy la hija del canónigo Morchard. Puedes decirme Lucilla.

—¿Y cuántos años tienes?

—Quince, pero no está bien preguntarles la edad a las personas adultas.

—Ah, ¿y tú ya eres una persona adulta?

—Claro que sí. Mi madre murió, y yo cuido de la casa y de mis hermanos y hermanas, y ahora voy a cuidarte a ti también.

Lucilla había esbozado una sonrisa de lo más amable al decir aquello.

—¿Cuántos niños hay?

—Tres, en casa. El mayor está en la escuela.

—¿Y los demás cómo se llaman?
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