Cuando Masaji, de 13 años, y su familia se fueron a Corea del Norte se les prometió que ahí encontrarían el cielo en la tierra. Lo que terminaron viviendo fue un verdadero infierno en el que, de entrada y debido a que provenian de Japón, de la noche a la mañana formaron parte de la clase social más baja del país, y si aun aquellos nacidos en aquel lugar tenían pocas oportunidades de salir adelante, para Misaji y su familia simplemente se veía imposible.
Leer un testimonio tan cercano sobre lo que fue la hermética Corea del Norte desde los 60's me ha resultado fascinante e ilustrativo, y aun así pasaba de la incredulidad a las lágrimas y luego al coraje en cuestión de párrafos. Es desesperante saber que al protagonista la está pasando fatal y que, por más que trabaje y se esfuerce, su condición jamás mejorará a causa del sistema.
El corazón terminó de caerseme al suelo cuando vi que ya había llegado al epílogo y la historia de Masaji parecía no tener fin.
Ampliamente recomendado, la narración es ligerita y se lee rápido, aunque con el corazón apretujado.