El Hombre occidental ha determinado que lo humorístico conlleva, forzosamente, una relación de poder desigual: humillación, dominación, control, ridiculización, opresión explícita, encaminados a una manifestación aleccionadora, al disciplinamiento, al escarnio público moralizante que obtiene su efecto al feminizar a quien es sujeto-objeto de la risa. Lo que entendemos por humor tiene una explicación eurocentrista.