La especialización de los saberes es inevitable en las sociedades complejas y de ningún modo descalifico a los científicos que la encarnan; más bien los admiro: su papel es fundamental. No podemos criticar una política energética fundada sobre la energía nuclear sin tomar como base los trabajos de especialistas que saben cómo funciona una central, que nos explican cuáles son los riesgos de un accidente y qué consecuencias tendría sobre la población de una ciudad, región o continente. Los movimientos ecologistas lo comprendieron hace mucho.