Aun conociendo la historia de Divina Arriaga y sus calamitosas relaciones con la ciudad, Lina no llegaba a explicarse tal resentimiento; no podía entonces sospechar la intolerable subversión que para cualquier sociedad representa una mujer libre frente a sí misma y a los demás, pero sobre todo, capaz de barrer con una mirada todo espejismo hasta dejar al rey desnudo y de ir todavía más allá, a la región donde el rey nunca había existido ni existiría jamás.