Fórcola Ediciones

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Fórcola es un sello que edita libros de ensayo relacionados con la cultura y la sociedad, narrativa ensayística que como género goza de muchos y fieles seguidores. Su vocación es la de realizar un trabajo de edición «de editor», es decir, edición de catálogo, coherente, identificable, rigurosa, de fondo, con vocación de futuro, con voluntad estética y dimensión cultural.
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    PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO CULTURAL 2021

    En este ecosistema de rutina y realismo estricto en el que se han convertido nuestras vidas, la cultura es, para muchos de nosotros, robinsones náufragos de tantas pérdidas, una verdadera tabla de salvación, esa isla del tesoro que nos da refugio y nos permite sobrevivir al temporal, la única en la que la imaginación y el conocimiento echan raíces. El ruido y la saturación mediática nos incapacitan día a día a entender lo que nombran las palabras, lo que dicen las imágenes, lo que nos proponen la literatura, el cine, el arte o la música, todo aquello que sucede en una ciudad de la que sólo somos cicatrices y ecos. Frente a ello, la cultura no sólo nos aísla en el disfrute, el conocimiento y el reencuentro con nosotros mismos: también nos libera de la alienación del mundo-pantalla de cuyo laberinto de superficialidades, violencias y abismos somos rehenes.

    La cultura es un detective que interroga lo que se esconde detrás de las apariencias de lo real, e indaga en los pasillos por los que siempre se escapa la imaginación. De su luz aprendemos a crear palabras nuevas, a construir imágenes distintas, a existir de otra forma más enriquecedora, del otro lado del espejo. La cultura es el lugar desde el que mirar el mundo con sentido crítico, y el estilo con el que lo vivimos de forma más auténtica.
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    Los diarios de Raúl Carlos Maícas –quien practica el raro vicio de pensar y escribir desdeñando el imperio del mercado— son pequeñas radiografías de un agridulce deterioro, especulaciones inciertas y disidentes sobre la casualidad o el destino. Lector compulsivo, melómano ecléctico y amateur, tintinófilo amante de la línea clara, se confiesa melancólico, iconoclasta y heterodoxo militante. De vocación volteriana, despliega en estos diarios una mirada terapéutica y crítica, sin puertas falsas, sobre la realidad que le interpela, sin renunciar a los pequeños gozos de la existencia, ni cercenar la posibilidad de cualquier reencuentro conciliador, sorprendente y lírico con quien le agravia.

    El noctámbulo oficio de escribir un diario, tarea íntima que consiste en conocerse mejor, adquiere intensidades éticas y estéticas cuando, como es el caso, se pone al servicio del combate, ingenioso y sin complejos, contra la vileza. Así, la escritura se convierte en el único refugio útil para un espíritu atormentado, rebelde y letraherido. Sólo aquí puede zarandear, negro sobre blanco, sus conflictivos silencios y difundir, sin reparos ni censuras, las verdades más íntimas. Como en sus dos entregas anteriores –Días sin huella (1998) y La marea del tiempo (2007)–, en La nieve sobre el agua Maícas lleva a cabo un breve inventario de opiniones contundentes, subterráneas ironías y entusiasmos reivindicativos. Son prosas para saciar un discreto almacén de ambiciones, bienaventuranzas y pasiones corsarias; para soportar la indecible estupidez de un entorno difícil especializado en naderías.

    Cosmopolita y viajero inmóvil voluntariamente recluido en una isla del interior de España, Maícas recurre al diario para sobrevivir en el tedio provinciano y calmar ansiedades creativas, creando un pequeño circo, sin graves sobresaltos, que construye cada día para disfrute propio. Escribe, finalmente, porque la realidad no le basta y quiere hacerle frente con un poco de literatura.

    «La nieve sobre el agua (Fórcola) es la tercera entrega de los diarios de Raúl Carlos Maicas, que ha hecho de Turia -¡treinta y cinco años van!— la joya de la corona de las revistas culturales españolas. Con rasgos de afilada y sintética inteligencia, Maicas nos regala nutritivas páginas de este bien cultivado libro.»
    Manuel Hidalgo, El Mundo
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    Andreu Navarra, historiador e investigador versado en el regeneracionismo español de finales del siglo XIX y principios del XX y –como excepcional biógrafo de Eugeni d'Ors— gran conocedor de las figuras señeras de la literatura y el ensayismo catalán de los últimos cien años, aborda en este ensayo las relaciones de José Ortega y Gasset con el entorno catalán de su época, y de cómo accedió a colaborar políticamente con el catalanismo conservador durante los últimos compases de la dictadura de Primo de Rivera.

    Navarra trata de explicar de qué forma Ortega utilizó las publicaciones que inspiraba –Faro, España, El Sol y Revista de Occidente— para obtener, a partir de informantes catalanes o que conocían Cataluña en profundidad, la materia que necesitaba para elaborar ensayos capitales como España invertebrada y La redención de las provincias o su discurso sobre el Estatuto de Autonomía en las Cortes de 1932. Analiza las razones por las que Ortega se distanció de Cambó y la Liga Regionalista, y aquellas por las que nunca aceptó posiciones federalistas ni simpatizó jamás con la generación catalanista republicana. Partiendo de un costismo liberal y centralista, Ortega se volvió autonomista, pero se opuso al estatuto catalán de 1932 como al frustrado de 1919.

    Ortega se carteó con decenas de intelectuales catalanes; a partir de esa correspondencia, Navarra se plantea cómo el filósofo sintió la cultura en lengua catalana, hasta qué punto la conocía, o qué pensaban del propio Ortega personajes de importancia como Joan Maragall, Josep Pla, Eugenio d'Ors, Josep Carner, Alexandre Plana, Antoni Rovira i Virgili, Rafael Campalans, Joan Estelrich, Amadeu Hurtado, Humbert Torres, Carrasco i Formiguera o Josep Ferrater Mora. Volver a pensar las relaciones del filósofo español más importante del siglo XX con los catalanes no es tarea baladí, en un momento histórico en que tanto se invoca la necesidad del diálogo para superar una situación enquistada. Con abundante material inédito de archivo, Navarra detalla cómo se desarrolló uno de los diálogos políticos más importantes de la España contemporánea. Ajustar nuestra mirada sobre la figura de Ortega significa situar la lente sobre lo mejor que pudo dar la cultura española anterior a la Guerra Civil. Significa, por lo tanto, explorar los límites del reformismo estatal en nuestro país.

    «Lleno de equilibrio e información, este volumen nos lleva sin remedio a establecer una estrecha analogía entre la Cataluña y la España del siglo presente. El ajustado prólogo de Ignacio Peyró completa un fluido volumen lleno de equilibrio e información.»
    Bernabé Sarabia, El Cultural
  • Fórcola Edicionesagregó un libro a la estanteríaFórcola Edicionesel año pasado
    José Ortega y Gasset tuvo un profundo y constante interés por los temas psicológicos. Ya en 1915 pronunció una serie de lecciones sobre un «Sistema de psicología», en el Ateneo de Madrid, a la que siguieron otras, de las que tenemos prueba fehaciente en muchas páginas de El Espectador y en otros lugares a lo largo de su ingente producción filosófica. Ortega habló incluso en alguna ocasión de «nosotros, los psicólogos», y criticó la que consideraba como una “escandalosa” pobreza de conceptos que le parecía hallar en las obras psicológicas de su tiempo, haciendo esfuerzos por remediarlo en sus clases y en sus libros.

    Como clarifica Helio Carpintero en este volumen –que aglutina todos los ensayos que en los últimos cincuenta años ha dedicado a esta faceta menos conocida del filósofo español y que quedará como un insustituible libro de referencia–, las reflexiones orteguianas sobre la psicología –de las que sorprende la amplitud de sus conocimientos sobre las escuelas de la época, y que conforman un corpus atractivo y variado, disperso por las miles de páginas de sus Obras completas— han influido en toda una serie de psicólogos, psiquiatras e intelectuales españoles, entre los que destacan José Germain, José Luis Pinillos, Mariano Yela, Luis Valenciano, Antonio Rodríguez Huéscar, Gonzalo Rodríguez Lafora, José María Sacristán y Julián Marías. La psicología de nuestro tiempo puede encontrar una orientación intelectual sólida en el pensamiento y la idea que Ortega tenía de la psicología –esa «ciencia explicativa de la vida biográfica»— y puede hacer de la realidad radical de “mi vida” su piedra de toque.

    Completa este volumen su Discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, donde Helio Carpintero plantea un esbozo de una psicología según la razón vital, con el objetivo de contribuir a dar solidez a una psicología concebida como ciencia, abierta a la filosofía y la antropología, y orientada hacia una intervención social destinada a promover las cotas máximas de calidad de vida.

    «Un ensayo que todo orteguiano –y todo interesado en el desarrollo del pensamiento hispanoamericano del siglo XX— ha de leer.»
    Carlos Javier González Serrano, Revista Filosofía & Co
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    ¿Quién era Glenn Gould? ¿Por qué ha fascinado y continúa fascinando a legiones de oyentes, de críticos, de simples apasionados? ¿Por qué su mito continúa alimentándose hoy, tantos años después de su muerte? Desde luego, no es por la banal razón de haber sido un músico que amaba los discos y detestaba los conciertos, ni por la curiosidad de conocer a un pianista medio loco que andaba por ahí con abrigo y guantes hasta en verano. Para hablar de Gould no es necesario sacar a colación única y exclusivamente su misoginia, su misantropía y sus extravagancias, como se ha hecho tantas veces. No es necesario, aunque todo ello sea cierto. Gould era un intelectual de primer orden, y en este ensayo, más allá de la biografía, Carmelo Di Gennaro aborda la figura del genial pianista de un modo crítico, considerándolo y juzgándolo en profundidad no sólo a través de la escucha consciente de los testimonios discográficos y videográficos de que disponemos, sino también del estudio de los numerosos escritos –entrevistas, ensayos y artículos— que nos ha dejado el artista. Su objetivo es arrojar luz sobre lo novedoso y extraordinario de su trabajo como intérprete, la coherencia interna de su sistema de pensamiento riguroso, más profundo y auténtico en su núcleo, pero muy especialmente a través de una reconsideración radical de la propia profesión.
    Di Gennaro no pretende exaltar el mito, sino restituir a su justa dimensión a un artista que siempre trabajó –tanto en el estudio de grabación como en televisión y radio o en la sala de conciertos— en función de un público: el objetivo principal de la obra intelectual del pianista canadiense fue construir una nueva didáctica musical y, en consecuencia, formar un público nuevo. Gould orientó su actividad intelectual hacia la democratización de la cultura y de la cultura musical en particular, más allá de las apariencias y de las idiosincrasias declaradas o no.
    «Carmelo di Gennaro nos presenta un Gould a contracorriente, profundamente intempestivo, que deshace la caricatura del excéntrico para poner de relieve la ambición y el alcance del proyecto gouldiano. En definitiva, un acicate para la tarea crítica y musicológica, pero también para los conservatorios y centros educativos, cuya maquinaria trabaja contra los postulados que Gould, lejos de esa imagen extravagante a la que se reduce una y otra vez, defendió hasta el final, y que contenía un gran alcance revolucionario.»
    Diego A. Civilotti (Platea Magazine)
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    Miguel Ángel Ortiz Albero rastrea en la obra de escritores como Baudelaire, Cioran, Kafka, Sebald o Vila-Matas, y de artistas como Boltanski, Cézanne o Delacroix, la posibilidad de reflexionar acerca de cuándo podía darse por finalizado, si es que esto fuese posible, el proceso de un trabajo creador. Todos aquellos que han cogido una máquina de escribir o un pincel, quienes han esbozado un gesto en el aire o han esculpido la roca, o aquellos que han decidido hilvanar un discurso, todo ellos han soñado al inicio con el resultado perfecto, con la obra ideal que habría de ajustarse a sus anhelos e intenciones. Pero el camino, lo saben, es tortuoso y el proceso es cambiante.

    Ahí están las dudas y las vacilaciones. Ahí surgen la demora, la digresión y el retardo; la imposibilidad o el arrepentimiento; la imprevisión o el azar; las ataduras o las repeticiones. Todo se sitúa, tal vez, entre el grito y el callar. La voluntad de permanencia y el deseo de duración se encuentran frente a frente con el temblor de la mano, y es entonces cuando acechan el hastío, la desilusión, la renuncia o el abandono; incluso, la aniquilación, la destrucción o el borrado. Sea como fuere, es preciso, dicen, seguir pese a la imposibilidad, porque incluso en la putrefacción hay fermentación y hay vida y día logrado.

    Estas Variaciones no son sino una personal lectura de algunas de las muchas reflexiones que sobre la imposibilidad del terminar se han escrito, conformando un trenzado de historias que, como la vida, habrán de quedar inconclusas.
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    El científico y escritor Javier Cacho, autor de la Trilogía sobre los héroes de la conquista de los Polos, nos presenta la apasionante historia del Fram, el buque en el que navegaron tres de los grandes exploradores polares –los noruegos F. Nansen, R. Amundsen (conquistador del Polo Sur) y O. Sverdrup–, y cuyo nombre significa “Adelante”, el verdadero lema de todas las exploraciones árticas y antárticas.
    De él se dijo que era el mejor y más fuerte barco polar jamás conocido. Había sido imaginado para resistir las peores condiciones de navegación; para aprovechar la furia del viento y soportar los embates contra los bloques helados, duros como piedras y afilados como cuchillos; para seguir adelante, siempre adelante: por eso los noruegos le bautizaron como “Fram”. Desde sus primeras singladuras, el Fram simbolizó el espíritu explorador y el ansia por conocer, inagotable como un fuego imposible de apagar: por muchas dificultades que haya y por terribles que sean los peligros, siempre habrá alguien que decida hacerles frente para llegar donde nadie ha estado, para penetrar en lo desconocido, hasta la última frontera. Fue diseñado por el constructor de barcos noruego Colin Archer, por un encargo especial de su compatriota el científico y maestro de la exploración polar Fridtjof Nansen, quien lo ideó para alcanzar el Polo Norte, beneficiándose de la “deriva transpolar” del hielo descubierta por él. Su expedición al Ártico de 1893–1896 logró batir el récord de aproximación al Polo Norte –alcanzó los 82º27'N en diciembre de 1894–, pero no hizo realidad su sueño de alcanzar el Polo. Años después, entre 1898 y 1902, un compatriota de Nansen, el capitán Otto Sverdrup, llevó el Fram a una expedición científica por el archipiélago ártico canadiense, donde descubrió tres grandes islas y cartografió un total de 260.000 km2. Fue otro noruego, Roald Amundsen, quien en la expedición de 1910–1912 lo utilizó para llegar a la Antártida y conquistar el Polo Sur, el 14 de diciembre de 1911. Con ello, el Fram se convertiría en el único buque que había estado más cerca de los dos Polos geográficos del planeta, y el barco polar más famoso de la historia. Permaneció arrinconado durante años en un muelle, pero gracias a la iniciativa del capitán Sverdrup, el explorador Oscar Wisting y el naviero y filántropo Lars Christensen, el Fram fue restaurado y en 1935 se trasladó al museo que lleva su nombre. Ésta es su historia, contada en primera persona.
    «Definitivamente, los libros de Javier Cacho no sólo nos regalan un relato documentado o una narración minuciosa, sino también una historia apasionante, inimitable, la de los héroes de la Conquista de los Polos»
    ABC
  • Fórcola Edicionesagregó un libro a la estanteríaFórcola Edicionesel año pasado
    Dos de las masacres humanas y los regímenes autoritarios más espeluznantes del siglo XX –la demencia nazi, junto con el Holocausto, y el sistema opresivo y sanguinario comunista— reciben desde hace años una atención inabarcable y cobran poco a poco más espacio a través de investigaciones, papeles desclasificados y novelas que parecen no tener fin, logrando una permanente actualidad según se van celebrando los distintos aniversarios.
    Con el paradójico y casi místico título de No habrá muerte, que remite a una cita de El doctor Zhivago, de Borís Pasternak, se ofrece una vista panorámica de lo que para cientos de escritores ha significado histórica y literariamente tanto la Revolución rusa y la creación de la Unión Soviética, más la dictadura de Stalin, como del nacionalsocialismo ascendente que eclosiona con la llegada al poder de Hitler y el asesinato indiscriminado de millones de personas en los campos de exterminio nazis.
    Toni Montesinos revisa y comenta la más reciente bibliografía al respecto, convocando a un gran número de escritores que sufrieron la intimidación política y pese a ello desarrollaron una obra denunciadora y valiente. De tal modo que irán apareciendo los que tanto por un lado –Aleksandr Solzhenitsyn, Marina Tsvietáieva…— como por otro –Primo Levi, Imre Kertész…— quedaron marcados por esta violencia despiadada. Asimismo, surgirán otros, como Wisława Szymborska y Czesław Miłosz, o Iliá Ehrenburg y Joseph Brodsky, que optaron por el exilio, la resignación o la equidistancia, en unas páginas en las que se asoman también Josep Pla, Doris Lessing, Milan Kundera, George Orwell o Vaclav Havel.
    El ensayo, que se completa con una estremecedora cronología literario-suicida, se sumerge en los orígenes de ambos terrores –con el trasfondo además del mundo del espionaje y de las policías secretas— y alcanza hasta la desnazificación y la caída del Muro de Berlín.
    El periodista cultural, escritor y crítico literario barcelonés revisa y comenta un caudal informativo y lo hace de forma tan inteligente como amena. La obra trata así de la revolución bolchevique y el estalinismo y por sus páginas desfilan historiadores y escritores -junto a Solzhenitsyn, Boris Pasternak -de un pasaje de su célebre novela El doctor Zhivago toma Montesinos el título de su ensayo-, Osip Mandelstam, Yuri Dombrovsi, Mijaíl Bulgákov, Vasili Grossman, Marina Tsvietáieva, Anna Ajmátova, Joseph Brodsky…-. El comunismo persiguió no solo a los disidentes sino a todo aquel que consideraran tibio en cantar las bondades de su «paraíso». El Imparcial
  • Fórcola Edicionesagregó un libro a la estanteríaFórcola Edicionesel año pasado
    Vivimos en el ruido del mundo, pero necesitamos antídotos frente a la saturación visual: nuestra mirada ha de ser capaz de alcanzar espacios de silencio. Tras su ensayo Todas las pantallas encendidas. Hacia una resistencia creativa de la mirada, Antón Patiño traza una teoría de la imagen sensible y nos ofrece este Manifiesto de la mirada para hacer de nuestra vida una obra de arte. Así, centrándose en la imagen y la mirada, nos describe las claves de los procesos y resortes emocionales que configuran el hecho creativo.

    El arte es un sexto sentido de la existencia, y la imagen sensorial apela a una experiencia creativa donde los sentidos se entrelazan para reinventar el imaginario. La vida de los sentidos es el principal patrimonio que tenemos, y Patiño nos propone una mirada expandida capaz de vislumbrar el enigma de lo real, a partir de esta consigna vital: Mirada + Memoria = Visión. La acción artística activa una decisiva energía transversal, y configura sinestesias creativas. Pocos espacios como el ámbito artístico asumen el riesgo de la libertad, y la estética como aventura de la mirada irrumpe en lo cotidiano y remueve nuestra memoria, estableciendo nuevos rumbos y trazando recorridos inéditos.

    El autor rastrea los procesos de la imagen –como encrucijada o aleación espacio-temporal–, en pintura, cine, escultura, teatro, fotografía, dibujo, arquitectura, poesía o filosofía. En su periplo, establece puntos de encuentro con poetas y escritores como Lezama Lima, Pessoa, Joyce, Michaux, Artaud, Barthes, Susan Sontag o José Ángel Valente; con pensadores como Bataille, Bachelard, Benjamin, Bergson, Deleuze, Agamben, o Zambrano; y con las experiencias artísticas de Bob Wilson, de Chirico, Louise Bourgeois, Pollock, Beuys, Giacometti, Pina Bausch, Tarkovski, Bill Viola o Yayoi Kusama. Todos ellos son convocados a un diálogo con la intuición del arte, la imagen-emoción, el instante expandido, o el aprendizaje de la mirada.

    «Antón Patiño es un artista de una enorme cultura, sofisticado y, al mismo tiempo, pasional, entregado a la lectura y, por tanto, capaz de proyectar todo tipo de iluminaciones profanas en su frenética escritura. En estas trepidantes páginas, Patiño vuelve a desplegar una reflexión resistente y oportuna.»
    Fernando Castro Flórez, ABC Cultural
  • Fórcola Edicionesagregó un libro a la estanteríaFórcola Edicionesel año pasado
    «Uno de los escritores europeos más destacados de su generación», en palabras de Enrique Vila-Matas
    Miguel Ángel Hernández es un escritor melancólico que siempre ha escrito con mapa, pero que en esta ocasión aborda la redacción de su nuevo diario con brújula. En efecto, el diario de escritura Aquí y ahora no surgió motivado por un encargo, como sus anteriores entregas –Presente continuo y Diario de Ithaca–, sino por una especie de pulsión que llevó al diarista a documentar la toma de decisiones y las inquietudes en el proceso de creación de El dolor de los demás, su tercera novela, que le ha consagrado como «uno de los escritores europeos más destacados de su generación», en palabras de Enrique Vila-Matas. La novela acabó tomando la forma de un diario, tanto en la exploración de la intimidad y la vida cotidiana como en la reflexión sobre el proceso de escritura. Y el diario, a modo de un making of de la novela, llega a funcionar en sí mismo como una novela en curso, una narración con un objetivo en el horizonte –la redacción de un primer manuscrito— y con unos personajes y unas andanzas atravesados de principio a fin por la literatura.
    El diario nos desvela el proceso literario de redacción de la novela, paso a paso, mientras el diarista, entre recuerdos de su infancia en la huerta murciana, sus encuentros con amigos, familiares y escritores, sus clases de Historia del Arte, conferencias, comisariados y viajes mil, se nos muestra en su cotidianidad como un voraz y lúcido lector, o como un consumidor incansable de series de televisión. Si el sentido de la novela era la transformación de la literatura en realidad, el diario emprendió el camino contrario: la conversión de la vida cotidiana en literatura. De tal forma que la novela y el diario forman parte del mismo impulso literario, existiendo un continuum entre ambos libros. El diario, en su epílogo, se adentra en algunos episodios relevantes derivados de la recepción de la novela. Con ellos podría decirse que concluye también El dolor de los demás. En otro lugar. Fuera de campo. A través de ecos y reverberaciones. Escribir es siempre aquí y ahora. Tiempo después.

    “Un escritor culto con un enorme talento narrativo.”
    J. A. Masoliver Ródenas, Culturas, La Vanguardia
    “Un escritor seguro, maduro: sobre todo porque ha comunicado que su literatura tiene mucho que decir.”
    J. M. Pozuelo Yvancos, ABC Cultural
  • Fórcola Edicionesagregó un libro a la estanteríaFórcola Edicionesel año pasado
    El pintor y ensayista Anton Patiño se propone en este libro un análisis crítico de nuestro entorno visual, que desvela los mecanismos perceptivos de dominación. La hegemonía óptica de la imagen-poder segrega una telaraña hipnótica. Todas las pantallas permanecen encendidas (día y noche reclaman nuestra atención). No hay salida, sólo la experiencia creativa, la dimensión poética y la libertad de la mirada pueden servir de antídoto a un totalitarismo del espectáculo narcisista convertido en eje de una autoalienación colectiva sin precedentes. Reclusión insomne. Democracia visual. Pantallas parpadeantes para ojos sin mirada.

    La deconstrucción óptica, el vértigo visual, la aceleración histórica expresan el alcance de los nuevos códigos de representación caracterizados por la simultaneidad perceptiva. Expresando un nuevo ámbito de la mirada y usos de la imagen en ese contexto, Patiño analiza aspectos críticos vinculados a la imagen como mediación instrumental y las posibilidades que nos ofrece el arte para ampliar la percepción, del mero entretenimiento a desarrollar nuestra sensibilidad.

    Vivimos inmersos en una excitada visualidad hegemónica, una iconosfera dominante postula un régimen de la mirada. La imagen-poder en la economía de la atención. Es necesaria una resistencia poética y artística que active el resorte de la duración frente a la disipación (propiciando un reencantamiento del mundo). Patiño traza metáforas del presente convulso (una instantaneidad incesante), y analiza cómo el “efecto actualidad” satura los poros de la realidad construyendo un mundo-imagen. De las máquinas de amnesia a la pantalla omnipresente, vivimos en un entorno narcótico donde la meta parece el olvido programado, el hechizo audiovisual, el embotamiento perceptivo. Se postula la dialéctica de la mirada a través del proceso artístico, una resistencia creativa en imágenes dialécticas que surgen de la duración e indagaciones de la introversión creadora como silencio activo.

    «Antón Patiño es un artista de una enorme cultura, sofisticado y, al mismo tiempo, pasional, entregado a la lectura y, por tanto, capaz de proyectar todo tipo de iluminaciones profanas en su frenética escritura. En estas trepidantes páginas, Patiño vuelve a desplegar una reflexión resistente y oportuna.»
    Fernando Castro Flórez, ABC Cultural
  • Fórcola Edicionesagregó un libro a la estanteríaFórcola Edicionesel año pasado
    Alrededores de Burdeos, verano de 1894. El pintor simbolista francés Odilon Redon (1840–1916) llega al castillo de Pantenac con el encargo de pintar tres grandes óleos para decorar el comedor. Su propietario, el banquero Levy, acaba de adquirir el inmueble en pública subasta instada por los acreedores de los marqueses, dueños del castillo desde el reinado de Francisco I de Francia. Levy desea que Redon retrate a las tres mujeres más seductoras de la Biblia: Betsabé, Judit y Salomé.

    En Pantenac, Redon conocerá a Ainhoa Levy, esposa del banquero y pionera de la fotografía, quien pide al pintor que le permita fotografiarlo mientras trabaja en los tres óleos, al objeto de documentar el proceso creativo. Entre ambos se fragua una amistad que Redon, en cartas dirigidas a sus amigos Paul Gauguin y Stephane Mallarmé, no dudará en calificar de «comunión artística». En torno al pintor y la fotógrafa se congrega una estrafalaria galería de personajes secundarios no exentos de ironía: los señores Legrand, mayordomo y ama de llaves del castillo; Lucien Levy, hijo del banquero y poeta maldito; Remigius Altmayer, jesuita ingeniero que habita la cercana parroquia de Saint Nazaire o Jules Lamort, fotógrafo post mortem, junto a otros personajes célebres como el poeta Paul Verlaine, o el novelista André Gide. La acción tiene lugar en el Medoc, región semidesértica a finales del siglo XIX, surcada por viñedos y azotada por los vientos marinos de la desembocadura del Garona que crean un horizonte de dunas y grandes árboles solitarios. Con ecos a la novela gótica y a los biopics de grandes artistas, Ricardo Lladosa escribe una novela sobre los límites del amor y la amistad, o una novela de fantasmas donde el único fantasma verdadero es el arte.

    “Un texto inquietante”,
    Antón Castro, Heraldo de Aragón

    «Una novela amena e intensa que se lee con fruición»
    Jimy Ruiz Vega

    «Tiene imaginación, humor y capacidad evocativa»,
    José-Carlos Mainer

    «Un amor de Redon es una sólida narración, una sugerente historia donde el arte y el amor se dan la mano»,
    Carmen R. Santos, ABC Cultural
  • Fórcola Edicionesagregó un libro a la estanteríaFórcola Edicionesel año pasado
    Una noche, de regreso a su casa, un hombre atropella a otro y lo mata. Llevado por la curiosidad, el conductor cede al impulso de informarse sobre su víctima: un vagabundo alcohólico cuya muerte no parece tener, en principio, mayores consecuencias o complicación alguna para el homicida. Pero el accidente tiene lugar en un momento delicado de la vida del protagonista, un hombre de éxito que acaba de emprender el camino de su declive personal y económico.

    Brillo de asfalto es la historia del ascenso y caída de Serafín Orduña, un hombre corriente que se ha hecho a sí mismo, con la dosis de audacia necesaria para jugar sus cartas. En paralelo a las pesquisas que realiza sobre Aurelio, la víctima, se nos irá desvelando la trayectoria de Serafín y sabremos cómo llegó a alcanzar éxito y estatus social junto a su mujer, Carmen, compañera de gesta y copropietaria de Sebarit —la empresa que simboliza sus sueños de expansión y grandeza— junto a la que disfruta de una vida holgada. En su investigación de la vida del vagabundo, Orduña, como Ebeneezer Scrooge en Cuento de Navidad, será testigo de la narración de una existencia en gran medida similar a la suya, en un momento en el que tal vez esté a tiempo de no perderlo todo.

    Como una especie de broma macabra del destino, Marian Torrejón nos propone, en un juego de espejos, una historia que muchos habrán oído narrar en los últimos tiempos, pero contada de forma original y cruda. Con su estilo ágil y un ritmo trepidante, la autora ha logrado establecer la distancia necesaria con la realidad para convertir en literatura un tema contémporaneo. La dosis justa de simbolismo y un extraordinario manejo de los personajes y las situaciones contribuyen a la construcción de un escenario cotidiano y fácilmente reconocible que ya se ha convertido, sin embargo, en emblema de toda una época, la nuestra.
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    En octubre de 1933, a bordo del buque Conte Grande, Federico García Lorca viajó rumbo a Argentina, como parte de su travesía cultural por América, convertido en una suerte de embajador de España en tierras del Nuevo Continente. Anteriormente había visitado Nueva York y La Habana, donde sostuvo diálogos con los intelectuales y creadores más representativos de la década de los años treinta. Pero fue en Buenos Aires donde experimentó uno de los mejores momentos profesionales y afectivos de su vida.

    Durante los casi seis meses que permaneció en la capital argentina frecuentó teatros, salones literarios y todos los rincones de la ciudad de la mano de Pablo Neruda y Salvador Novo. Se hizo amigo de Oliverio Girondo y Norah Lange, de Ricardo Molinari y Alfonsina Storni, de Enrique Santos Discépolo y Raúl González Tuñón. Compartió mesa con Carlos Gardel y una todavía adolescente Eva Perón. Ni un solo artista de la escena nacional, como Lola Membrives, o personajes de la época, incluidos Juan Carlos Onetti, Roberto Arlt, Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges, permanecen ausentes de estas páginas, en las que historia, biografías, testimonios, crónicas, y fragmentos de la realidad y de los sueños componen una tupida trama donde comulgan verdad y ficción, vida y literatura.

    Varias son las voces que recorren esta novela, todas fascinantes, como la del propio Lorca, con su extraordinario gracejo –quien escribe o más bien piensa cartas a su madre–, y la de una mujer particular, llamada Cesca, que fascinó al poeta y concitó en él un amor inusual que vivió en paralelo a sus deseos más profundos. Sus viajes, y en concreto éste a Buenos Aires, hicieron que Lorca tendiera un puente entre España y América como quizá ningún otro español lo había hecho hasta entonces.

    Reina Roffé nos descubre en este apasionante libro una etapa poco conocida del poeta, rindiendo a la vez un homenaje a la gran ciudad porteña y a aquél momento cultural único e irrepetible.
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    Finales de verano de 1972. Del puerto de Lisboa zarpa el Renaissance, la joya de la corona de los cruceros Paquet, una de las embarcaciones francesas más exclusivas de entre las que cruzan el Mediterráneo. A bordo del barco se encuentra Arturo Benedetti Michelangeli, uno de los más grandes pianistas de la época, quien ofrecerá durante el viaje un concierto ante un selecto grupo de pasajeros. Resulta increíble que esta leyenda viva del piano, que destaca por su compostura aristocrática, su increíble refinamiento interpretativo y su obsesivo perfeccionismo, esté dispuesta a tocar en un crucero. En efecto, nada más empezar la travesía, estalla una disputa entre los organizadores del concierto y el músico, insatisfecho con el instrumento y con las condiciones de la sala.

    Desde la distancia, testigos de estas tensiones serán dos admiradores del pianista, que han coincidido en el barco para asistir al que podría ser el primer y único concierto de cámara ofrecido por el gran músico. El periplo del Renaissance les llevará, a través del estrecho de Gibraltar, por las costas españolas y francesas, para recalar después en Sicilia, la isla griega de Cefalonia y la costa adriática, hasta su destino final en Venecia. En el transcurso de los días, los ensayos del Cuarteto K493 de Mozart se alternarán con los desplantes y las recriminaciones de un Benedetti Michelangeli inmerso en su compulsiva búsqueda de un ideal de perfección pianística. Mientras el desenlace de los acontecimientos permanece incierto y nadie se atreve a predecir si al final el concierto tendrá lugar o no, el viaje irá desvelando paulatinamente los misteriosos designios que han reunido allí a todos los protagonistas.
  • Fórcola Edicionesagregó un libro a la estanteríaFórcola Edicionesel año pasado
    «Patricia Almarcegui es una de las voces más sensibles y hermosas en nuestro país. Sus libros, imbuidos de una arrebatadora melancolía, poseen una altísima calidad literaria.»
    Jacinto Antón, El País

    ¿Cuántas veces nos habremos preguntado qué habría sido de nuestra vida si hubiésemos tomado ciertas decisiones de modo distinto a lo que finalmente hicimos? "¿Y si, en vez de continuar estudiando en Zaragoza –se preguntó Patricia Almarcegui al concebir esta novela— me hubiera marchado de adolescente a Rusia y me hubiera convertido en la primera española que entra en el Teatro Mariinski de San Petersburgo, el ballet más importante del mundo?" La memoria del cuerpo responde a esta pregunta, en un ejercicio que tensa la literatura para comprobar si se puede crear una determinada experiencia: la de una vida que no se llegó a vivir, pero que tuvo la consistencia real de un deseo. Estas páginas permiten vivir a su autora aquella experiencia: una vida como primera bailarina.
    Desde su retiro en San Petersburgo, a los cincuenta años, la bailarina protagonista de La memoria del cuerpo rememora su vida a través del amor, de su cuerpo y, sobre todo, de la música, a la que estas páginas rinden especial homenaje –la autora nos propone, en la lectura de cada una de las cuatro partes de la novela, una pieza concreta para escuchar de fondo–. De nuevo otro ejercicio en el que se tensa la literatura y el lenguaje.
    En estas memorias ficticias asistimos como testigos a una vida entregada a la danza, y participamos de las experiencias más íntimas, preciosistas y dolorosas de su protagonista. Con el telón de fondo de la ciudad del Neva, sus palacios, teatros y avenidas, se suceden sus reflexiones sobre la ambición y la competitividad; la fama y el sacrificio; el abandono del país de origen por motivos profesionales y culturales; las relaciones personales truncadas por una profesión absorbente; el placer y el deseo; y, sobre todo, ese tema innombrable para las mujeres: la decadencia del cuerpo por el paso del tiempo. El tiempo: «cuando nuestra vida pasa sin más, es una pura nada, y de pronto sólo lo sentimos a él».
  • Fórcola Edicionesagregó un libro a la estanteríaFórcola Edicionesel año pasado
    En su primera novela, Amelia Pérez de Villar se enfrenta al eterno y nunca resuelto problema de nuestra identidad personal y de la propia imagen, de la mano de una persona presa de una peculiar obsesión. Adopta para ello una forma original y de gran intensidad, un registro difícil y arriesgado: el descorazonador y trepidante monólogo de una mujer, de quien apenas conocemos más que su nombre y la inicial de su apellido: Lola B. Ella se convierte en el arquetipo de la mujer, una especie de “Juana nadie”, que desde tiempos de la mitológica Penélope, la paciente esposa de Ulises, espera y desespera por el comienzo de su propia odisea.
    Encontramos ecos de Lola B. en la desesperanza y la amargura de la Carmen de Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes; en el delirio y la locura de La dama de Montecarlo, de Jean Cocteau; o en el tedio y el aburrimiento de las protagonistas de las novelas de Clarice Lispector. La soledad, y no la razón, es la verdadera creadora de nuestros fantasmas, fuente tanto de sueños como de delirios, anhelos y deseos, pero también de frustraciones y traiciones a uno mismo.
    Una novela que deja sin aliento.
    La crítica ha dicho:
    «Una obra audaz y arriesgada, con buen ritmo, llena de sugerencias y muy bien escrita. Una novela que no parece una ópera prima, sino un trabajo de madurez.»
    Fernando Castillo, crítico de ABC
    «Escrito con tanta agudeza como poderío, este libro forma parte de esas ficciones admirables que nos convencen de que no hay demasiada diferencia de intensidad entre la literatura y la auténtica vida.»
    Guzmán Urrero, The Cult
    «Que en estos tiempos cicateros una escritora y un editor se atrevan a poner en la calle un texto tan descarnadamente literario y con una puesta en página similar a un largo poema, constituye una feliz novedad que habría que celebrar como es debido ante el implacable avance de los prosistas decimonónicos y sus replicantes televisivos. Todavía hay vida inteligente. Todavía hay esperanza.»
    Luis Pousa, La Voz de Galicia
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    «Ante una persona sin futuro el rostro se inclina. Parece que así sucede cuando los que amamos se mueren. La vida, como la muerte sin adornos, como la enfermedad, se derrama y huele demasiado para ser un cuento. Ignoro dónde podría yo amarrar mis ojos para olvidar. Me salva el refugio de este sueño controlable que me proporcionan las imágenes enmarcadas. El mundo pasado a imágenes es un bellísimo espejismo, una droga para olvidar la carne y las heridas, para cambiar el curso del tiempo.

    Habitar en esta pantalla le hace a una sentirse al mismo tiempo cobijada y despojada de alma. Y no basta la escritura, pero es necesaria. En algún momento descubrí que nadie alcanza a hacer reflexiva la herida sólo habitándola, sin compartirla con otros, que nadie sobrevive sin interpelar a otros. Y entonces aparecieron “ustedes”, con sus dedos que pasan páginas, con sus señales verdes encendidas, online, muchos, pero solos, como nosotros, como yo. Y la pregunta surgió tras un gemido en su respiración, o en la mía: ¿quién está al otro lado de la puerta, quién dentro, quién mira desde el umbral y quién se ha ido?” En esta su primera novela, Remedios Zafra penetra y lame las vidas que narra con la dureza de quien se siente zarandeado por la muerte de aquél a quien se ama; una muerte aquí duplicada: la física y la social; pero también con el desgarro y la ternura de quien descubre no sentirse ya conminado, como antes, por los otros que “miran y piden”, que “miran y teclean”.

    Con una punzante intensidad narrativa que transita lo poético sin temor a lo reflexivo, la autora deja atravesar la época a través del duelo de una peculiar familia: "Érase un niño huérfano, una mujer-dañada, un amor-máquina y unos ojos de cristal, que llegaron aquí y que vivieron". Lo hace desde la incontenible pulsión autobiográfica que hace (o finge hacer) ficción.
  • Fórcola Edicionesagregó un libro a la estanteríaFórcola Edicionesel año pasado
    La presencia de Klaus, un nuevo vecino de origen alemán que llega a la ciudad para regentar una panadería, abre en la vida de Clara un escenario nuevo, lleno de posibilidades, de experiencias inéditas y de sueños.
    Amelia Pérez de Villar ha escrito una novela intensa en la que la realidad cotidiana de un barrio, con todas sus servidumbres, gratificaciones y pequeños gozos, se cruza con las dificultades de la vida profesional y el trasfondo de cierto periodismo entre rosa y amarillo, con los retos de la familia desde la perspectiva de una mujer joven, madre y ama de casa obligada, y con las derivas de la amistad, sus luces y sombras.
    Si la literatura puede cumplir, junto a otras funciones, la esencial de ofrecernos una mirada crítica hacia el mundo, en esta novela la autora pone a nuestra disposición un auténtico caleidoscopio social y cultural, un fragmento vivo y lleno de matices del mundo contemporáneo. Con ironía, próxima al humor a veces, otras a la causticidad más cruel, y con un lenguaje directo, preciso y envolvente, la autora sitúa al lector ante sus contradicciones y ante sus deseos y fracasos, también ante sus fantasías e insatisfacciones. En su primera novela, El pulso de la desmesura –según la crítica, “una obra audaz y arriesgada”— Amelia Pérez de Villar se enfrentaba al eterno y nunca resuelto problema de nuestra identidad personal y de la propia imagen; ahora, en Mi vida sin microondas, se asoma al costumbrismo de un modo sutil, que bebe en las fuentes de nuestra mejor narrativa contemporánea y agita nuestras conciencias con eficacia y con una mirada insatisfecha y cómplice a la vez.
    Una narración moderna, dinámica y profundamente enraizada en las preocupaciones del presente. Una ventana a la cotidianidad del siglo XXI. En Madrid. En uno de sus barrios.

    «No estamos, sin embargo, ante una novela amarga, ni ante una narración meramente costumbrista, por más que aborde asuntos muy actuales, como la precariedad laboral en la que se mueve Clara y su ir a todo correr para cumplir con sus cometidos. Entre otros aciertos, Amelia Pérez de Villar maneja la ironía y el humor en sus justos términos y huye de la grandilocuencia. Es un retrato no solo de Clara, narradora de la historia en primera persona, sino asimismo del barrio, verdadero microcosmo, de las gentes que lo pueblan, de su devenir cotidiano. Mi vida sin microondas es un caleidoscopio rico, vivo, y de más que amena lectura.»
    Carmen R. Santos, Revista Epicuro
  • Fórcola Edicionesagregó un libro a la estanteríaFórcola Edicionesel año pasado
    Rosa es una historiadora treintañera que recibe el encargo de escribir la biografía de un personaje de segundo orden de la Transición española, Jaime Monasterio, padre de su amiga Paloma, cuyas memorias le facilita ésta. Rosa descubrirá que su rutinaria tarea es un pretexto para ayudar a la desarticulación de una célula de agentes durmientes al servicio del espionaje ruso, surgida entre las amistades del padre de su amiga.

    La historiadora, convertida en informante del servicio secreto, descubrirá que un mundo sin traiciones es un escenario sin cambios como lee en las fascinantes memorias de Jaime Monasterio, donde no faltan menciones a Ramón Serrano Súñer, Benito Mussolini, Alessandro Pavolini, Dionisio Ridruejo, Edgar Neville, el rey Faruk de Egipto, José María de Areilza o Adolfo Suárez. Por su parte, en su cometido Rosa comprenderá que vive en un estado de hibernación, personal y laboral. A diferencia de los espías de la red que tiene que descubrir, ella lleva una vida rota, hecha de relaciones con hombres equivocados, carencias familiares y trabajos eventuales, en una soledad donde ni siquiera puede aspirar a la categoría de bella durmiente, a la espera del amor que la despierte.

    La lectura de las memorias de Jaime Monasterio y la reconstrucción de su biografía llevarán a Rosa a recorrer la historia de España e Italia desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy en día, a través de un periplo personal lleno de sorpresas. Las lealtades por las que luchó de joven no servirán a Jaime Monasterio en la posguerra; desengañado y resentido, hará de la traición un arma frente a los poderosos del momento y de la infidelidad una forma de vida, en aquellos años de la dolce vita y de la Transición española, donde confraternizará con estafadores, aristócratas, políticos, actrices, falsos profetas y mafiosos.

    “Los durmientes” es una apuesta de Fórcola, en su colección de narrativa, y es un modo de mirar la Transición desde un prisma de complejidad: hubo en ella extraña fauna, paradójicas actitudes y quizá, también, un intento de redención. Jaime Monasterio perteneció a ella.”
    Antón Castro, Heraldo de Aragón
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