Amélie Nothomb

El sabotaje amoroso

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    Marisol Cidcompartió una citahace 3 meses
    Una larga ausencia siempre tiene por efecto ennoblecer y excluir.
    Marisol Cidcompartió una citahace 3 meses
    No podía saber que ella y yo pertenecíamos a dos especies diferentes. Elena pertenecía al grupo de los que aman más cuando les machacan en frío. Yo era lo contrario: cuanto más me sentía amada, más amaba.
    Marisol Cidcompartió una citahace 3 meses
    la guerra servía para saciar la agresividad segregada por la vida.
    Marisol Cidcompartió una citahace 4 meses
    lo hizo porque no tenía ninguna importancia. Ella no hablaba de cosas insignificantes.
    Marisol Cidcompartió una citahace 5 meses
    Lo descubrí todo al mismo tiempo: deslumbramiento, amor, altruismo y humillación.
    Marisol Cidcompartió una citahace 5 meses
    La libertad no se cuantificaba en metros cuadrados disponibles. La libertad consistía en estar por fin a merced de nosotros mismos.
    Marisol Cidcompartió una citahace 5 meses
    Con una sola mirada, uno percibía que amar a Elena sería al sufrimiento lo que Grévisse es a la gramática francesa: un clásico abucheado e indispensable.
    Marisol Cidcompartió una citahace 5 meses
    Aquella aserción era a la vez hermosa, simple, poética y algo decepcionante, como todas las grandes verdades.
    Marisol Cidcompartió una citahace 5 meses
    en este mundo, nadie es indispensable salvo el enemigo.
    Marisol Cidcompartió una citahace 5 meses
    En el interior de mi cabeza, las ideas juegan a la rayuela.
    Añita Piñacompartió una citahace 6 meses
    A veces ocurre que el orgullo nos hace perder el sentido de la dignidad. Si a eso se le añade un amor loco y escarnecido, la debacle puede adquirir proporciones terribles.
    Añita Piñacompartió una citahace 6 meses
    Así pues, en aquel mes de marzo de 1975 supe inmediatamente que me estaba equivocando. Y como tenía bastante fe para ser una auténtica imbécil, es decir para tener sentido del honor, opté por venirme abajo:
    —Ahora ya no fingiré. O quizás vuelva a empezar, pero entonces sabrás que estoy fingiendo.
    Ahí estaba yendo demasiado lejos.
    Elena debió de pensar que, llegados a aquel nivel de exageración, la cosa ya no resultaba divertida. Con una indiferencia aplastante, pronunció las palabras que su mirada confirmaba:
    —Es todo lo que deseaba saber.
    Añita Piñacompartió una citahace 6 meses
    cuanto menos concebido está un rostro para la dulzura, más desconcertante resulta su dulzura
    Añita Piñacompartió una citahace 6 meses
    Por debilidad, acabé confesándolo todo. Quería que por lo menos una persona estuviera al corriente de mi hazaña. Aceptaba morir de amor, pero era necesario que aquello se supiera.
    Entonces mi madre se enfrascó en una explicación de las leyes del universo. Dijo que, en este mundo, había personas muy malas y, en efecto, muy seductoras. Afirmaba que, si quería ser amada por alguna de ellas, sólo existía una solución: yo también tenía que portarme como una malvada con ella.
    Añita Piñacompartió una citahace 6 meses
    Tú, Elena, eras la hermosa, la lenta, quizás porque tú eras la única que podía permitírselo. Tú, que siempre caminabas a cámara lenta, como para permitir que te admirásemos durante más tiempo, me habías, no hay duda de que sin tú saberlo, ordenado que fuera yo misma, es decir, no ser nada más que mi velocidad, alelada, ebrio bólido a la carrera.
    Añita Piñacompartió una citahace 6 meses
    Subyugada, me marché de nuevo.
    Trance. Corría. Una voz monologaba dentro de mi cabeza: «¿Quieres que cometa sabotaje conmigo misma? Es maravilloso. Es digno de ti y digno de mí. Verás hasta dónde vamos a llegar.»
    Sabotear era un verbo que me venía que ni pintado. No tenía ninguna noción de etimología pero «sabotear» me sonaba a casco de caballo[4], y los cascos eran los pies de mi caballo, eran, pues, mis auténticos pies. Elena deseaba que me saboteara para ella: eso equivalía a desear que aplastara mi ser bajo aquel galope. Y corría pensando que el suelo era mi cuerpo y que lo pisoteaba para obedecer a la hermosa y que lo apisonaría hasta su agonía. Sonreía ante aquella magnífica perspectiva y aceleraba mi sabotaje aumentando la velocidad.
    Añita Piñacompartió una citahace 6 meses
    Elena nunca me había resultado accesible. Y desde la llegada de Fabrice, me rehuía cada vez más.
    Añita Piñacompartió una citahace 6 meses
    Que una enorme parte de envidia y de mala fe se mezclara con mi indignación no contradice el fondo de la cuestión: me sentía asqueada por el hecho de que pusieran por las nubes una historia en la que los buenos sentimientos hacían las veces de imaginación.
    Desde aquel día, decreté que la literatura era un mundo podrido.
    Añita Piñacompartió una citahace 6 meses
    Mi bienamada había elegido el poder: me avergonzaba de ella.
    Por un extraño mecanismo, aquello sólo me hizo amarla todavía más.
    Añita Piñacompartió una citahace 6 meses
    Hasta la edad de catorce años, me gustaban las mujeres. Me gustaban los ridículos, pero pensaba que estar enamorado de algo que no fuera una niña carecía de todo sentido.
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