Teresa De La Parra

Ifigenia

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Cuando Teresa de la Parra publicó esta primera y gran novela, Ifigenia, estaba muy lejos de sospechar que esa obra la iba a convertir en la escritora más importante que ha dado al mundo Venezuela, y en una de las autoras más relevantes del pasado siglo en lengua castellana.
Ifigenia fue un título puesto in extremis, justo antes de que la novela se publicara. Inicialmente Teresa de la Parra la había titulado Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba. Y ese fastidio, ese aburrimiento era el de una joven educada en París que de regreso a su tierra natal, Venezuela, topa con una sociedad que no le permitía expresar sus ideas ni elegir su destino.
La crítica ha señalado en Ifigenia dos niveles, perfectamente complementarios: de una parte, ofrece una dura crítica de la sociedad de su tiempo, crítica que la indispuso con el entonces dictador venezolano Juan Vicente Gómez, lo que la llevó a regresar a España, donde había cursado estudios; de otra parte, Ifigenia es un relato intimista, impregnado de humor y de melancolía, que como señaló Arturo Úslar Pietri, sólo podía escribirlo una mujer («Libro mujer: atractivo, oscuro, turbador», escribió Arturo Úslar Pietri en un ensayo). Un relato ágil, lleno de ritmo, plagado de ensoñaciones y anhelos, de decepciones y esperanzas.
Este libro no está disponible por el momento.
576 páginas impresas

Opiniones

    Julián F. Molinacompartió su opiniónel año pasado
    👍Me gustó
    🎯Justo en el blanco
    🐼Adorable

    María Eugenia Alonso es una gran protagonista, tiene una mente sagaz y ansiosa, ágil y moderna para su tiempo, incluso cuando se entrega del destino fatal de su pobreza. La prosa de Teresa de la Parra permite sentir tan intensamente como ella siente.

Citas

    Lauracompartió una citael año pasado
    lloro nunca a pesar de que tendría razones para llorar a mares. Tal vez porque siempre me ha escoltado la tristeza, es por lo que he aprendido a escondérsela a todos
    Samuel Calzadillacompartió una citael año pasado
    Pero de lo contrario… ¿crees tú, tío Pancho, que yo agradecería mucho que me pagaran un vestido de raso, como el que tenía puesto antier tía Clara, todo verdoso, y con el talle, allá, en las narices? ¡Ah! ¡no, no, no no! No lo agradecería nada, al revés; si estuviera obligada a ponérmelo, maldeciría con toda mi alma la mano que me lo hubiera
    Julián F. Molinacompartió una citahace 2 años
    te escribo porque no puedo callarme más tiempo, y porque como te he dicho ya, he descubierto últimamente que esto de vivir tapiada siendo tan bonita como soy, lejos de ser humillante y vulgar parece por el contrario cosa de romance o leyenda de princesa cautiva.
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