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Libros
Pilar Adón

Eterno amor

  • Cristian David Hernandez Chavescompartió una citahace 3 años
    Cuando me explicaba que todo en la vida suponía un cambio. Que las familias cambiaban, los cuerpos cambiaban. Se transformaban los animales y las sombras de los árboles, más prolongadas, más reducidas. Las hormigas aparecían y desaparecían. Cuando me aseguraba que el amor resultaba imposible entre los seres humanos, igual que resultaba irrealizable la comunicación auténtica, que solo era factible con el hacedor del universo. Cuando yo quería dejar de pensar y de especular, y no darme más consejos ni más lecciones porque cada recomendación cargada de condescendencia, cada acto de pretendida bondad para conmigo misma, tenía el efecto de una lanza arrojada contra mi propio esternón.
  • Cristian David Hernandez Chavescompartió una citahace 3 años
    Ese chico y yo habíamos pasado semanas juntos. Tratándonos como dos animales que se olfatean y se rastrean. Se buscan y se tientan. Y ahora descubría que no era uno. Que nunca había sido uno. ¿Me había estado escribiendo con los dos? ¿Había estado charlando con dos personas distintas sin darme cuenta? Su salto se me antojó eterno e imposible. Llevaban unos pantalones de color oscuro y unas camisetas de manga corta. Eran fuertes. Y estaban descalzos. Recordé nuestras conversaciones acerca de la armonía y la belleza.
  • Cristian David Hernandez Chavescompartió una citahace 3 años
    Ese chico y yo habíamos pasado semanas juntos. Tratándonos como dos animales que se olfatean y se rastrean. Se buscan y se tientan. Y ahora descubría que no era uno. Que nunca había sido uno. ¿Me había estado escribiendo con los dos? ¿Había estado charlando con dos personas distintas sin darme cuenta? Su salto se me antojó eterno e imposible. Llevaban unos pantalones de color oscuro y unas camisetas de manga corta. Eran fuertes. Y estaban descalzos. Recordé nuestras conversaciones acerca de la armonía y la belleza.
  • Cristian David Hernandez Chavescompartió una citahace 3 años
    —Dios también reside en la naturaleza —dijo la madre Sandra—. Y como bien nos muestra la hermana Lucía, el arte puede estar muy vinculado a la naturaleza.

    —No siempre es así. Y cuando no es así, falta Dios.

    —El amarillo es el color de la sabiduría divina —respondió la hermana aludida—. El rojo, el de la pasión de Cristo. El blanco, en cambio, simboliza la pureza de Dios.
  • Cristian David Hernandez Chavescompartió una citahace 3 años
    Nadie sabía lo que estaba ocurriendo entre los dos. Nadie iba a ayudarme. Por entonces yo ya era consciente de lo importante que resultaba llevar a cabo una reparación continuada de corazas y membranas. La membrana de la dulzura. La de la sencillez. La de la ingenuidad. La de la perspectiva de un futuro diferente al pasado propio y al futuro de los demás. Reparar las membranas de la inocencia. Las que se van resecando al comprobar que todas las vidas son iguales y que todas las vidas dejan de ser nuevas y relucientes para empezar a deshacerse, en parte o por completo, con el paso de los días y la superación de etapas y creencias. De camino a la disolución. Cuando no es el espíritu lo que se marchita, es una pierna que empieza a doler o un hombro que se niega a girar con la agilidad de antes. Un nuevo sofoco. Una rotura. Una nueva herida. Y la rotundidad con que la afabilidad se despide para siempre. Con cada pequeña traición, con cada pequeño engaño. Imposible la moderación e imposible la paz.
  • Cristian David Hernandez Chavescompartió una citahace 3 años
    —Soy su superior y le estoy dando una orden. Cúmplala. De lo contrario, se estará resistiendo a mi autoridad y tendrá que hacer frente a las consecuencias.

    Las consecuencias.

    No defraudar a nadie, no equivocarme. Siempre lo mismo: esa necesidad vital de no contrariar a quienes consideraba seres excelentes y únicos, como no quería contrariar a la mujer que me había dado una cama en su casa, tres platos al día en su mesa y la oportunidad de curar a Lemuel, averiguar por qué se obligaba al encierro, por qué se hacía daño. No decepcionar a nadie. Buscar el equilibrio y la proporción. La concordia. Sin embargo, iba a desobedecer a Evans. Con una disposición a la indisciplina que me sorprendió. Iba a defender la privacidad de Lemuel a toda costa, aunque el propio Lemuel no lo apreciara, porque de repente amaba a Lemuel como hacía tiempo que no amaba a nadie. Como nunca había amado a nadie.

    Dejé el ordenador en el suelo y me alcé ante Evans.

    Quizá se tratara del comportamiento irracional del que me había hablado la madre Sandra cuando me aseguró que lo salvaje seguía vivo en nosotros.

    —Me va a disculpar, pero tengo que preguntárselo antes a la madre.
  • Cristian David Hernandez Chavescompartió una citahace 3 años
    —Intentamos construirles un buen interior para que puedan recurrir a él cuando lo necesiten. Así nunca se sentirán solos. Confiamos en su intuición y en su capacidad de cambio. La libertad de la mente es lo más importante. Si tenemos una mente esclava, seremos esclavos siempre.

    —A estos chicos no hay que leerles poemas ni venirles con filosofías baratas. Hay que grabarles en la frente un par de preceptos del Levítico.

    La madre Sandra no respondió.
  • Cristian David Hernandez Chavescompartió una citahace 3 años
    —No veo qué tiene de privado comer —dijo él.

    —Para nosotras lo es.

    —Comer es un acto público, señora. Una de las maneras más antiguas de establecer una relación social, amistosa o económica. Las fiestas se celebran con grandes comidas. Los recién casados agasajan a sus familiares y a sus amigos con un banquete. Incluso en los velatorios se da de comer a la gente. Se trata de un acto perfectamente público.

    —Pero no nos está preguntando si comemos o no comemos. Es evidente que comemos. Lo puede comprobar usted mismo en este instante. Lo que nos pregunta es por qué hemos tomado una decisión sobre lo que comemos, y eso es algo privado.

    —Está claro que no todo debe revelarse a todos. Me parece justo —dijo él—. Supongo que lo que ocurre es que no sabe qué responderme. Pero da lo mismo. ¿Y lo de los vestidos? ¿A qué se debe que lleven esos vestidos?
  • Cristian David Hernandez Chavescompartió una citahace 3 años
    —¿Qué pureza? —pregunté yo. Y me arrepentí al instante.

    Afortunadamente, el hermano Evans estaba demasiado ocupado con su carne y su jarra de vino, y no me miró. No pudo advertir la violencia púrpura que se me asentó en la cara.

    —La pureza.

    —¿Qué forma de pureza diría usted que le interesaba a Pitágoras? —insistió la madre Sandra—. ¿La que deriva de la castidad? ¿O la que tiene que ver con lo exacto? ¿O con lo estricto? La pureza puede referirse a muchas cosas. Lo que está libre de imperfecciones. Lo que no tiene contaminación de otros elementos. Lo irreprochable. Esta mesa está hecha de una madera sin tratar. Roble macizo. No verá un solo clavo en ella. ¿Podríamos decir que esta mesa es pura?

    —Purísima —dijo Evans.

    La madre Sandra puso el cuchillo sobre el plato, a un lado, y se limpió los labios con una esquina de la servilleta para volver a dejarla sobre las piernas, con enorme cuidado, colocándola como estaba antes. Estiró la espalda y posó los ojos sobre cada una de nosotras, que la observábamos con una atención que variaba según de quién se tratara. Con curiosidad, algunas. Con desinterés, otras. Muy seria, yo. Ella parecía analizar nuestros gestos y nosotras la mirábamos a ella, sin excepción. De una manera más vigilante o más descuidada.
  • Cristian David Hernandez Chavescompartió una citahace 3 años
    —Cuando llegamos a esta casa —le explicó la madre Sandra—, la encontramos caída. En ruinas. Había nidos en las habitaciones y se empapaba todo cada vez que llovía. Las tejas estaban rotas.

    —¿Y la arreglaron ustedes solas? ¿Sin hombres?

    Ella no le miró. Ni siquiera se volvió hacia él.

    —Espero que tenga ocasión de comprobar que, de alguna manera, aquí resulta bastante sencillo llevar a la práctica ciertas teorías que tienen que ver con la consecución de la calma, el control de lo espiritual y de lo físico. Un cierto nivel de beatitud. Una fortaleza fabulosa. Como un castillo.

    —La fortaleza, señora mía, una de las cuatro virtudes cardinales, consiste en vencer el miedo y huir de la temeridad.

    —Lo sé.

    —Pues hagamos un uso preciso del lenguaje. Distingamos fuerza de fortaleza. Fortaleza de fuerza.
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