Un personaje que no va más allá del buen deseo de ser un acomedido y dudoso escritor; al final de una rara noche, se siente impelido a tomar nota de su sueño; ya que este no fue cualquier sueño, sino uno de esos que él denomina –visión— título asignado cuando estos fenómenos, traspasan la corteza parietal de su cerebro; despertándolo agobiado y estertoroso. Y no es que antes no haya soñado visiones (que no fueron pocas); pero no con la fuerza espectacular de esta –visión— suceso vertiginoso con signos mortuorios sin dudas que no logra sacarlos de la cabeza, obligándolo a revisar hasta el último resquicio de su entera vida, sin importar lo tétrico lo voluble lo marginal hasta lo cretino e infame de sus actos (condenables probablemente) y, dicha investigación; concuerda el hombre, será la más honesta narrativa a compartir con propias y ajenas personas.